Inicio ReportajesEntrevistas [Exclusiva PDC] Lorent Saleh: “Es muy duro ver a un funcionario que tortura y llora al mismo tiempo”

[Exclusiva PDC] Lorent Saleh: “Es muy duro ver a un funcionario que tortura y llora al mismo tiempo”

Por Sebastiana Barraez
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(II parte) Entrevista exclusiva para PuntodeCorte.com

Sebastiana Barráez

@SebastianaB

Es impresionante la cantidad de gente que lo cree un personaje violento y terrorista. Durante las horas que estuvo frente a mí, vi a un chico que ha vivido a prisa, muy a prisa. Es capaz de hablar de sus errores, con la misma facilidad que reconoce su llanto. Lorent Enrique Gómez Saleh no oculta la atracción que sintió por la violencia, pero también agrega “ya pasé por eso y no es la mejor vía”. Hoy ve el mundo distinto. No se puede permitir ser un aventurero. Es papá.

Tiene una sonrisa a veces tímida, otras nerviosa, como un tic. Confiesa que desde niño fue muy sensible. De adolescente descubrió que la protesta era una vía para impedir cosas o para presionar a que se realizaran, como lo hizo en San Cristóbal cuando iban a cortar los árboles o contra el maltrato animal.

Dice que la suya es una generación marcada por hechos cómo el golpe de Abril 2002, la imágenes de Puente Llaguno, el asesinato de los hermanos Fadoul, las acciones violentas de Joao De Gouveia en Plaza Altamira, las mujeres tiradas contra el piso en Carabobo y aquellos sacados de los campos petroleros. “En la Universidad lo ocurrido con el cierre de Radio Caracas Televisión fue un interruptor”.

Reconoce que el drama del preso político es que no sabe cuándo va a salir, “si por una negociación, porque invadieron o no sales nunca”. Confiesa que en las últimas semanas, antes de salir, había llegado a tener tanta paz que se sentía libre. “Eso prendió mis alarmas, porque me veía en el espejo de quienes tenían más tiempo que yo”.

Hay tres personas que Lorent Saleh considera “claves para entender el aparato represor y terrorista del régimen venezolano: Ortega Díaz, Rodríguez Torres y Gabriela Ramírez”, a quienes les pide contar la verdad.

Relata que, a finales del 2011, tuvo la huelga de hambre en la OEA, donde lograron la libertad de 11 presos políticos. “Todo eso se da en el marco de una negociación con Tarek El Aissami, entonces ministro de Interior y Justicia, quién se presentó a hablar conmigo en la huelga enviado por Hugo Chávez, según dijo”.

¿Cuál es el momento en el que ha sentido más miedo?

(silencio muy largo) Una vez cuando me secuestró el hampa común y fue una de las razones por las que decido estar más tiempo afuera. Fue horrible lo que vi en ese secuestro, porque todo era impredecible. Sentí miedo profundo. También una vez que estaba en La Tumba y me subieron a la planta baja para tomarme una foto. Sentí mucho miedo porque sentí extraña la superficie, quería regresar a mi celda. Después del motín liberan a todos los compañeros y aplican un castigo muy fuerte, me tocó estar ahí solo; estaba muy enfermo, también sentí miedo y ese miedo lo he sentido porque es como el riesgo de mimetizarte con eso, porque he visto hombres a quien se lo traga esto, los ves de pie, pero, sin luz, y esa posibilidad de rendición es la que quizás me ha hecho sentir más miedo.

¿Algún carcelero le dejó marca emocional?

¡!Wao!! Un coronel que venía después de Gustavo López, era muy cruel, se llama Juvenal. Cuando matan a Robert Serra, yo tenía unas pocas semanas en La Tumba, donde ese primer proceso era rudo, así como el sonido de la llave venía de por allá, abriendo las puertas plum, plum, haciéndote temblar. Estás ahí aislado en esa mi… tan chiquitica, pero se sintió como una tensión que arropó a ese lugar. Me sacan de mí celda y dicen: “asesinaron a Robert Serra, maldito. ¿Qué tuviste que ver?”. Esa presión y ese interrogatorio que me montaron fue muy duro, llegué muy asustado a mí celda. Ese coronel fue muy cruel, cruel, cruel.

