Caracas, 9 de septiembre de 2019.

Por: Gustavo Hernández *

La espantosa situación que atravesamos los venezolanos afecta, sin ninguna duda, a todos los estamentos de nuestra sociedad. Los que aquí vivimos tenemos que lidiar con una cotidianidad bastante complicada: servicios públicos desastrosos, inseguridad, corrupción generalizada, alto costo de la vida, escasez de medicinas de todo tipo, y paremos de contar.

Sin embargo, a unos sectores de la sociedad la crisis los golpea con más dureza que a otros. Los jubilados, por ejemplo, si no tienen otra entrada, que es el caso de la gran mayoría, deben sobrevivir con 2 dólares al mes, una suma que solo alcanza para comprar algo así como medio pollo pequeño; cuando se lo cuentas, por wasap, ¡claro! a algún amigo extranjero, inmediatamente te acusa de exagerado, sencillamente no lo puede creer.

Es difícil imaginar un gobierno tan incompetente y tan insensible. Pero peor les va a los jóvenes. Es este sector el más afectado por la crisis, no solo porque la situación económica los ha dejado sin oportunidades de trabajo, sin acceso a una educación de calidad ( es harto conocida la dramática realidad que viven las universidades venezolanas sometidas por Maduro y su combo a un cerco presupuestario que ha traído como consecuencia un grado de precariedad que ya raya en la indigencia, lo que ha estimulado la deserción de decenas de miles de profesores y estudiantes ); sino porque, además, pareciera haber una política de Estado destinada a perseguir a los chicos; es así como autoridades policiales y militares no pueden ver a algún muchacho circulando en un vehículo , sea automóvil, moto o hasta en las unidades de transporte público, porque inmediatamente lo detienen.

Para empezar, lo requisan de una manera humillante, inaceptable en un país civilizado (¿acaso ya no lo somos?), en plena vía pública, delante de todos, y, en muchos casos, lo golpean. Esta situación es habitual también en centros comerciales, locales de diversión, de día y de noche, y hasta en lugares donde acuden a practicar actividades deportivas. El centro de recepción de denuncias del Movimiento Alternativa 1, recibe diariamente decenas de quejas sobre estos atropellos y, en especial, de “matraca” policial contra nuestros muchachos; casi todas estas denuncias son anónimas.

El comprensible miedo se impone en un país donde no hay Estado de Derecho. La violencia institucional contra amplios sectores de la juventud venezolana pareciera ser una política de Estado destinada a empujar a nuestros jóvenes fuera de las fronteras de la patria.

Según diversas fuentes, entre ellas ACNUR, más de cuatro millones de venezolanos han emigrado, de esos, la inmensa mayoría son jóvenes y casi todos le son incomodos al gobierno.

¿Es acaso esa la razón por la que nuestros jóvenes son perseguidos y maltratados? La oposición en su conjunto debe poner en marcha un plan nacional para defender a la juventud venezolana de tantos abusos. Esa es una tarea impostergable.

(*) Abogado, ex diputado al Parlamento Latinoamericano, dirigente de Alternativa 1.

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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