Caracas, 22 de marzo de 2018.-/ Este viernes Carola Hernández cumplirá dos meses encerrada y todavía no sabe por qué. La diseñadora se enteró, cinco días después de una detención arbitraria, que la vinculaban con Óscar Pérez, el piloto que se declaró en rebeldía contra el gobierno de Nicolás Maduro y que fue asesinado en enero en un polémico operativo de captura.

A Hernández la bajaron de su carro unos encapuchados un martes en la tarde cerca de Altamira. A sus dos acompañantes los tiraron al suelo pero no se los llevaron. Su familia pensó que la habían secuestrado y no fue sino dos días después que supieron de su paradero.

Fue cuando Carola pudo llamarlos y decirles que estaba presa en la sede del Dgcim, en Boleíta. Ese fue apenas la primera etapa de una serie de irregularidades que se han cometido en este proceso en su contra. Su historia fue mostrada esta semana por el portal Runrunes.

La diseñadora gráfica y empresaria tiene 12 años al frente de una compañía de organización de eventos. Fue acusada junto a otros dos civiles – el taxista Juan Carlos Urdaneta y el mecánico Joaldy Javier Deyon – y con ocho uniformados – el teniente Carlos Arias y siete primeros tenientes: Eduardo Amaya, Jhoander Ceiba, Alberto Maita, Simón Torres, Anderson Pérez, Gustavo Sandoval y Robert Escalona.

Seis semanas después de la detención de Hernández un tribunal militar ordenó que su privación de libertad, acusada por traición a la patria, rebelión militar y sustracción de artefactos pertenecientes a la Fuerza Armada Nacional (FAN). Está en Ramo Verde y la acusación la comparte con el resto del grupo, a quienes dice no conocer.

Su abogada, Lilia Camejo, indicó que la asociaron al robo de armas que Pérez llevó a cabo en un comando militar y denunció todas las irregularidades cometidas contra Hernández.

Los agentes que la apresaron nunca se identificaron, ni mostraron la orden de detención que ordenaba su arresto, la dejaron incomunicada durante días, nunca informaron sobre su paradero a su familia y violaron los lapsos de presentación ante las autoridades establecidos en el artículo 250 de la misma legislación. Al final, la acusaron sin tener indicios de su relación con el piloto rebelde.

Mientras espera su próxima audiencia, pautada para el 3 de abril en la esperanza de que se haga justicia, Carola se distrae decorando con telas el ambiente en donde los detenidos reciben a los niños que los visitan.

 

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