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(Opinión) Las tres oposiciones. Por Enrique Ochoa Antich

Por Enrique Ochoa Antich
Enrique Ochoa Antich - del por ahora

Caracas, 2 de septiembre de 2019.

Por: Enrique Ochoa Antich *

@eochoa_antich

…y quizá son más. A ver.

Por aquel lado derecho de las tablas, como quien bordea el abismo del escotillón, está la parva pero ruidosa y muy bien pagada oposición extremista radical, con su Juana de Arco blandiendo su espada y flameando estandartes. Si echamos la película para atrás, la veremos en todas las derrotas: el golpe de Estado del 12A, el paro fallido, las abstenciones estériles, las guarimbas con guerreros templarios de escudos de cartón, la muerte, el fracaso. Tienen en su haber, sí, la coherencia: sin ambages ni medias tintas, rechazan todo diálogo, claman por una invasión gringa (muy lejos del frente de batalla, eso sí), no creen en el voto. Su clase es la alta burguesía y suyos sus valores. Su signo es el espejismo: la marcha del no-retorno, la salida ya, el quiebre, la ruta del coraje, el abandono del cargo, el gobierno paralelo, el cese a la usurpación, el 350, el 187-11 y demás babiecadas. Sus tres capitanejos pagarían el elevado precio de una guerra civil (desde el exilio, claro). En fin, perecerán por inanición… a menos que el Pentágono les haga el mandado.

Una de sus legiones, hoy objeto de feroces invectivas, ha tenido la osadía de moverse hacia el eje del plató, por el proscenio del escenario, hacia la concha del apuntador, y acoplarse a la que era oposición moderada (ésa que nos llevó de victoria en victoria de 2006 a 2015… para perder el rumbo después), aproximarse a ella para con su aliento diabólico, con su hechizo y su dinero, arrastrarla a sus predios y convertirla, taumaturgia política mediante, en oposición extremista moderada. Voluntarios reconciliados con sus compinches justicieros. Así tenemos a la segunda oposición que paso a detallar.

Está colocada más hacia el centro… de la derecha. La he llamado en otros tiempos oposición merengue, así bautizada porque solían dar un pasito para acá y luego un pasito para allá. Sus capitostes, comenzando por el azaroso y pocaterreano «mesías» que se dijo presidente aunque no lo sea, naufragan entre dos aguas. Hoy moderados, mañana radicales. Hoy demócratas, mañana autoritarios. Hoy dialogan, mañana no. Hoy pregonan la paz, mañana construyen barricadas sangrientas. Critican la injerencia rusa, china o cubana pero caen de hinojos a las puertas del Departamento de Estado clamando furia, sanciones, guerra e invasión. Ayer votaban, hoy no, mañana quién sabe. Dicen, con supina irresponsabilidad: «No le tememos a una guerra civil» (¿sabrán lo que dicen?). Su clase es la alta clase media y suyos sus valores. Esta oposición escindida (Dr. Jekyll con su Mr. Hyde por dentro) tiene la legitimidad que le dan 50 países y el espaldarazo del imperio: para muchos, aquí y afuera, es la oposición. Se ha apropiado de su franquicia. Ser la fuerza hegemónica en la Asamblea Nacional no es poca cosa. Hasta hoy, las encuestas dicen que es la porción mayoritaria en el campo opositor. Oposición extremista moderada.

Adosada a su costado izquierdo, está la escuadra de los tibios, los contemporizadores que critican el extremismo pero le guiñan el ojo. Intelectuales, viejos líderes políticos, incluso partidos de prosapia, que coquetean con quienes son sus contrarios, esos de los que denigran en privado. Las multitudes que hoy acompañan a la oposición extremista moderada y a las que hay que agradar, son su principal coartada. Los distingue un excesivo sentido de la oportunidad, para ser decentes. Curules, curules, curules. Así que callan y se pliegan. Pero allá siempre serán tratados con desprecio, por plebeyos y medio izquierdistas. Socios molestos y menores, si acaso.

Y por último está la tercera oposición, más hacia el lado de la platea. Un vasto tercer sector de la población fatigado de los polos, del pleito destructivo. Que parece vocear por consigna: ¡Ni gobierno ni oposición sino todo lo contrario! Vasto, digo, pero sin representación política, aún. Excepto un archipiélago de pequeñas organizaciones (unas de centro-derecha, otras de centro-izquierda) que, excepto dos (Soluciones y Redes), prefieren conservar sus señas de identidad antes que integrarse en una nueva referencia contraria a, y más allá de la polarización. Conservar sus señas propias… aunque piensen y digan lo mismo y actúen igual. Curioso misterio. ¿Aspiraciones candidaturales (legítimas)? ¿Y es que no podemos escoger al abanderado mediante encuestas y/o elecciones primarias? ¿No es preferible ser una fuerza del 20 %, para comenzar, en vez de diez fuercitas menguadas de 1 c/u? La historia al alcance de la mano. Destino que reclama audacia y determinación (que parece no existir). Sin integración que testimonie la voluntad de ser (una nueva referencia), el tercer sector emigrará hacia ambos polos, más a uno que a otro, y hacia la abstención.

Oposición democrática. Centro democrático. Con un plan: la ruta democrática: voto, siempre; diálogo y negociación, siempre; protesta, sólo pacífica; defensa de la soberanía, jamás tutelaje ni injerencia. Aquí un doble deslinde: con el gobierno (el peor de toda nuestra historia), claro, pero con las dos oposiciones extremistas. Nueva oposición. La otra oposición. Alimentada por dos afluentes básicos: la disidencia de la oposición clásica, por un lado, y el chavismo disidente, por el otro, ambos persuadidos de que una nueva alternativa politica debe estar definida por la reconciliación. Sus clases son la baja clase media y los trabajadores y suyos deben ser sus valores. Sus dos tareas: la reinstitucionalización del Estado (reconstitucionalización de las instituciones) y la reconstrucción de las fuerzas productivas (y de la infraestructura de servicios) del país). Ojalá sea posible.

Tres oposiciones, pues: la extremista radical, la extremista moderada, la democrática. Preferible decirlo con claridad en vez de engañar incautos. La unidad de todos no es posible. ¿Cómo unir al que quiere votar siempre con el que no? ¿Cómo unir al pacifista con el violento? ¿Cómo unir al soberanista irreductible con el que inclina la cerviz ante la bandera de los barrotes y las 50 estrellas? ¿Acaso la unidad es un tótem al que debemos adorar? La unidad que en realidad cuenta es la del país, no la de la oposición. Menos ahora cuando siendo el rechazo al gobierno tan amplio, dos oposiciones en disputa pueden ocupar el primer y el segundo lugar de cualquier espectro electoral, relegando al madurismo al último, y ser gobierno y oposición en la Venezuela que viene, respectivamente.

Tres oposiciones. Un gobierno. Venezuela, un país que aún pugna por entrar al siglo XXI.

(*)  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo (MAS). Miembro de la Concertación por el Cambio.

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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