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(Opinión) La caja del terror o la rebelión de Yuleizy. Por Sergio Graffe

Por Punto de Corte
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Soberanía alimentaria - CLAP Bernal

Caracas, 28 de octubre de 2019.

Por: Sergio Graffe *

El 3 de abril del 2016 Nicolás Maduro anunció al país la implementación de un mecanismo de distribución de productos alimentarios a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) con el objeto de “garantizar la correcta producción y distribución de alimentos y productos de primera necesidad”, cada mes, casa por casa.

A pesar de que en ese momento Maduro dijo que sería una medida temporal para combatir “la guerra económica” y asegurar la soberanía alimentaria de los venezolanos, después de tres años y seis meses de estar operando el balance general es nefasto, tanto por la mala calidad de los productos, la poca cantidad de los mismos, los recurrentes retrasos en la entrega, la espantosa corrupción que se ha desarrollado por la importación del 98% de los componentes de la caja o bolsa; pero sobre todo, porque este mecanismo se ha convertido en una eficiente y perversa herramienta que aplica el terror y el chantaje como control electoral, social y político de la población más vulnerable económicamente.

El esquema original de esta perversión gubernamental no se cumple casi en nada de cómo fue planteado en el 2016 pero especialmente en cuanto a los operadores políticos que la implementan, debido a que se dijo que sería los Consejos Comunales los responsables de entregar los alimentos subsidiados y terminaron en una estructura del Psuv, llamada Jefes de Calles de las Ubeches; que ante una crítica a Maduro o intento de protestas populares por la falta o falla de un servicio público, amenazan con “quitarles” la caja; lo cual genera una respuesta automática de enfriamiento y desmovilización.

Una pregunta obligada es por qué este mecanismo es tan eficiente en el uso del terror?. Hay varias posibles respuestas relacionadas con aspectos materiales y psicológicos.

En cuanto a lo material, se debe a que la pobreza extrema en Venezuela se ubica en un catastrófico 80%, de acuerdo a cifras oficiales de organizamos especializados en estas mediciones científicas; y al bajo poder adquisitivo de los salarios como consecuencia de la galopante hiperinflación, lo cual coloca a este porcentaje de venezolanos en un estado de dependencia casi absoluta respecto al gobierno; y ese estado de vulnerabilidad genera la percepción psicológica de que no es posible sobrevivir sin las cajas del Clap.

En mi opinión el control es más psicológico que material, porque las cajas no resuelven la problemática general de la pobreza ni de la falta de alimentos; y eso lo aprendí de Yuleizy Liendo.

Durante varios meses estoy colaborando con la Plataforma Nacional de Conflictos en el estado Miranda, generando una alternativa organizacional “desde abajo” para crear las condiciones objetivas que faciliten una gran rebelión popular unificando todas las luchas sociales, gremiales, sindicales y políticas en una sola; y fue en estas actividades que conocí a esta bella barloventeña, de casi dos metros de estatura.

La primera vez que supe de Yuleizy Liendo fue a través de un video en el que apareció denunciando que las cajas del Clap que vendía la Gobernación en Tacarigua de La Laguna, Municipio Páez, del estado Miranda, estaban “ruyías” por los ratones; y luego hablé personalmente con ella en el foro/debate ¿VAMOS BIEN?, que efectuamos el 7 de septiembre en Río Chico, este 2019.

Allí le pregunté de dónde había sacado la valentía para denunciar esta irregularidad; y me respondió que ella sabía que le iban a quitar la bolsa porque ella viene del chavismo y había visto cómo actuaban los Jefes de Calles del Psuv cuando alguien se atreve a enfrentarlos.

Así fue. A Yuleizy le quitaron la  caja y la amenazaron con meterla presa si seguía “jodiendo”. Pues, esta negrura barloventeña siguió “jodiendo” y grabó otro video denunciando el acoso y amedrentamiento que le estaban aplicando.

Cuando le insistí que me explicara con detalles el proceso para tomar esa valiente decisión, me dijo: “Sergio, el problema es mental. Una noche me puse a pensar para qué me servía esa caja y la conclusión fue que no valía la pena seguir soportando la humillación de callarme por el temor de que me quitaran la caja; y cuando saqué los cálculos de la utilidad de la caja, caí en cuenta que apenas me alcanzaba para darle comida a mi familia durante tres días del mes y los otros 27 días yo tenía que resolver por mis propios medios. Así fue como me rebelé y ahora trabajo para alimentar a mi familia todo el mes y sin tener que aguantar la humillación o malos tratos de unas personas que ahora no se meten conmigo y me respetan como ciudadana venezolana”.

No hace falta meterle mucho academicismo a este testimonio para entender que está lleno de sabiduría popular y de dignidad, porque Yuleizy fue capaz de buscar una solución por sus propios medios y nos indica que es perfectamente posible romper con el yugo que implica depender de una caja.

A partir de esa conversación, el nombre de Yuleizy Liendo lo uso cada vez que en un foro/debate algún vecino me dice que la gente se acostumbró a lo malo y que hay terror a perder la caja del Clap si se denuncia alguna atrocidad del gobierno o de sus comisarios políticos en las comunidades más vulnerables. El cambio de mentalidad ha sido fenomenal, gracias a esta digna representante de la negritud barloventeña. Ahora soy su fan y somos amigos.

(*) Politólogo

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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