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(Opinión) China y su larga factura. Por Wilson Gallardo

Por Punto de Corte
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Wilson Gallardo
Caracas, 8 de abril de 2020.
Por: Wilson Gallardo*
@wgallardo69

El sistema mundial regido por los valores y paradigmas de la globalización ha entrado en crisis en medio de esta pandemia.

La interconexión masiva a través de los medios de comunicación; el libre flujo de inversiones y mercancías; la planetización de la economía expresada en una movilidad espectacular de productos, servicios y unidades de producción donde las barreras y las fronteras cada vez son más difusas; la producción localizada en países con menores costos de producción; la inversión totalmente móvil a corto plazo; interdependencia de las economías de los países; todo ello es sinónimo de la globalización y quizá no desaparezca, pero los términos de relación van a cambiar dramáticamente en el corto plazo.

Uno de los actores principales del escenario mundial, China, guardó información sensible a los países sobre el brote de un virus altamente contagioso y se ha desatado un pandemia global de consecuencias múltiples y de final abierto, que aún nadie ha dicho cómo terminará. A la fecha, ya van más de 73 mil muertos a nivel mundial y más de 1.300.000 contagiados.

La producción industrial en China disminuyó por primera vez desde 1990, así como las ventas al por menor. En Estados Unidos se proyecta una contracción del PIB del 6% en el 1er trimestre del año, una tasa de desempleo del 7% y desplome del consumo superior al 10%; las peores cifras desde la Segunda Guerra Mundial. En Europa la situación no es menos dramática; el FMI plantea que por cada mes de confinamiento el PIB se contraerá 3%; pudiendo ser peor en los casos de España e Italia. En América Latina las proyecciones asustan; la contracción del PIB puede aumentar el desempleo en 10 puntos porcentuales, lo cual se traduce en un potencial de 35% de desempleo, según cifras de la CEPAL, agravado porque parte de la economía de los países se basa en la exportación de materias primas. Las Bolsas de Valores se han hundido en todos los países, pulverizando miles de millones de dólares del valor de mercado de empresas, monedas y riqueza. En el caso de Venezuela, la contracción pudiera estar por el orden del 20% del PIB e inflación de 10000%

Todo ello producto del cierre de fábricas, tiendas y a la débil demanda. Al quedarse la gente en casa disminuye su consumo; lo cual se agrava por el desempleo que deja a las familias con menos ingresos.

Existen 2 escenarios; el primero, que se logre controlar la pandemia a muy corto plazo y la economía evolucione hacia una pronta recuperación; el segundo, que las medidas restrictivas tomadas por los países para evitar el contagio se alarguen en el tiempo y las empresas se mantengan cerradas, así como escuelas, universidades, servicios públicos, entre otros; esto sería catastrófico para la economía pero se evitan mayores contagios. Cientos de miles de vidas perdidas es una tragedia, pero también lo es parar la economía mundial. Se afectaría doblemente, por el lado de la oferta y la demanda. Por la oferta, porque millones de empresas se verán forzadas a dejar de producir bienes y servicios indispensables para la economía mundial, no habría suficiente producción primaria de alimentos con la consiguiente ruptura de la cadena en los eslabones de agroindustria, comercialización, transporte y comercio internacional; por lo que se dejarán de pagar impuestos y ello repercutirá en las finanzas públicas. Por el lado de la demanda, las empresas no podrán resistir seguir pagando salarios a trabajadores que no están en sus puestos, tendrán que despedirlos, aumentará el desempleo, con ello caerá dramáticamente el consumo; los ciudadanos al consumir menos pagarían menos impuestos y ello también implicaría una seria reducción en la captación de impuestos por parte de los gobiernos. Los pilares de la economía, producción y consumo se irían al barranco. Economía y gobiernos arruinados y ciudadanos sin empleos. El coctel perfecto para que las naciones comiencen a sufrir serios procesos de desestabilización e ingobernabilidad. Ahora bien ¿quién pagará por todo este desastre global o, en otras palabras, quién será señalado como responsable?

China depende mucho de la demanda mundial al ser el principal exportador de bienes; si la economía mundial se viene al piso entonces la economía china rodará cuesta abajo, porque aún no logra tener una demanda interna robusta que suplante las exportaciones.

Ya sea porque premeditadamente los líderes chinos provocaron esta crisis o porque simplemente la naturaleza le jugó una mala pasada a la humanidad; lo cierto es que los gobernantes chinos encubrieron información extremadamente sensible sobre el virus que los afectaba y se propagó por todas las naciones. Producto de ello, se ha desatado una pandemia con inmensos costos sociales y la economía mundial ha entrado en recesión. Actualmente, las naciones se están enfocando en enfrentar el COVID-19 y sus impactos en los sistemas de salud, seguridad social, investigación y desarrollo para la búsqueda de una vacuna y tratamientos.

¿Qué pasará luego? No creo que el mundo vuelva a ser igual. Los países ya no volverán a ver a China como un socio confiable después que los empujó a la ruina y miles murieron o quedaron con serias secuelas de salud. El mundo volverá a serias políticas proteccionistas; los países seguramente traerán sus fábricas de regreso a casa y suprimirán parte de la producción que tenían en China. Cada país tendrá muchas facturas que cobrarle al gigante asiático. Probablemente no serán reclamadas en tribunales; la diplomacia y las guerras comerciales se encargarán de ello, generando un reacomodo en la manera como el mundo se había relacionado hasta ahora.   

(*) Doctor en Ciencia Política

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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