Artículo escrito en exclusiva para PuntodeCorte.com

Por: Javier Vivas Santana

@jvivassantana

El incendio de quizás una de las representaciones más emblemáticas del cristianismo en Europa como la Catedral de Notre Dame, más allá de las consideraciones oficiales que pudieran generarse ante la destrucción de casi siete siglos de historia del cristianismo, lo cierto es que ese evento ocurre justo cuando en Francia, sede de tal espacio religioso, se llevan a cabo una serie de violentas protestas que se han originado por unos autodenominados “chalecos amarillos”, quienes comenzaron sus manifestaciones ante un posible aumento en los precios de la gasolina, y que posteriormente se han multiplicado por diversas razones, todas ellas, casualmente contra el líder derechista y presidente de país galo, Emmanuel Macron.

O sea, que aunque las primeras hipótesis pudieran apuntalar la tesis de que hubo un accidente en los sitios que estaban remodelando de esa Catedral, y que tal evento habría desatado el brutal incendio contra ese templo símbolo del cristianismo ¿Habría que descartar que no hubo intencionalidad en el origen de ese incendio por factores políticos? De hecho, resulta muy sospechoso que en un país como Francia, fallen los protocolos de seguridad industrial de manera tan errática, al punto que ni siquiera se haya podido ver un extintor cercano a los espacios en que originó semejante tragedia. Es más, ¿quién pudiera negar que factores vinculados con los llamados “chalecos amarillos” no hayan tenido ninguna planificación en este incendio, máxime cuando se han visto imágenes de destrucción por esos grupos vandálicos sobre sitios públicos y de interés ciudadano? ¿Podrán acaso negar las autoridades galas que esos “chalecos amarillos” no han mostrado entre sus posiciones, claras tendencia de rechazo a las ideas religiosas?

Ahora bien, independientemente que se hayan perdido siglos de historia en la destrucción del templo religioso, y aunque se diga que se “salvaron” parte de los patrimonios y reliquias de interés para el cristianismo que estaban dentro de la Catedral, lo cierto es que este hecho va a traer severas consecuencias sobre la estabilidad política de Francia y no duden que el gobierno de Macron tenga que pagar un alto costo en la praxis de su presidencia por tal barbarie contra el patrimonio histórico y religioso, máxime sobre una sociedad tan conservadora en semejante términos sobre la población francesa.

La destrucción de la Catedral de Notre Dame va a desatar los demonios en los componentes políticos, históricos, sociales, culturales y religiosos no sólo de Francia, sino de Europa, razón por la cual, no es fácil detenerse a pensar, por dónde tiene mayor pérdida para Macron un hecho de esta naturaleza, porque sea cual sea, el informe final que determine las causas de esta voraz incendio, y cuyas imágenes pudieran tener por similitud, la caída de una parte socio-histórica de los franceses que no se podrá recuperar con un simple discurso político.

Ahora bien, mientras en Francia un diablo acabó con parte importante de la historia y la representación simbólica del cristianismo mundial, y eso supone que apenas comienza una nuevo ciclo histórico, sería bueno establecer por analogía, y salvaguardando las distancia, en Venezuela tenemos un diablo que ha destruido 200 años de soberanía, independencia, prosperidad y patria, y cuyo revuelo histórico mundial aunque no tenga a envergadura de la caída de una cúpula, el ver cómo una nación se derrumba en todos sus componentes políticos, económicos y sociales, mientras millones de venezolanos huyen de la hiperinflación, el colapso de los servicios públicos, el aniquilamiento de la educación y la salud, la criminalidad, la corrupción, así como la violación de derechos humanos, bien pudiéramos decir que en la patria de Napoleón Bonaparte se cayó una cima que representaba parte de la Revolución Francesa, pero en la patria de Simón Bolívar, una mal llamada “revolución” llevó a la sima a Venezuela.

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