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La gasolina colombiana ha sido el comodín de muchos venezolanos que residen cerca de frontera

Por Stefany Sánchez
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La gasolina colombiana ha sido el comodín de muchos venezolanos que residen cerca de frontera
Caracas, 01 de junio de 2020.-

La gasolina colombiana se ha convertido en una opción entre los habitantes de los municipios Bolívar y Pedro María Ureña, en el estado Táchira, quienes acuden a esta alternativa frente a la escasez de combustible venezolano.

Un trabajo publicado por el medio digital La Nación, señala que quienes transiten por las jurisdicciones fronterizas en el horario permitido, de 10:00 a.m. y hasta las 4:00 p.m., pueden evidenciar cómo se ha incrementado la venta de combustible colombiano en las calles.

Algunas comunidades disimulan más que otras.

Por ejemplo, en la vía principal de Llano de Jorge, comunidad conocida también como la zona Sur, se ven en las aceras botellas de dos litros de refrescos llenas del ahora anhelado carburante.

Los precios oscilan entre los 5.000 y 6.000 pesos. Al menos 16 puestos se contabilizaron a lo largo de la arteria vial.

Los “jaladores”

En el caso de las ciudades, Ureña y San Antonio del Táchira, la venta se hace de una manera menos descarada.

Hay grupos identificados como “jaladores” que llevan al interesado hasta el lugar donde puede adquirir el producto.

Esta gasolina ingresa a Venezuela por los llamados “caminos irregulares”.  Los “trocheros” o “maleteros” son los grupos que se encargan de pasar las pimpinas hacia el “territorio veneco”, como dicen los habitantes del vecino país.

Y es que, a simple vista, los roles se han invertido. El combustible venezolano no surca los “caminos verdes” como antes. Ahora, frente a la escasez del mismo, el que tiene sello neogranadino es el que está resolviendo la movilidad de cientos de ciudadanos.

“Le gano 8.000 pesos a cada pimpina”

Ligia Medina, de 52 años, lleva 20 días ofreciendo gasolina colombiana en San Antonio del Táchira. “Qué más hace uno si todo está paralizado”, dijo mientras movía el embudo como señal de que sí hay el preciado producto.

“Vendo en 5.000 pesos los dos litros”, recalcó Medina a La Nación, justo en el momento en el que un cliente estacionó la moto frente a ella para solicitar el servicio. La dama ingresó a su vivienda, la buscó y, raudamente, se dispuso a vaciarla en el vehículo.

“A mí me gustaría estar en mi oficina, con aire acondicionado, como antes, pero nada está funcionando”, lamentó quien ha tenido que adaptarse a estos virajes, algo radicales, en donde la “informalidad” se está expandiendo.

Medina le gana a cada pimpina, de 25 litros, un aproximado de 8.000 pesos. “Eso alcanza para comprar la comida”, sentenció quien espera que las cosas mejoren en los próximos meses. “Son muy pocas las opciones para trabajar”, enfatizó.

Trabajo extraído de La Nación

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