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Las historias de las que se prostituyen en el extranjero para enviar dinero a sus familias en Venezuela

Por María Alejandra López
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Caracas 25 de octubre de 2018. Un excelente reportaje de AFP, refleja la abrumadora realidad que viven las mujeres que se prostituyen en el exterior para enviar dinero a sus familias en Venezuela. Mediante cortos relatos, las historias de abusos, maltrato, abortos, y sexo sin protección, desenmascararon su sufrimiento.

Se trata de la historia protagonizada por madres, hijas, hermanas, que al migrar ilegalmente a Colombia y víctimas de la desesperación, se entregaron a bares administrados por proxenetas. Con el fin de ahorrar cada peso, para enviárselo a su familia en Venezuela, unas 60 mujeres ejercen el rol de acompañante, en la municipalidad de Calamar, del departamento de San José de Guaviare, Colombia.

Calamar, en el Guaviare, es un caserío selvático en el sur de Colombia de 6,000 habitantes. Marcado por seis décadas del conflicto armado, es corredor de cocaína y bastión de disidentes de la exguerrilla FARC y de narcos del Clan del Golfo.

Alegría, de 26 años, escogió ese nombre con ironía y es profesora de historia y geografía. Pero, se desempeña como mujer de compañía en Calamar. Cuenta a AFP, que durante tres meses fue mesera en el departamento de Arauca (este), a cambio de comida y alojamiento, únicamente, “Lo que mandaba a mi hogar eran las propinas”. De las propinas seis de sus allegados, incluido su hijo de cuatro años, sobrevivieron en Venezuela.

Alegría al ver sus opciones monetarias reducirse cuando quien la administraba le quitó hasta las propinas, decidió cruzar Colombia. Hoy, se prostituye junto a otras nueve paisanas en la zona de tolerancia.

La historia de Joli, una repartidora de periódicos que perdió su trabajo por la falta de papel periódico

Joli, de 35 años, confesó que nunca pensó en prostituirse, «Lo hicimos en base a la crisis» asegura. En 2016 Joli perdió su trabajo como repartidora de periódicos en Venezuela. “¡No había más papel para imprimirlos!”. La situación de Joli, se complicaba, Sin pasaporte, cruzó la frontera sin maletas, solo con la ropa que tenía puesta.

Esta mujer perdió “de un infarto, por falta de medicamentos”, a su prometido. Mientas que, el padre de sus hijos también falleció de insuficiencia renal en Venezuela. En Colombia, “me vi entre la espada y la pared”, confiesa. Sin trabajo, optó por prostituirse en Bucaramanga (noreste), a 575 kilómetros de Calamar, donde desde junio trabajaba su sobrina Milagro, de 19 años.

Estrés, ansiedad, episodios depresivos y sexo sin protección, son algunos de los riesgos

Muchas de las entrevistadas por su situación y la presencia de hombres armados en la zona -entre otras razones- estas mujeres sufren de “ansiedad, episodios depresivos, síntomas de estrés postraumático”, apunta Jhon Jaimes, el psicólogo de la ONG, MDM (Médicos del Mundo) enviado a Calamar. Esta organización dispone de un equipo de emergencia dispuesto a prestar apoyo a las mujeres que lo requieran.

Las condiciones climáticas las exponen a “infecciones, dengue, malaria”, detalla Jaimes. No obstante, el riesgo de contagiarse con alguna enfermedad venéreas (algunos «clientes» las violan por lo que el sexo se concreta sin protección), varias de las mujeres resultan embarazadas.

Patricia, de 30 años, que también comenzó esta vida en Arauca, develó que un cliente borracho la golpeó, violó y sodomizó. “Hay clientes que te tratan mal y eso es horrible”, declara. “Todos los días pido a Dios que sean buenos” afirma.

En las instalaciones de un hospital temporal de MDM, una especialista las cura, les pone implantes anticonceptivos y las aconseja. Las reacciones son variables, algunas se derrumban y rompen en llanto, otras son rostros conocidos en la unidad de emergencia. La ONG también les entrega alimentos, productos de higiene y preservativos. Con sus paquetes bajo el brazo, regresan por la trocha. De nuevo a laborar.

El coordinador de MDM Colombia, Nicolás Dotta, destaca la vulnerabilidad que sufren las mujeres al ser explotadas sexualmente. “Si hay algo que está caracterizando esta crisis migratoria, es el tema de cómo están operando las redes de trata y la alta cantidad de mujeres venezolanas que están siendo víctimas de esas redes, no solo dentro de Colombia (…) sino en otros países de la región, inclusive de Europa”, alerta.

Algunas han escapado, como Pamela, una expolicía de 20 años que fue a abortar a San José del Guaviare, a tres horas de Calamar, y huyó al centro del país.

Un hombre no es suficiente…

Prefiere los 30.000 pesos (10 dólares) que gana a diario como mesera en un restaurante a la esclavitud a la que la sometía el proxeneta que la llevó de Arauca a Calamar.

“Este sujeto nos engañó”, afirma en Bogotá. Como las demás, tuvo que prostituirse para reembolsarle el costo del viaje de 24 horas para llegar al burdel. “Lo más fuerte para mí fue tener relaciones sexuales sin preservativos (…) a toda hora, a toda costa, y a la fuerza y con maltratos”.

Milagro ahora sonríe, pues quizás vive el “milagro” que inspiró su seudónimo: un piloto de lancha la sacó del prostíbulo.

Pero Alejandra, de 37 años, no quiere un marido. “A mí no me sirve un solo hombre. Yo necesito vivir de muchos para alimentar a mis niños”, dice iracunda esta madre de cuatro hijos, incluido un bebé de dos meses que nació de un cliente en Colombia.

Tomada de AFP

Foto: AFP


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