Inicio Noticias Conozca a Laura: Luego de un año haciendo el “rural” con los pemones, no se quiere regresar a Caracas

Conozca a Laura: Luego de un año haciendo el “rural” con los pemones, no se quiere regresar a Caracas

Por Barbara Cordova
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Caracas, 05 de mayo de 2020. Laura Cubillán es una estudiante de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y desde que comenzó con su formación, quiso trabajar en comunidades indígenas.

Actualmente se encuentra en Canaima, estado Bolívar, a donde llegó para cumplir con un requisito académico, sin embargo, un año después de haberlo hecho, no quiere regresar a Caracas para seguir ayudando a los pemones.

Ir al estado Delta Amacuro con la etnia warao era uno de los atractivos que ofrecía la Escuela Vargas, así que desde primer año decidió que eso haría cuando llegara el momento: atender a los indígenas.

FOTOGRAFÍAS: ALBOR RODRÍGUEZ / ÁLBUM FAMILIAR / LA VIDA DE NOS

Pero en el año que podía hacer el “ruralito”, antes de pasar por el Aula Magna, cerraron la posibilidad de viajar al Delta. Terminó en el estado Sucre, ayudando y viendo pacientes en un pequeño hospital de la comunidad rural de El Pilar. Aprendió muchísimo, pero quedó con ganas de vivir la experiencia que más le interesaba.

Más tarde, con 25 años de edad, pudo llegar al Parque Nacional Canaima, en el estado Bolívar, gracias a la Fundación Maniapure, la encargada de los nexos entre los estudiantes de la UCV y los ambulatorios de estas regiones del país.

En esta organización, los entrevistan y los postulan como candidatos bajo su recomendación. Eso hicieron con Laura. Cada interesado debe viajar hasta Ciudad Bolívar para entregar los requisitos y es ahí donde surgen las trabas: ver si los aceptan, picar ojitos, usar un poco el poder de convencimiento con las secretarias para que reciban los documentos, escuchar “en Canaima no vas a poder, ya está ocupado”, cuando la realidad es otra. Tantas complicaciones por las que muchos terminan descartando la idea.

FOTO: LA VIDA DE NOS

Laura lo logró y finalmente pudo dedicarse a lo que tanto quería: trabajar con comunidades indígenas. El trabajo es infinito, no cree en horas libres ni días feriados. “Te saturas, eso es estar de guardia todo el día, todos los días. Como vives en el ambulatorio, te tocan la puerta a cada rato: estés de guardia, estés durmiendo, estés comiendo”, comenta Laura.

Son consultas, emergencias, resolver con lo poco que se tiene, mover cielo y tierra para las urgencias de cualquiera de sus 2 mil 261 habitantes.

Ha pasado más de un año desde que Laura pisó este Patrimonio de la Humanidad para hacer su rural. Lo hizo, lo terminó y todavía no se quiere ir. En todo el 2019, solo salió de Canaima para sus diligencias fuera del país. Hasta pasó la Navidad con los pemones.

Una y otra vez ha buscado la forma de permanecer aquí: pidió al decanato y al internado rotatorio de medicina que habilitaran unas pasantías para estudiantes del último año de la carrera, ofreciéndose a supervisarlos. Una de las doctoras que empezarían su año de rural se echó para atrás y para Laura fue otra excusa para estar otro rato porque no habría médicos suficientes. Ahora, con el cierre del espacio aéreo, quedó confinada en Canaima en medio de una pandemia global.

FOTO: LA VIDA DE NOS

Sin embargo, Laura afirma que si el COVID-19 llegara a esa comunidad, no sería nada fácil de asumir, porque a pesar de que el ambulatorio tiene más insumos que cualquier otro, gracias a las donaciones que ella y sus colegas han conseguido, carecen de los equipos de protección necesarios.

Es una comunidad con muchas mujeres embarazadas, niños desnutridos y una población importante de ancianos, los más vulnerables a una pandemia que ha acabado con la vida de más de 180 mil personas en el mundo.

Además, los pemones suelen estar juntos todo el tiempo. Por lo que, someterlos al aislamiento social, no sería una tarea fácil.

Ahora, Laura quiere trabajar en fundaciones, hacer voluntariado, estudiar un postgrado en pediatría porque ama los niños: los de su escuelita, los que la visitan en el ambulatorio, los que pintan con tiza junto a ella, los que hacen música en la orquesta.

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