Inicio Informes (+Informe PDF) ONU: 55% de los hogares venezolanos encuestados en Colombia están en situación de inseguridad alimentaria

(+Informe PDF) ONU: 55% de los hogares venezolanos encuestados en Colombia están en situación de inseguridad alimentaria

Por Indira Crespo
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Inform Colombia

Caracas, 24 de febrero de 2020/.– Colombia continúa siendo el país más afectado por la crisis venezolana. Desde 2015, el flujo migratorio aumentó significativamente en Colombia y se aceleró aún más durante el 2018 y 2019. En la actualidad, Colombia alberga el mayor número de migrantes venezolanos en el mundo, con más de 1.63 millones con vocación de permanencia.

La Evaluación de Seguridad Alimentaria en Emergencias (ESAE) fue realizada en cinco departamentos fronterizos de Colombia, con base en el análisis de una muestra representativa dirigida a hogares migrantes de Venezuela, así como de hogares de acogida2 , para identificar la prevalencia de la inseguridad alimentaria y sus determinantes.

El contenido del informe completo, publicado por la Oficina del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas en Colombia y la Oficina Regional del WFP para América Latina y el Caribe, demuestra que los niveles de inseguridad alimentaria son altos en los departamentos fronterizos y que los hogares migrantes y de acogida siguen siendo muy vulnerables.

El estudio evidencia que el 55% de los hogares migrantes están en situación de inseguridad alimentaria severa o moderada. La alimentación fue mencionada como la necesidad más apremiante para ambos grupos: hogares migrantes (67%) y hogares de acogida (61%). Además, la falta de acceso a alimentos constituye la razón principal por la cual ciudadanos venezolanos migran hacia Colombia (88%).

Hallazgos claves

La falta de documentación que acredite un estatus legal para los migrantes dificulta su capacidad de acceder al mercado laboral, los servicios de salud, el sistema educativo, así como registrar certificados matrimoniales y convalidar su nivel educativo.

Solo el 16% de los migrantes encuestados tiene acceso al Permiso Especial de Permanencia (PEP) lo cual limita el acceso al mercado laboral a solo un segmento de la población migrante venezolana. Aproximadamente uno de cada cuatro migrantes (24%) tiene acceso a la Tarjeta de Movilidad Fronteriza (TMF).

Al preguntar sobre las razones principales por las que vinieron a Colombia, mencionaron las siguientes: a) acceso a alimentos (88%); b) búsqueda de oportunidades laborales (87%) y; c) acceso a servicios de salud y/o medicamentos (58%).

Dos de cada tres hogares migrantes (66%) no tienen certeza de la duración de su estadía en Colombia. Sin embargo, el 70% manifestó tener la intención de regresar a Venezuela en el futuro. A pesar de eso, el 85% manifiesta preocupaciones por la falta de alimentos y 74% por el bajo poder adquisitivo que no les permitiría suplir las necesidades básicas de su grupo familiar si tuvieran que regresar a Venezuela en este momento.

Demografía

La población migrante es significativamente más joven comparada con la de los hogares de acogida. El 40% de los jefes y jefas de hogares migrantes son jóvenes y pertenecen al grupo de edad de 20-30 años, disminuyendo al 28% en el grupo de edad de 30-40 años, y un porcentaje aún menor (15%) en el grupo de edad de 40-50 años hasta alcanzar el 3% en el grupo de edad de 60-70 años. Esto refleja que cuanto mayor es el grupo de edad, menor es la proporción de migrantes en Colombia.

Por el contrario, los hogares de acogida tienen un nivel de distribución de edad casi igual entre los grupos de edad de 30-40, 40-50 y 50-60 años, con una proporción de 23-24% en cada grupo.

Entre los encuestados, el tamaño promedio de un hogar es de cinco miembros para los hogares migrantes y de seis miembros para los hogares de acogida. El 83% de los hogares migrantes en Colombia, es decir, cuatro de cada cinco, tiene un hogar pequeño (1-3 miembros) o mediano (4-6 miembros), mientras que el 45% de los hogares de acogida tiene un hogar mediano.

En general, la proporción de hogares pequeños de migrantes es mayor (40%) en comparación con la de los hogares de acogida (24%). Esto podría deberse a que el 83% de los hogares migrantes manifestó aún tener miembros de su grupo familiar cercano residiendo en Venezuela.

Seguridad alimentaria

Nivel de seguridad alimentaria por duración de permanencia: los niveles de inseguridad alimentaria son más altos para los hogares migrantes que para los hogares de acogida, debido al acceso limitado a los alimentos y la dependencia de utilizar estrategias negativas de supervivencia para hacer frente a la falta de alimentos o dinero para comprarlos. Más de la mitad de los hogares migrantes se encuentran en situación de inseguridad alimentaria severa o moderada (21.2% y 33.5% respectivamente) en comparación con aproximadamente el 3.3% y el 24% entre los hogares de acogida. En Arauca y Nariño los niveles de inseguridad alimentaria severa son más altos para los hogares migrantes (25% y 24% respectivamente) comparados con los otros departamentos evaluados.

