Artículo escrito en exclusiva para PuntodeCorte.com

Por: Javier Vivas Santana

@jvivassantana

Transcurridas unas semanas desde aquel 17 de agosto en el cual Nicolás Maduro anunció sus nefastas medidas económicas, los resultados no pueden ser más dramáticos.

En efecto, desde ese día hemos visto el aumento desmedido de los precios, es decir, aceleración de la hiperinflación, duplicación y en vías de triplicarse, el valor del dólar paralelo una vez reconocida semejante tasa como indicadora del mercado cambiario, anaqueles vacíos de supermercados y abastos, amenazas de saqueos por parte de las propias bandas armadas que defienden al gobierno, multiplicación de reclamos laborales del gremio de enfermeras y médicos, continuación de los apagones o cortes de energía eléctrica en estados como Zulia y Táchira, protestas por falta de agua de potable en casi todo el país, mientras yacen inundados los estados Amazonas, Apure y Bolívar, y por si fuera poco, según versiones de los trabajadores, se paraliza la refinería de Amuay, lo cual deja a Petróleos de Venezuela (Pdvsa) en estado de postración en la producción de combustibles para el mercado interno.

Además de tales problemas en el orden interno, los llamados “precios acordados” del madurismo con supuestos empresarios, tanto en sus listas de alimentos como de higiene personal y limpieza doméstica, superaron en la suma de todos sus productos el monto del nuevo salario mínimo, sin que éste se haya hecho efectivo. O sea, que la hiperinflación devoró por completo lo que había prometido el madurismo, sin que a esto generemos lo que ha sucedido con el resto de los productos, bienes y servicios, y más grave, el aumento en el precio de la gasolina que según el propio Maduro, inicialmente se hará efectivo por las zonas fronterizas, lo cual nos hace presumir que comenzará por Zulia, Táchira, estados costeros y los municipios limítrofes de los casualmente estados afectados por inundaciones, aunque considero desacertado que esto sea aplicado donde exista de manera preponderante la producción de peces  – marina y de agua dulce – hasta que no se encuentre definido cómo será el subsidio de la gasolina en beneficio de los pescadores.

El madurismo se está hundiendo en sus arenas movedizas, y tiene en su retaguardia un volcán a punto de erupción, y hacia sus lados y frente sólo puede ver el horizonte de un inmenso desierto, o sea, que ante tales condiciones geográficas las probabilidades de salvarse, en caso de que pueda sortear temporalmente el hundimiento, son muy limitadas por no decir nulas. En esta ocasión dependería de una inesperada y prolongada lluvia, pero al no tener recipientes para depositar agua, haría efímera su prolongación de vida, o que aparezca un oasis que pudiera darle tiempo para replantear su estrategia, y poder reorientarse como cúpula. Lamentablemente, en estas dos últimas alternativas la analogía para el primer caso ni aumentando el precio del crudo sobre 100 dólares por barril, nos serviría para nuestros menguados ingresos debido a la alicaída producción, y en el segundo caso ¿Quién estaría dispuesto a prestarle a Maduro entre 70 a 120 mil millones de dólares con un gobierno que ha destruido la producción agrícola, pecuaria e industrial,  y los servicios públicos, mientras persigue y encarcela a los empresarios, empobrece a su pueblo, y obliga a emigrar a millones de venezolanos?

Y en el medio de todo esto, Vladimir Padrino como ministro de la defensa le dice a sus subalternos, palabras más, palabras menos que tendrán que “aguantarse” con lo que se les pueda dar, porque ahora existe otra “estructura salarial” ¿Será que podrán sobrevivir los generales y oficiales superiores devengando poco más de tres salarios mínimos de acuerdo con una lista que circuló de manera extraoficial por las redes, y los oficiales recién graduados junto con las tropas con uno o dos salarios mínimos?

Obviamente, que el resto de la estructura de la administración pública, así como el sector privado también se ven afectados por estas medidas del madurismo, quien cada día que pasa sólo recurre a políticas efectistas como el aumento del Impuesto al Valor Agregado (IVA) o Impuesto de Transacciones Financieras (ITF), que son cargas que impactan de manera directa la estructura de costos de las empresas y comercios que terminan siendo trasladados al consumidor final.

En síntesis, el madurismo no tiene alternativas ante la crisis del país. Un país sin divisas, sin financiamiento externo, sin posibilidades de generar aumento en la producción interna, recurre al aumento en los precios de la gasolina y los impuestos sobre una población empobrecida que incluso hasta aparece al lado de la basura intentando encontrar algo que pueda mitigar el hambre. ¿Volverá el madurismo al degradado discurso de la “guerra económica”? La cúpula madurista sabe que cada vez está más cerca la infidelidad política de la coalición dominante.

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