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(Opinión) El hombre – masa. Américo Martín

Por Punto de Corte
Que crezca la audiencia - Américo Martín

Caracas, 14 de octubre de 2019.

Por: Américo Martín

@AmericoMartin

Recuerdo en este momento cierta declaración de nuestro Arturo Uslar, a quien se reconoce universalmente como un hombre culto

–     ¿Culto yo? respondió. Ni por asomo. No sé nada de matemáticas, por ejemplo.

Personalmente creo que Uslar llegó en efecto a ser un intelectual culto si nos atenemos a lo que se entiende por tal en la actualidad. Uslar era un devoto de El Renacimiento. Era manifiesta su afición a aquella era del ser humano tan explosivamente creadora y plagada intelectuales y artistas  depositarios de casi todo el saber de la época, que no lo cultivaban únicamente por amor a la belleza. Probablemente el ilustre escritor partía de la idea que se tenía de lo que fuera una persona culta en El Renacimiento: la depositaria del saber de la época. Los grandes artistas de los siglos XIV, XV y XVI dominaron el saber no para impresionar a nadie, sino por necesidad. Miguel Ángel y Leonardo fueron escultores, arquitectos, pintores, estudiosos de la anatomía  y de la Física  Da Vinci estudió las ideas de Bien y Belleza en Platón y fue seducido por la cultura helénica clásica. De la escultura pasó Miguel Ángel a la pintura y a la arquitectura, en tanto que Da Vinci de la pintura a la arquitectura, las matemáticas, la geometría, el arte de la guerra, además de ser a justo título un inventor, lo cual le exigía altos conocimientos relacionados con la estructura y el movimiento de las cosas.

Ambos artistas recibieron permiso del Vaticano para conseguir cadáveres y practicarles operaciones que les permitieron densificar su formación en el conocimiento del cuerpo humano.

Maquiavelo, a su vez, pasó de la filosofía a la literatura y a la política, definida con una precisión que se ha mantenido durante siglos. La política es “arte y técnica (o ciencia)”. Los cultos de El Renacimiento resumían el saber total.

– Esos si era cultos, diría Uslar.

Si aún viviera, lo invitaría a volver sobre esas ideas. Porque  la profunda especialización, que no se detendrá mientras los insectos no terminen de heredar la Tierra, impide que algún humano  sepa todo. La especialización genera lo que Ortega y Gasset llamaba “hombre-masa” o “bárbaro moderno”: un especialista en su parcela del conocimiento, craso ignorante en las restantes.

Cuando se supo del Hombre Masa de Ortega, muchos –especialmente los que no leyeron la Rebelión de las Masas- se ofenderían si se les considerara “hombre masa” o “bárbaro moderno”. Y resulta que en principio todos lo somos, con la diferencia de que no pocos intentan superar los estrechas límites de su conocimiento especializado. Son los cultos de nuestro tiempo.

Malo es pretender saber más de lo que saben y prodigarse en insultos contra la flexibilidad política de los que se han especializado en el área o ejercen funciones de dirección que los obligan a no despachar a la ligera lo que dirigentes políticos –equivocados o no- postulan, con la responsabilidad exigida por su oficio.

Peor es atarse a formulaciones excluyentes para tachar de traidores o vendidos a quienes se aventuren a disentir. Se entrevé sin embargo cierto progreso. Parece avanzarse del simplismo a la flexibilidad y de la división a  una amplia unidad sin exclusiones.

El bárbaro moderno no será lo que ese nombre sugiere pues en puridad todos en cierta forma lo seríamos, pero que por no admitirlo pretendan pontificar en áreas desconocidas imponiendo rotundidades hostiles, es la asignatura que deben revisar, ojalá con la gracia de la Reina Victoria:

-Lo bueno, si rápido, dos veces bueno   

* Escritor y abogado

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.


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