La inseguridad alimentaria severa entre la población migrante alcanza sus niveles más altos durante los primeros seis meses y requiere asistencia de emergencia: con rangos que van del 38% en los primeros tres meses al 27% entre los tres meses y los seis meses de su llegada. Solo después de seis meses de permanencia este porcentaje se reduce a la mitad (16%). Esto evidencia que durante los primeros seis meses, los migrantes son particularmente vulnerables y requieren asistencia de emergencia para satisfacer sus necesidades básicas. La condición de inseguridad alimentaria mejora ligeramente con el pasar del tiempo.

El 70% de los hogares migrantes tienen niveles de inseguridad alimentaria severa o moderada durante los primeros tres meses de su llegada, y luego de tres a seis meses, esta proporción disminuye ligeramente al 61%. Después de seis meses de permanencia, y hasta más de un año después, la inseguridad alimentaria severa o moderada se establiliza en niveles altos (47- 50%). Esto reafirma la necesidad de mantener un plan sistemático que garantice una asistencia inmediata y protección a los recién llegados, pero al mismo tiempo, con medidas a largo plazo que contribuyan a la resiliencia y a mejorar la integración socioeconómica, facilitando el acceso al mercado laboral y medios de vida, y procesos de convalidación de sus títulos académicos y habilidades en Colombia.

Consumo de alimentos: más de cuatro de cada diez hogares migrantes (41.4%) tienen un consumo de alimentos pobre o limitado en comparación con dos de cada diez hogares de acogida (22%). El consumo pobre o limitado de alimentos es más elevado entre los hogares migrantes que residen en Arauca, Norte Santander y Nariño, comparado con los otros departamentos evaluados. Los hogares que tienen una tasa alta de dependencia, es decir, más de 1.5 dependientes por cada miembro no dependiente, presentan niveles más elevados de consumo pobre (19%). Esta misma tendencia también se observa en los hogares unipersonales o que viven con personas que no son familiares (28% y 22% respectivamente).

Diversidad de la dieta: casi uno de cada cinco hogares migrantes tiene una baja diversidad de dieta (18.4%). Esto se debe en gran medida a una alta proporción de hogares migrantes que no consume ciertos grupos de alimentos como frutas, verduras o lácteos (56%, 44% y 43%, respectivamente) en la semana anterior a la evaluación. Asimismo, el 42% de los hogares migrantes en tránsito tiene una diversidad de dieta baja, y solo el 11% una diversidad de dieta mediana. En lo que respecta a los hogares de acogida, aproximadamente el 13% tiene una diversidad de dieta baja (7.2%) o mediana (5.6%).

Estrategias negativas de supervivencia: para hacer frente a la falta de alimentos o dinero para comprarlos, los hogares migrantes y de acogida tuvieron que cambiar sus hábitos alimenticios a través del uso de estrategias negativas de supervivencia entre las que se encuentran: i) consumir alimentos menos preferidos o más economicos (89% y 80% respectivamente), ii) reducir el tamaño de las porciones de comida (82% y 72% respectivamente), y iii) reducir el consumo de alimentos de los adultos para que niños y niñas puedan alimentarse (49% y 44% respectivamente).

Durante los primeros tres meses, el 44% de los hogares migrantes utilizó más frecuentemente una estrategia negativa de supervivencia severa de pasar un día entero sin comer. El uso de esta estrategia negativa se reduce con el tiempo entre los hogares migrantes, hasta llegar al 25% después de más de un año y medio de permanencia.

Los hogares migrantes son más propensos a utilizar estrategias de emergencia que los hogares de acogida. Casi la mitad de los hogares migrantes (49%) utilizó estrategias de supervivencia de emergencia para hacer frente a la falta de alimentos, mientras que esto se observó en una menor proporción en hogares de acogida (23%). Por ejemplo, el 30% de los migrantes mencionó haber realizado una actividad que nunca antes pensó hacer y prefiere no comentar, frente a un 14% en las comunidades de acogida. Casi tres de cada diez migrantes (27%) pidieron limosna en la calle, comparado con el 13% en las comunidades de acogida.

Casi dos tercios de los hogares migrantes (64%) y la mitad de los hogares de acogida reportaron haber trabajado solo por alimentos. como una de las estrategias de supervivencia de estrés más utilizada. Otra estrategia de supervivencia de estrés común es comprar alimentos a crédito (46% para los hogares migrantes y 53% para los hogares de acogida). Más de dos tercios de ambos hogares migrantes y de acogida (68%) dependen del apoyo de familiares, y/o amigos/ vecinos: 70% para hogares migrantes y 63% para hogares de acogida.

Tres de cada cuatro hogares migrantes y de acogida encuestados que viven en los cinco departamentos fronterizos evaluados, están viviendo por debajo de la línea de pobreza4 . Los montos más altos de los gastos mensuales para ambos grupos de hogares migrantes y de acogida, se destinan a la compra de alimentos (42% y 43% respectivamente) y vivienda (23% y 19% respectivamente).

