Caracas, 15 de agosto de 2018.

Por: Asunción Suniaga

@Asuniaga 

La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos (…). En la crisis nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias (…). La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y de los países es la pereza para encontrar la salida y las soluciones. Sin crisis no hay desafíos, no hay méritos, todo es una rutina (…). En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. 

Albert Einstein

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Al hablar de crisis debemos ubicarnos en un espacio y tiempo. Pues en cada contexto geográfico, en cada periodo, en cada época, hay momentos de crisis. En Latinoamérica, a pesar que existen diferentes matices sobre la generalidad de las crisis, podemos decir que los docentes estamos ante una crisis cognitiva, epistémica y paradigmática, por cuanto se exige sumisión, subordinación, consentimiento y hasta trabajo gratuito, lo cual limita la curiosidad, creatividad y la imaginación. De una u otra forma, hemos sido oprimidos, conformistas, apáticos por un sistema educativo que se ha convertido en monótono y estático.

Algunos docentes hacemos esfuerzos por resistir a los embates de las crisis. Unos logran aliarse, y obtienen grandes resultados. Otros educadores son aislados quedando sus iniciativas como meros aportes para la ciencia, que en muchos casos – valga el oxímoron – resultan pocos conocidos. Por lo anterior, queda claro que ante una crisis, lo primero que hay que hacer es investigar, para determinar qué podemos hacer desde nuestros espacios educativos para salir de ella. Posteriormente, tener creatividad para innovar, razón por la cual, son dos tareas fundamentales que no deben dejarse de un lado.

Para ello no necesitamos ser unos expertos, ni gastar dinero, ni tener grandes equipos o aparatos de última tecnología. Basta con tener la disposición de hacer pequeños cambios en nuestra rutina de clases, grandes dosis de creatividad, motivación, ímpetu y amor. Si no sabemos por donde comenzar, preguntémonos a nosotros mismos que podemos hacer en nuestras clases para que sean diferentes, sino podemos preguntar también a nuestros estudiantes, a nuestros colegas, a nuestros amigos, a otras personas.

Una de las formas, es través de la técnica del one minute paper, que consiste en hacer una o dos preguntas para contestar en un minuto de forma impersonal y con esa información podemos tomar sugerencias para hacer cambios en la rutina. Otra, puede ser indagando con nuestros colegas qué tipo de metodologías aplican en clases que procuren aprendizajes significativos, o que nos permitan acercarnos más hacia los estudiantes. Otra forma, es buscando ideas a través de la internet, bibliotecas, revistas, libros u otros medios. Asistir a seminarios, congresos, cursos, webinars, clases de nuestros colegas, charlas, cursos, talleres sobre el tema que tenemos interés.

La crisis educativa de nuestros tiempos no está en la ausencia de recursos sino en la ausencia de soluciones, en la capacidad de respuestas de nuestros directivos y de nosotros mismos, ante las situaciones que se nos presentan. Y esa capacidad todos las poseemos, pero debemos aprender a desarrollarla y aplicarla.

Finalmente, en momentos de crisis, los docentes debemos trascender el acto de enseñar, ser creativos, comprensivos, comprometidos, críticos y sensibles para que procuremos la emancipación del ser, esto implica tener una nueva actitud frente al conocimiento, porque como dice Paulo Freire: “Quien enseña aprende al enseñar y quien enseña, aprende a aprender”.

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