¿Sintió alguna vez que lo quebraron? ¿Estar dispuesto a decir lo que ellos querían oír?

(enfático) Jamás. Prefería cortarme ahí mismo, me les mato aquí hiju… pero eso no lo iban a lograr. La fiscal Katherine Harrington bajaba a eso. Yo temblando. Y ella  ¿Quieres que le baje al frío? Di esto y esto y esto. Di que Ledezma tal y que Leopoldo tal cosa, me decía ella. Yo aguantaba. Una vez estaba muy flaco, pesaba como 40 y algo y muy enfermo, el pelo rapado; mi mamá venía a visitarme. Imagínese la escena, en una celda, no sabía ni la hora, ni el día, secándote los ojos, tratando de verte bien, porque sabes que tú mama está sufriendo. Me sacan a una sala con unos espejos, y las cámaras grabando todo; del otro lado mi mama tratando de entrar lo mejor posible a verme, pero cuando me ve así de mal, se pone a llorar, y yo también. Le afectaba la falta de solidaridad de tanta gente; había más presidentes en el mundo pronunciándose que los diputados de la Asamblea Nacional.

Lloraban juntos.

Sí, estábamos llorando simultáneamente. De repente mi mamá se para y golpea la mesa, y me dice: “aguante, no j.., aguante que yo parí un varón. De ésta salimos, no nos van a derrotar”. ¡Imagine cuando tú mamá te dice eso! Ya había pasado por tantas cosas, un montón de veces detenido, una mamá y una familia que nunca sintió vergüenza, ni me cuestionó la lucha, creo que fueron un plus que me dieron herramientas para mantenerme ahí fuerte. Si traicionaba a alguien o algo, si renunciaba y creía que por lo que luchábamos no está bien, ahí sí iba a perder el tiempo en prisión, pero lo único que me daba fuerza era saber que era lo correcto y que me tuvieron que buscar en Colombia y meterme ahí, porque no estaba dispuesto a callarme, sino a seguir luchando.

¿Cuénteme cómo fue ese hecho con Tareck El Aissami?

Aunque los partidos políticos siempre trataban de infiltrar las huelgas para poder controlarlas, yo enviaba todos los días los exámenes de sangre para que se dieran cuenta que no estaba comiendo; esa huelga duró 21 días. Una madrugada Tareck me escribe preguntándome qué es lo que realmente queremos. Le respondo que le den libertad a un número de personas presas y que venga la comisión de Derechos Humanos. Él insiste en que queremos tumbar al Gobierno. Le respondo que de qué sirve cambiar a Hugo Chávez si va a seguir el problema de la contaminación del agua, de los hospitales. Empezamos a debatir. Le dije que a mí no me viniera con el cuento del antiimperialismo porque mi familia es palestina; yo soy gocho palestino, le dije. Me negué a ir a su oficina. Sabía que sí me levantaba iba a perder la poca fuerza que tenía y queríamos esperar por José Miguel Insulza. Cuando me están sacando la sangre, y viene llegando Globovisión, me desmayé. Supongo que en el gobierno se prendieron las alarmas y Tareck me dice «vamos a reunirnos». Le digo: «Venga usted». Así se montó una operación para que nadie lo viera, porque él no quería. Solo una señora lo vio desde un edificio y le gritó «Tareck te amo». Y la periodista Mariana Reyes que lo agarra cuando él va saliendo escondido.

¿Qué pasó en esa conversación entre ustedes?

Le enseñé cada caso. Le menciono a Alejandro Peña Esclusa, me responde que es innegociable; con los hermanos Guevara (Otoniel y Rolando), dice que es punto de honor para la revolución igual que Iván Simonovis y Mazuco. Él tenía un teléfono comunicándose con Miraflores; pero se logró que salieran Otto Gebauer, Felipe Rodríguez, Silvio Mérida, Freddy Curupe, Biaggio Pirelli. Un sector enfrentado a Tareck desde la ULA, monta otra huelga y por eso no salen los policías metropolitanos.