Una mayor proporción de hogares de acogida reportó tener más deudas que los hogares migrantes (46% y 33% respectivamente), y la razón principal de esta deuda fue para adquirir alimentos. Las principales fuentes de crédito son informales, es decir, a través de prestamistas, comerciantes y familiares. Las comunidades de acogida son más propensas a endeudarse, probablemente debido a una mejor red de acceso para préstamos en la comunidad. Particularmente para los hogares que viven por debajo de la línea de pobreza, el endeudamiento y la compra a crédito es un mecanismo para satisfacer sus necesidades básicas.

La tasa de participación laboral (formal e informal) es del 83% para los hogares migrantes y 86% para los hogares de acogida. El trabajo irregular remunerado a diario es la fuente principal de ingresos para los hogares migrantes (59%) y de acogida (52%), seguido de trabajo en ventas callejeras y ventas ambulantes (ej. alimentos, artesanías, objetos, etc.), observado en el 12% de los hogares migrantes y 11% de los hogares de acogida. La tasa de participación laboral más alta de los hogares migrantes está en los departamentos de Cesar y La Guajira 90% y 88% respectivamente

Los migrantes con acceso al Permiso Especial de Permanencia (PEP), y por lo tanto a derechos legales, tienen menores niveles de inseguridad alimentaria severa (16%) en comparación con aquellos sin acceso al PEP (23%).

Esto reafirma que la asistencia a mediano y largo plazo centrada en la regularización de la permanencia es un elemento fundamental para la integración social y económica de los migrantes, la generación de ingresos y la mejora de su acceso a las oportunidades de medios de vida. Tener una permanencia legal, es un paso integral para fortalecer la capacidad de acceso al empleo formal y la inclusión financiera.

Por lo tanto, se deben realizar esfuerzos para informar y facilitar a la población migrante sobre el proceso legal para obtener permisos de trabajo y residencia y conectar a los solicitantes de empleo con posibles oportunidades.

Nutrición: En aproximadamente tres de cada diez hogares hay una mujer embarazada o lactante:

31% en los hogares migrantes y 24% en los hogares de acogida. Entre los hogares migrantes, en los departamentos de La Guajira y Cesar, hay más prevalencia de mujeres embarazadas o lactantes (38% y 36% respectivamente).

Casi la mitad de las mujeres embarazadas (47%), no ha asistido a ningún tipo de control prenatal: 49% entre los hogares migrantes y 38% en los hogares de acogida.

Una mayor proporción de hogares migrantes (29%) tiene un niño o niña entre los seis meses y los 2 años, en comparación con los hogares de acogida (21%). En más de dos de cada cinco de estos hogares, los niños y niñas no reciben leche materna: 45% entre los hogares migrantes y 39% en los hogares de acogida.

En el 10% de los hogares encuestados hay un menor que tiene de 0 a 6 meses de edad: 10% para los hogares migrantes y 7% para los hogares de acogida.

Salud: El 58% de los hogares migrantes no tiene acceso a servicios médicos. Esta tendencia es más predominante en los departamentos de Cesar, La Guajira y Norte de Santander. La razón principal por la cual no tiene acceso es por falta de recursos. Agua y saneamiento: más de uno en tres hogares (38%) no tiene acceso a agua potable en el lugar donde habita: 41% de los hogares migrantes y 26% en hogares de acogida. Este porcentaje es aún más elevado entre los hogares migrantes que viven en La Guajira, donde el 80% no tiene acceso a agua potable en su vivienda.

Educación: El nivel de educación más alto tanto para hogares migrantes como de acogida es primaria (38% y 48% respectivamente), seguido por secundaria (36% y 27% respectivamente) y técnico o universitario (14% y 7% respectivamente). La mayoría de los hogares (58%) tiene niños y/o niñas en edad escolar. En más de uno de cada tres de estos hogares (38%), los niños y niñas no están asistiendo a la escuela, con porcentajes más altos entre los hogares migrantes (46%), en comparación con los hogares de acogida (15%).

Protección: Uno de cada cinco hogares (22%) mencionó sentirse inseguro en Colombia: 21% en los hogares migrantes y 29% en los hogares de acogida. Entre este grupo, la violencia económica (robo y/o estafa) fue el tipo de inseguridad reportado con mayor frecuencia tanto para hogares migrantes (51%) como para hogares de acogida (77%), seguido por violencia psicológica (discriminación y actos de xenofobia) en el 29% de los hogares migrantes.

Vivienda: Dos de cada cinco hogares (42.2%) están sujetos a condiciones de hacinamiento: 45% entre los hogares migrantes y 34% de acogida. Uno de cada cuatro hogares no tiene acceso a una cocina. Esto prevalece más entre la población migrante (30%) en comparación con los hogares de acogida (10%). El 51% de los hogares migrantes no tiene una cama para dormir y el 80% no tiene acceso a un refrigerador.

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