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(Opinión) La normalización madurista. Por Enrique Ochoa Antich

Por Enrique Ochoa Antich
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Enrique Ochoa Antich - del por ahora
Caracas, 25 de noviembre de 2019.
Por: Enrique Ochoa Antich *
@eochoa_antich

Allá en el centro del culto, el presidente saluda a la multitud. Estos miles han sido movilizados hasta aquí para celebrarle al caudillo un nuevo año de vida. Se escuchan ditirambos: Larga vida, Presidente Obrero, ¡Campeón del Diálogo y de la Paz!, Conductor de Victorias, ¡Leales siempre, traidores nunca! Es el festejo de la aclamación. Señor de estos dominios -es decir, de esta catástrofe- Maduro se arrellana en su real poltrona. Sí, el presidente se siente en posesión de esta comarca. Respira profundo, suspira y sonríe. Una como calma chicha cubre el firmamento.

Previsibles, siempre previsibles, sus enemigos repiten una y otra vez sus mismos errores. ¡Calle, calle, calle!, se desgañita un diputado en lontananza. Se hace llamar Presidente (E), y todos nos preguntamos si esa “e” es por etéreo, es decir, volátil, ficticio, gaseoso. Calle sin propósito, calle sin estrategia, calle laberinto, sólo para que la población se hastíe de la protesta (como en 2002, en tiempos del Comandante Eterno).

-Favor que nos hacen, dice el presidente a sus inmediatos colaboradores.

Nada que anticipe una perspectiva de desarrollo para el país, de prosperidad y justicia social, menos aún de profundización democrática, pero comienza a hacerse evidente que Maduro y sus adláteres han conseguido estabilizar un sistema que funciona, les funciona. Es lo que me atrevo a llamar “normalización madurista”.

A través de medidas claramente liberales, aunque imperfectas, tardías e inconexas, los socialistas de Maduro están consiguiendo encender de nuevo los motores del atrofiado aparato productivo venezolano. Encaje bancario, liberación de precios, dolarización, algunas privatizaciones, estímulos impositivos: en cristiano, un ajuste.

Los directores de Ecoanalítica, Pedro Palma y Asdrúbal Oliveros, informaron sus perspectivas para 2020:

I. Inflación:

La inflación se ha desacelerado de manera importante: de una variación en torno a 2.000.000 % en 2018, se espera que este año se ubique en 18.500 %.

• Se ha pasado de una inflación superior al 200% en los meses de enero y febrero, a una tasa de inflación de 20% en octubre.

• Para 2020 se espera que de 18.000 % se desacelere a 3.014 %.

II. PIB:

La proyección de Ecoanalítica es que este año el PIB sufra una contracción de 39,1%, donde el PIB petrolero cae 25,2% y el no petrolero 44,3%.

Para 2020 la perspectiva es una nueva caída del PIB pero de 10,8% (objetivamente hablando, una recuperación) con un precio promedio de la cesta petrolera venezolana en torno a 55,7 dólares el barril.

III. Dólar:

El tipo de cambio paralelo cerraría el próximo año en 1.328.395 bolívares por dólar y el oficial en 1.315.111 bolívares por dólar.

• Más del 50% de las transacciones usan hoy el dólar y el próximo año será del 54 %.

A todo lo anterior hay que añadir la consolidación de un dispositivo de sistematización de la miseria que amortigua el impacto social del ajuste: CLAP, pensiones, un bono aquí, otro bono allá, viviendas, útiles escolares, becas, en fin. Con 700.000 barriles de petróleo/día el régimen madurista tiene recursos suficientes para sostener las prebendas de su principal soporte: la burocracia (militares, policías, milicia, funcionarios, partido).

Agréguense como guindas de este cóctel las siguientes tres:

• Que las sanciones gringas han ofrendado el discurso ideológico que el chavismo-madurismo requería para “explicar” y justificar su fracaso y así broquelar y endurecer su núcleo militante más leal;

• Que la inconstitucionalidad del Estado se ha hecho ya parte del paisaje (agita el presidente su librito azul y debería decir: “Fuera de la Constitución todo, dentro de la Constitución nada”), creando una fisología institucional propia a sus intereses proto-totalitarios;

• Y que esta oposición hegemonizada por el extremismo, dividida, debilitada, fácil presa de las provocaciones que urde la Sala Situacional del “régimen”, cumplidora del guión que le redactan en Miraflores, liderada por un autócrata de artificio sin consistencia alguna, no es un adversario de temer.

Las cifras de la economía hoy día y el entorno político que comentamos comprueban que, luego del fracaso de la errada estrategia de la oposición 2019, Maduro ha logrado una “normalización” (entre comillas pero normalización, es decir un país a imagen y semejanza de sus propósitos perpetuacionistas): una institucionalidad y una economía no para la democracia ni para el desarrollo pero que le funcionan bien. O sea, el proyecto de hegemonía madurista ha tenido éxito (claro, con la invalorable contribución de la necia oposición extremista, objetivamente colaboracionista).

Para tener en cuenta a la hora de diseñar una nueva estrategia que reoriente a la oposición verdaderamente democrática.

(*)  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo (MAS). Miembro de la Concertación por el Cambio.

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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