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(Opinión) Cinismo al ecuador. Por Enrique Ochoa Antich

Por Enrique Ochoa Antich
Enrique Ochoa Antich - del por ahora

Caracas, 14 de octubre de 2019.

Por: Enrique Ochoa Antich *

@eochoa_antich

La política no es necesariamente el ejercicio de una verdad compulsiva. Comprendo que entre sus habilidades y destrezas, ésas en las que algunos no somos duchos, se encuentran la prudencia, el recato, a veces el silencio, y el sentido de la oportunidad. Es decir, el cómo y no sólo el qué de las cosas. Con modo todo se puede, nos enseñó Petkoff en el MAS de los años ’70, a partir de una carta de Bolivar a Santander. Pero ciertamente, todo tiene un límite. Es cuando, por ejemplo, la prudencia se vuelve cobardía, el recato inacción, el silencio complicidad, y el sentido de la oportunidad se transforma en ramplón oportunismo. La astucia bien administrada puede ser, en la política como tal vez en cualquier otro oficio, una virtud, pero llevada a sus extremos, cuando se relajan sus escrúpulos, puede trastocarse en cinismo.

Por esta comarca, pareciera como si el cinismo hubiese sido elevado a política de Estado, por unos y por otros. Muy lejos de Sócrates, Antístenes o Diógenes, en la política vernácula el cínico es, acogiéndonos al DRAE, ése que miente con desvergüenza, que defiende acciones o doctrinas vituperables, impúdico, obceno, descarado. Y aún más: el que mira la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio; el que se mide con vara diferente frente a los demás. Por ello, vulnera esa principalísima norma de la ética que es la de estar en capacidad de ponerse en el lugar del otro y respetar sus derechos como si fuesen los propios.

Ejemplos hay por estos predios como para borronear cuadernos enteros. Pero uno es notable: el de los golpes de Estado. Aquí unos critican y otros hasta conmemoran con desfiles el alzamiento militar del 4F contra un presidente constitucionalmente electo, y de seguidas, con pétrea cara, los que lo critican celebran el 11A y la penosa ridiculez del 30A (y se lamentan de que no hubiesen tenido éxito) mientras los otros, que encomian el del ’92, los condenan como acción organizada por la burguesía, el imperio y todas las fuerzas malévolas del universo mundo. ¿No será que un golpe de Estado es condenable siempre, sea de izquierda o de derecha?

Pero los sucesos al ecuador del continente, las protestas indígenas sobre Quito, han puesto al desnudo como nunca a nuestros cínicos. A ver.

Aquéllos en el gobierno alaban lo que califican como una insurrección popular contra el paquete neoliberal y piden elecciones presidenciales anticipadas para desalojar del poder al presidente traidor Lenín Moreno. Curiosamente, ésos son los que aquí califican las protestas venezolanas que piden elecciones presidenciales anticipadas como parte de un golpe de Estado maquinado en Washington. Las clamorosas multitudes caraqueñas del 11A o del 23E no tienen para ellos categoría de pueblo.

Curiosamente, como un reflejo especular (es decir, como la imagen en el espejo: igual pero al revés), quienes desde la oposición aquí piden elecciones presidenciales anticipadas y sin ellas no son capaces de llegar a acuerdo alguno, y promueven y financian por nuestras calles guarimbas violentas, y animan las sanciones de EEUU y hasta una intervención militar extranjera gringo-colombo-brasileña, son los mismos que al hablar de Ecuador aseguran que las protestas indígenas (algo tan profundo y cultural) son organizadas por Correa desde ¡Barquisimeto! y financiadas por Castro y Maduro, y acusan a quienes piden elecciones presidenciales anticipadas allá como golpistas.

Si en Quito mueren 7 manifestantes víctimas de la represión policial y militar, los del gobierno claman al cielo por una salvaje y masiva violación a los derechos humanos, no importa que aquí la represión de militares y policías a las guarimbas haya provocado la muerte de centenares. Pero los que aquí condenan con razón estas muertes, no dicen palabra frente a aquéllas. Por cierto, a nuestros oposicionistas les cuesta trabajo admitir que tanto en 2014 como en 2017, las víctimas se repartieron 50/50 y 60/40 respectivamente para lado y lado. Cuando procuran apropiarse de todas ellas, en un acto de ignominia difícilmente superable, unos y otros muestran esa faz cínica que comentamos.

Y un último cinismo: está bien o mal, según la perspectiva, que se clausure a Telesur por aquellas cumbres andinas, como mal o bien está que aquí se haga lo propio con CNN.

Y así, ad infinitum.

Alguna vez llegará la hora de la verdad, cuando nuestros políticos digan lo que piensan y hagan lo que dicen, sin simulaciones, sin farsas grotescas. Alguna vez nuestros políticos se respetarán entre sí y respetarán al pueblo al que se deben, predicando con el ejemplo su compromiso con la tolerancia democrática. Entonces, la política adquirirá la alta estatura que debe tener como oficio del bien común.

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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