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(Opinión) Cómo reírse de la carne de cañón. Por Luis Aristimuño

Por Punto de Corte
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carne de cañon - milicianos

Caracas, 21 de febrero de 2020.

Estoy muy lejos de burlarme de los ejercicios militares de Maduro. Dicho de otra manera, no los creo espasmos finales o socarronerías del pranato. Por el contrario, estoy convencido de que son un serio y medido esfuerzo para meterle miedo a la población: por un lado acercarlos a una visualización de la guerra y, al mismo tiempo, hacerles saber que, como ha dicho Cabello, sus contrarios serán los primeros objetivos, siguiendo el lema inscrito en las puertas de los cuarteles: “El traidor será tratado como enemigo”.

No; Maduro y sus ejercicios militares no me producen risa. Más bien una sensación muy difícil de procesar por el humano intelecto y, por ende, producen eso que llaman confusión en el cuerpo, que entonces no sabe si reír o llorar. Porque, ¿qué reacción tener al encontramos en la acera de una céntrica avenida una garita/trinchera hecha con sacos militares llenos de arena que se nos vende como una defensa anti área y donde, con el correr de los días, queda a cargo de unos milicianos que “martillan” a todo el que pasa para comprar algo de comer? ¿Se carcajea uno? ¿O arranca a llanto pelado a lamentarse de la enormidad del asunto?

Dígame Usted, sinceramente, amable lector, ¿qué sentimientos pueden aflorar al ver un video donde se nos presenta a un “comando popular” practicando el resguardo del espacio aéreo de la patria y donde el encargado de la vigilancia, un tipo que pestaña como un cura loco, mira hacia arriba para ver si viene un avión y, al verlo, le pasa la voz al encargado de la bazooka –¿de juguete?—que se encargará de abatir a los F35 de los gringos, un avión que se mueve a Mach 1,6? Si Usted vio este video, ¿le dieron ganas de llorar o más bien de carcajearse por horas?

Y es que allí está lo bizarro del asunto: las ganas de reírse y de llorar se apoderan de uno al mismo tiempo y, como es imposible expresarlas de manera simultánea, pareciera que se anulan.

De todas maneras no puede uno reírse de unas señoras que en realidad se han puesto el uniforme para poder comer y que, con los fusiles en su regazo, como panes que llevan a casa, posiblemente no estén de acuerdo con esa mojiganga de hacer el soldado que va a la guerra a defender a unos criminales, los que seguramente las pondrán en la vanguardia para ver si escurren el bulto por algún lado de la retaguardia.

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