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(Opinión) Estudiantes, Violencia y Democracia. Erick Camargo

Por Erick Camargo
Erick Camargo

[et_pb_section fb_built=»1″ _builder_version=»3.0.47″ custom_padding=»32px|0px|32.6278px|0px|false|false»][et_pb_row _builder_version=»3.0.48″ background_size=»initial» background_position=»top_left» background_repeat=»repeat»][et_pb_column type=»4_4″ _builder_version=»3.0.47″ parallax=»off» parallax_method=»on»][et_pb_text _builder_version=»3.0.74″ background_size=»initial» background_position=»top_left» background_repeat=»repeat»]Caracas, 27 de agosto de 2018.

Por: Erick  Daniel Camargo*

@EDCG_RED

Hoy les escribo desde mi experiencia y desde el propio aprendizaje. Desde muy joven tuve inquietudes políticas, recuerdo que en el colegio discutía de esos temas con la poca información que lograba tener a mi alcance. Sin embargo fue en 2007, como estudiante de 1° semestre, que di mis primeros pasos en el activismo político con más seriedad.

Aquellos años eran de gran efervescencia, el despertar del movimiento estudiantil movilizando grandes contingentes de personas, luego de las dificultades surgidas tras la Toma del 2001, y las profundas divisiones entre la población estudiantil.

En esos momentos de exaltación se dio un fuerte debate interno sobre los tipos de acciones a tomar. Algunos pregonaban el enfrentamiento con las fuerzas represivas del gobierno, otros la movilización pacífica. El último discurso terminó imponiéndose, no sin existir una fuerte resistencia y desacatos de quienes no compartían dicha perspectiva. Allí nació el símbolo de las manos blancas, el cual fue duramente vilipendiando tanto por quienes rechazaban la no violencia, como por el gobierno

En principio me moví por las dos aguas, allí empecé a escribir con unos compañeros, publicando un boletín que circuló tanto en al UCV como en la UCAB. También ronde algunos grupos que rechazaban la no violencia. Al final me decante por los grupos que apoyaban una táctica de enfrentar al gobierno, y por poco ingreso en las filas de Bandera Roja.

Recuerdo que en esa época tire piedras hasta el cansancio, armé bombas molotov, hice chopos y hasta nos inventamos unos “econochopos”, en fin; hasta viaje a otras ciudades a quemar cauchos.

Esto lo traigo a la memoria pues hoy soy un ferviente defensor de la no violencia. Considero que precisamente estas acciones no han ayudado en lo absoluto a la causa democrática en el país.

Lamentablemente vivimos en un país con un profundo culto a la violencia, arraigado pudiese ser, desde la Guerra de Independencia. Durante todo el siglo XIX vivimos innumerables convulsiones y revoluciones,  una larga guerra civil, sin contar un desenfrenado cuatrerismo. En el siglo XX vivimos varios golpes de estados, guerrillas, agitaciones estudiantiles, y también observamos la consolidación de una “cultura del malandro” y el desarrollo de un cuasi rito a la violencia criminal.

Por eso deduzco la raíz en la Guerra de Independencia. Creemos y hemos mitificado a la violencia como una legítima herramienta para lograr los más nobles fines políticos y sociales. Preferimos saltarnos los engorrosos procesos legales, la construcción de mayorías, el trabajo social y político, el choque de ideas (visto en el plano de la civilidad y el respeto). Creemos a la violencia un medio totalmente justificado, el medio necesario para el insigne fin que nos da el ser dueños de una razón absoluta e inmutable.

Los estudiantes, a pesar de rechazar discursivamente la violencia, la tenemos igualmente mitificada, incluso en la mayoría de las acciones son violentas o de resistencia. Muchos asumen a la violencia solamente como agredir con piedras o chopos. Pero me pregunto yo, acaso trancar una calle, quemas cauchos, no son actos de violencia también.

¿Cuál es la labor del estudiante entonces en la lucha democrática?

Hoy vemos lamentablemente estudiantes con una educación mediocre (no por su culpa, sino por un sistema cada vez más decadente), repitiendo consignas vacías (lo hicimos nosotros también en aquella época), con discursos abundantes de lugares comunes, carentes de ideas y de propuestas.

No es acaso el deber del estudiante formarse, estudiar y leer, para de esta forma contribuir a la construcción y desarrollo del país; para desarrollar ideas que nos ayuden a construir una mejor democracia.

El estudio y la formación son las únicas herramientas que nos ayudarán a conducir las transformaciones necesarias del país. Cómo pretendemos transformar el país, si somos incapaces de interpretar la realidad presente y de concretar ideas, de elaborar discursos que logren arraigo.

Hoy más que nunca, ante la enorme frustración existente, se ha popularizado en muchos, sobre todo entre la juventud, que la única posibilidad de un cambio en la dirección del país, es por medios violentos. Se perdió la fe en los caminos democráticos y pacíficos.

No se dan cuenta lo contraproducente de dicha posición. La democracia no puede nacer nunca de la violencia, se construye con el respeto y el debate de ideas.

Sólo el estudio y la formación permitirán tener las capacidades para construir un futuro, para construir un nuevo país. Pero sobre todo compartir esa formación y las ideas que produzcan con toda la sociedad. Sobre todo con las clases populares.

* Dirigente del Movimiento Alternativa 1.

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