Inicio Opinión (Opinión) La penúltima expedición de + 10. Por Walter Castro Salerno

(Opinión) La penúltima expedición de + 10. Por Walter Castro Salerno

Por Punto de Corte
Fallece Carlos Cruz Diez

Caracas, 5 de agosto de 2019.

Por: Walter Castro Salerno

Con la desaparición del artista venezolano, maestro Carlos + 10,  (Caracas, La Pastora, agosto 1923− París, julio 2019), se va igualmente un concepto revolucionario del arte y la «praxis» del mismo. Es decir, la faena de la creación artística concebida y realizada tanto  una expedición osada a los territorios donde moran el misterio y el sueño, así como incesante zigzag aleatorio de aprendizaje, lucha y continua búsqueda.

Es obvio que tal exploración, casi de mago, de hechicero, de vidente, debe contar con un escenario, o mejor dicho una geografía saludable. Que le sea propicia y estimulante. Eso fue lo que ocurrió con + 10 y el París de la década de los 60, del pasado siglo XX.

Ya anteriormente la bien llamada «Ciudad Luz» e identificada por Walter Benjamin, (1) como la capital del siglo XIX, había jugado  un rol preponderante en la explosión de los numerosos «ismos» que pululan  en las artes plásticas, la escultura, la música, la poesía, el teatro, el cine, la danza… La «joie de vivre». Entre las dos guerras mundiales y, luego de la segunda, eclosionan la «generación perdida» americana, el cubismo, dadaísmo, fovismo y surrealismo, el existencialismo. De modo que como apuntáramos en otro texto (2):» Madre nutricia fue París, para albergar, sostener y empujar una constelación de poetas, artistas y escritores quienes al resplandecer con los centelleantes fuegos de sus  sueños, faenas y vivencias, legaron al resto de míseros mortales que somos, la trascendente claridad del arte».

Tal fue ese marco donde se desenvolvió y cobro fuerza mágica, universalismo y grandeza, la obra de + 10, y muchos venezolanos, como entre otros, Pascual Navarro, Jesús Soto, Oswaldo Vigas. Carreño, Otero, Juvenal Ravelo,    alojados en la Francia de los 60’. Todos en distintos caminos, cada uno a su cuenta y riesgo, pero en permanente búsqueda e inquisición sobre las formas, el espacio, el tiempo, la luz y su velocidad, el movimiento, la desintegración de los núcleos de los átomos que constituyen la materia.

Francamente carajo esa pléyade de venezolanos, en el París de los 60’, estaba en todo. Fraguaban una verdadera revolución. Justamente fue en esas fechas claves que comenzó a gestarse lo que sería la revuelta del mayo francés de 1968. «prohibido prohibir”, “la imaginación al poder», «aquí se habla mal de todo y de todos… inclusive hasta del venerable presidente  y líder de la resistencia al nazismo y héroe de guerra, Charles De Gaulle. Era absolutamente impensable que fuese un sargento con un mazo en la tv a dictar ukases y decretos prohibiendo a alguien pensar y expresar libremente su opinión.

Esterilizando el cerebro del ciudadano, y mucho menos si este se encuentra en proceso de creación artística e intelectual.  La revolución, una revolución sin importar cual sea su sello, o categoría, y en todos los campos del humano actuar, es fundamentalmente un hecho de irreverencia y reclamo. Protesta  y arremetida contra la estulticia y la obsecuencia. Lo escribía Guillermo de Torre, joven participante en el movimiento dadaísta:»Cualquier alzamiento es la vindicación de un espíritu libre». Acaso no lo había postulado, tiempo atrás, el sabio pedagogo Simón Rodríguez:» O inventamos, o erramos».

En sus expediciones, + 10 singularmente se dedico a estudiar la naturaleza del color. Y lo hizo girar como fuerza autónoma, pero también efímera, fugaz, como un neutrino o un fotón, tanto en el espacio, como en el tiempo. Nos dice:» En los últimos 50 años, he insistido en llevar el color al espacio, sin soporte y sin anécdota, revelándolo en su ambigüedad, como circunstancia efímera, en continua mutación creando realidades autónomas». Y «reafirma: «Por mi trayectoria cromática intento evidenciar el color como una situación efímera, como una realidad autónoma en continua mutación. Es una realidad porque los acontecimientos tienen lugar en el espacio y en el tiempo real. Sin pasado ni futuro, en un presente perpetuo. Es autónomo porque su puesta en evidencia no depende de la forma o de lo anecdótico, ni siquiera del soporte».(3)

Como nota complementaria a este texto valga subrayar la contagiosa jovialidad, la risa, la humildad y generosidad de alma del maestro Carlos + 10, quien allá en su amado Paris, bajo el calor de julio, ha iniciado su penúltima expedición. La que le lleva a la inmortalidad y la gloria.

(1) Walter Benjamin. Paris, capital del siglo XIX.

(2) Walter Castro Salerno. El Paris de Hemingway y Formas con Esencia. Grijalbo Mondadori.

(3) Carlos Cruz Diez. Observaciones.

Correo electrónico: walterjosecastro@yahoo.es

* Punto de Corte no se hace responsable de las las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.


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