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(Opinión) La doble farsa. Por Enrique Ochoa Antich

Por Punto de Corte
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Enrique Ochoa Antich - del por ahora

Caracas, 06 de enero de 2020

Por: Enrique Ochoa Antich *

@eochoa_antich

Pena ajena, bochorno, tristeza. Imagen de gallinero, en la novena ascepción que el DRAE da a la palabra: Lugar donde la mucha gritería no deja que se entiendan unos con otros. ¿Turbamulta o parlamento? Piquetes policiales, juramentaciones paralelas, aparatosos brincos de rejas. ¿Qué tiene esto de democracia?

Mi primer impulso fue escribir un tweet contrario a lo que consideré un golpe de Estado contra el Poder Legislativo legítimo (calificación que en su momento usé cuando, sin referendo previo, a troche y moche y sin consenso, fue electa la espuria Asamblea Nacional Constituyente). Los elocuentes desacuerdos con su principal vocería tenían que importar menos que la defensa de la propia institución. Creí, de a primeras, la versión según la cual no se había permitido la entrada de los diputados a su recinto de sesiones. Parecían convincentes los videos en las redes. No me gustó, además, la atropellada juramentación que tenía lugar en el hemiciclo, con discursos por megáfono, mal verbo y precario porte de los involucrados. Pensé, por otra parte, que, por norma, funcionario que esté denunciado por la presunta comisión de algún delito, debe ponerse al margen y exigir las investigaciones que demuestren su inocencia. Sin hablar de las inhabilitaciones continuadas mediante las cuales el partido/Estado pretendió “rebanar” poco a poco la mayoría parlamentaria controlada por el G4.

Pero -más sabe el diablo por viejo que por diablo- al momento de proceder, con el trémulo índice casi rozando la pantalla del celular, hice memoria: recordé la patética e inconstitucional autojuramentación del año pasado, sólo consultada con el Departamento de Estado; la jacatonería vacía del “Sí o sí” cucuteño; la ridiculez de la escaramuza de La Carlota el 30A cuando el inefable nos hizo creer que hablaba desde dentro de las instalaciones militares y que detrás suyo estaban “todos los componentes de la Fuerza Armada” (sic). ¿Puede creérseles a estos farsantes?, me pregunté.

Convencido de que la trama política de este país desbarajustado no es en blanco y negro sino que abundan los grises; que no es verdad que podamos dividirnos mecánicamente en buenos y malos: dictadores allá y libertadores aquí, honrados aquí y corruptos allá; que esa Venezuela maniquea y dicotómica no es real, me dispuse a hurgar un poco más en la verdad de las cosas. Me niego, como individuo libérrimo, a dejarme chantajear por la falsa escogencia según la cual si no escojo a uno, estoy escogiendo al otro. Entre el peor y el peor, gobierno y oposición, ¡no escojo a ninguno!

Entonces, varios diputados del G4 contestaron a mis inquietudes confirmando que había quórum en la cámara, que esperaban por el presidente saliente y que para sorpresa de todos, éste no se presentó. El tufillo a “no tengo los votos, luego no doy la cara” era evidente. Luego vi un video tempranero del diputado William Dávila asegurando que estaban todos los diputados en Capitolio, incluyendo los suplentes por si algún principal faltaba, y que la oposición impondría su afán reeleccionista. Después el noticiero de la TV española me mostró a un Guaidó gestionando del lado de adentro del piquete policial la entrada de algunos diputados faltantes y mencionó sus apellidos: eran sólo tres. ¿Se trató, pirueta en el valladar inclusive, de la confección de un falso positivo a ver si “animan” a los gringos para que les hagan el favor de instalarlos en Miraflores sentados sobre la punta de sus bayonetas? Con estos caballeros, todo es posible.

Los venezolanos nunca conoceremos la verdad. Sería fácil hacerlo, y si tuviésemos instituciones creíbles y reconocidas por todos, un simple recurso ante el TSJ zanjaría esta absurda diatriba: sería suficiente con mandar a reunir de nuevo a todos los diputados y, mediante el voto nominal, imponer una confirmación de las votaciones efectuadas. Pero eso no ocurrirá.

Hay causas y culpas en este desastre, que no se inició ayer:

• Nada de esto habría pasado si la bancada del G4 hubiese respetado los acuerdos de la MUD en 2015 y un diputado de los grupos minoritarios hubiese ocupado la presidencia. O si hubiesen tenido el coraje de reconocer el fracaso de la estrategia del “mantra” de las tres sandeces y, por consecuencia, sus principales promotores y voceros se hubiesen hecho a un lado. O si, al incorporarse el PSUV a la cámara, por acuerdo de la Mesa Nacional de Diálogo, se hubiese buscado un pacto parlamentario y de convivencia Ejecutivo/Legislativo, en vez de continuar la lógica de la inútil confrontación.

• O si los otros, que dicen tener una nueva mayoría, entre diputados disidentes del G4 y del PSUV, hubiesen esperado hasta el extremo la presencia del presidente saliente. O si hubiesen postergado la sesión para el día posterior más inmediato posible, según posibilita el artículo 219 de la Constitución de la República, de modo de elegir la nueva directiva en presencia del G4, obligando a su aquiescencia, con integración en ella de algún diputado del PSUV, como tanto hemos propuesto, de modo de justificar el voto favorable del oficialismo.

La verdad es que alguien miente. Uno de los actores de esta doble farsa dice tener pero no tiene los votos para imponer su proclamada mayoría. ¿Qué consiguió en estos cuatro años el radicalismo infecundo del G4? Nada. O sí, algo: la destrucción de la AN, la principal plaza conquistada en 21 años de lucha democrática. ¿Beneficiario? Uno solo: el régimen autoritario. La principal víctima, el país: hambre, pobreza, atraso, enfermedad, muerte.

_Quo vadis_, Venezuela? Dos AN. Dos CNE. ¿Dos elecciones? ¿Dónde creemos que estarán los militares? ¿Van a intervenir los gringos, única alternativa que le va quedando a la oposición extremista? ¿Tiene sentido pagar ese infame costo? Maduro hasta 2025, probabilidad creíble. Tarea de la oposición democrática: pertrecharse de sus valores esenciales para cruzar ese desierto: voto, diálogo, tolerancia, reconciliación, paz, soberanía. Requisitos: deslindarse del extremismo. Ruta: democrática, la larga marcha por las instituciones, acumulación progresiva de fuerzas para enfrentar al autoritarismo dictatorialista. Con paciencia. Con moderación. Con maña. Como hicimos de 2006 a 2015. Que de la prisa sólo queda el cansancio, como estamos viendo. Cuanto antes comencemos, mejor.

(*)  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo (MAS). Miembro de la Concertación por el Cambio.

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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