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(Opinión) El magistrado y la jauría. Por Enrique Ochoa Antich

Por Enrique Ochoa Antich
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Enrique Ochoa Antich - del por ahora
Artículo escrito en exclusiva para PuntodeCorte.com
Caracas, 1 de junio de 2020.
Por: Enrique Ochoa Antich *
@eochoa_antich

Rubrica el magistrado la sentencia. Sabe en su fuero interno, allá en ese oscuro y remoto lugar donde alguna vez hubo un abogado que creía en la fuerza de la norma jurídica, que ha torcido, retorcido y sesgado la ley y la Constitución, pero ningún sonrojo tiñe sus mejillas. Su oficio allí, en ese bajo tribunal de la simulación y la complicidad, es obedecer a pie juntillas las órdenes del poder. El magistrado no es más que un comisario político del partido/Estado, amanuense de su buró jurídico. Sostiene el legajo en sus manos sudorosas y trémulas. Entonces piensa en el Presidente, jefe único de la causa, y baja la cerviz.

Es cosa fácil para este dócil funcionario negar el recurso de amparo que el suscrito incoó cinco meses atrás, cuando una turbamulta de parlamentarios dijo ser lo que no era o sí era pero no era posible demostrarlo.

-Para algo ha de servir la hermenéutica jurídica, murmura el magistrado.

Una sonrisa de satisfacción se dibuja en su rostro.

Este tribunal, ponzoñoso y ladino, obsecuente y sumiso, da para todo. Negándose a sí mismo, es decir, pateando su propia jurisprudencia; diciendo ahora que la directiva de la Asamblea Nacional sí es la que no es, y que la que antes había dicho que era, la de Ramos, ya no es, pasmosa taumaturgia; sin acta de asistencia que pruebe nada porque estos diputadillos se la hurtaron a sí mismos, como en efecto proclamó su ocasional secretario; en fin, con la sola palabra de una de las partes y a cuenta de su vehemente deducción, según rezaba un vetusto Código, este inapelable juzgado decide que mi demanda no tiene lugar, a saber: reconstituir el cuerpo y verificar nominalmente la votación. Era simple y era digno. Pero esta corte es barroca e infame. Otra raya para este borgiano tigre del desamparo nacional.

Pero en saliendo de esta coyunda, como en este país lo absurdo es uso y costumbre, véome las caras con la otra cara de la moneda: como una jauría de voraces bestias, los extremistas de la oposición palurda no caen tanto sobre la sentencia en sí, su contenido y sus consecuencias, sino sobre el accionante del recurso, o sea, yo: los calificativos son de diverso pelaje: traidor y colaboracionista los más decentes; tarifado, arrastrado, reptil, pícaro, tunante y bribón los más frecuentes; y cuanto epíteto pueda usted imaginar. Hasta la muerte me han deseado algunos desadaptados. A estos oficiantes de la amargura y el odio, les respondo con una interrogación hecha, parafraseando a Trotski, para los 280 caracteres del Twitter: ¿Se darán cuenta los que insultan por aquí que sólo consiguen probar su infinita indigencia intelectual y su pequeñez moral? Pobre gente. 

No importa que yo les repita mil veces que el tribunal NEGÓ mi recurso. Yo soy el envilecido culpable de la sentencia. Los menos amargos sólo aciertan a argumentar que mi recurso les habría hecho el juego a los del gobierno, yo sería un “tonto útil”, o algo así, como si los maduristas no tuviesen cientos de abogados y tinterillos listos y dispuestos a elaborar un escrito más acorde con sus propios intereses. Los más despreciables me ven pasando por una taquilla de Miraflores para cobrar en dólares el favor recibido. Que yo les copie mis declaraciones acerca de los abusos de poder y la violación sistemática de los derechos humanos por acción de éste al que una y otra vez llamo el peor gobierno de toda nuestra historia, de nada sirve. Pasan de largo para volver a la nauseabunda cloaca de la cual se alimentan. Obtusos y resentidos, estos oposicionistas de pacotilla desprecian así la ocasión de destacar el hecho de que, negado el recurso, ¡es el accionante quien repudia e impugna la sentencia!, lo que alguna importancia tiene. Con este proceder, los febriles oposicionistas de hecho al que ayudan es al rrrrrrégimen oprobosio, la fulana “dictadura narcoterrorista”, que con tanta rabia repudian. Y lo peor es que son tan pero tan brutos, que no se percatan del hecho.

La oposición es un trapiche que muele a sus mejores hijos. Ya lo dijo Bolívar: Nadie es grande impunemente. Allí un periodista sacado del aire que, en vez de recibir gestos de solidaridad dado el atropello del cual ha sido víctima, es denostado y calumniado por esta sórdida marabunta. U otro a quien le editan, cortando aquí y allá, una alocución suya, para exponerlo al escarnio público. En Miraflores se frotan las manos. Con enemigos así, este gobierno no necesita amigos.

Una última nota, a riesgo de ser nuevamente pasado por las armas por este pelotón de zascandiles. ¿Qué va a hacer ahora el G4? ¿Se refugiará en su falso moralismo para seguir al margen de esta Asamblea “legitimada”, o tendrá el coraje, con la frente en alto, aún protestando la sentencia, de hacerse presente en esa cámara para designar con sus votos un nuevo CNE? ¿Lo verdaderamente ético no es asegurar la derrota del autoritarismo en los comicios parlamentarios? Aquí los orgullos sirven de poco. La política se hace con el cerebro, no con el corazón y mucho menos con el hígado. ¿Qué importa más?, les pregunto a los cuatro o al menos a dos de esos cuatro partidos: ¿mantener la ficción de una encargaduría de la presidencia de una república que no es, sólo espejismo en lontananza, engañifa para embaucar a incautos, o asegurar con un nuevo CNE consensuado la participación masiva de los electores en los próximos comicios parlamentarios para al menos disputarle ese espacio de poder al régimen autoritario con alguna probabilidad de éxito? ¿Perder esa trinchera de lucha, como hicimos en 2005, o preservarla? ¿Qué harán los adecos, los neotempistas y los justicieros de Capriles: obedecer los designios del Departamento de Estado o escuchar la voz de las mayorías nacionales hartas de pleito, atajos y derrotas? ¿Importa más darle alas al abstencionismo o votar para retomar la ruta democrática por un cambio democrático en paz, con justicia social y con soberanía? 
El país espera las respuestas.

(*)  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo (MAS). Miembro de la Concertación por el Cambio.

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