¿Cuénteme cómo fue lo de la foto frente a Miraflores?

Estábamos denunciando la situación de las cárceles. Nos vamos para un evento en Los Próceres y le llego a Maduro que era canciller y lo pongo a hablar con los familiares de los presos. Hablé con Héctor Rodríguez, pero despreció a la gente, la mayoría chavistas. Anuncian ahí que Chávez viene a Venezuela, porque ya estaba lo de su enfermedad, por lo que le digo a los muchachos que vayamos y le reclamamos a Chávez. Llegamos hasta frente al balcón. Agarramos los afiches de Chávez que nos entregaban y por detrás escribíamos “respeten los derechos humanos”. Esa fue una época en que estábamos desafiando al régimen y demostrar que podíamos llegarles. Sabía que al acabarse la transmisión vienen por mí. La hija de Chávez, María Virginia, es la primera en reconocerme, por lo que apenas termina la cadena me les logro escapar.

¿Qué pasó?

Llegué a la Defensoría en la torre Latino. Esa noche nos vamos para Puente Llaguno, donde tenemos un choque con La Piedrita. De ahí en adelante, ellos no llegaban a la Torre del Latino y nosotros no íbamos a Puente Llaguno. Al otro día era el gran desfile en Los Próceres, por el Bicentenario, con asistencia de presidentes de todo el mundo y había temor que lo saboteáramos, y sí queríamos hacerlo denunciando la violación de los derechos humanos. Rodearon con el Cicpc y el Sebin todo el lugar donde estábamos. El director de la Policía Nacional me dijo que la orden era neutralizarme si salía de ahí. Niñadas de uno. Me les escapo por atrás en moto, llego a Los Próceres, tomo una foto y la envío diciendo “aquí los estoy esperando” y me regreso a la torre Latino. Como a unos de los muchachos los agarran en la esquina de El Universal, me voy hasta allá caminando, pero una camioneta me golpea y salen unos comandos a golpearme. Me montan en la camioneta y me lanzo, me vuelven a agarrar y me llevan al SEBIN; me dan una paliza y me suben al piso 10 u 11, cerca de una ventana. Abro la ventana y amenazo con lanzarme sino liberan a los compañeros que detuvieron, lo que finalmente hacen, Luego me llevaron al Helicoide. Cuando se fue la última misión diplomática del país me soltaron en la Avenida Victoria. Ahí estaba el CICPC extorsionando a una licorería y después me iban a j.. porque los vi. El SEBIN tuvo que regresar a rescatarme y dejarme más cerquita de donde estaba mi familia Eso fue a finales del 2011. En esas semanas fue lo de Mario Silva.

¿Qué pasó con Mario Silva?

Estando en la Torre Latino me dicen que Mario Silva está diciendo que soy de la CIA y ese tipo de cosas. Me voy, en un Aveo, con cinco de los muchachos que estaban conmigo, a pedir un derecho de palabra en Venezolana de Televisión. Ingenuo que es uno. En el patio de VTV tomo una foto, sigo hasta donde está el vigilante y le pido acceso al estudio de Mario Silva. Me dice que no tiene comunicación con el estudio, pero que en el estacionamiento están sus escoltas. Vamos hacia el estacionamiento y bajan unos muchachos con fusiles en la mano, pero amables en el trato a quienes les insisto en ir al programa. Responden que él ya va a salir, pero me prohíben esperarlo y dicen que debemos irnos. Luego de mucho insistir, les digo que regreso al día siguiente. Colocó la foto en mi Twitter, diciéndole a Mario Silva a qué había ido a VTV, pero que no me quiso dar la cara. De regreso a la Torre Latino, vemos en la tv a Silva junto con Morín decir “mentiroso, tú no estuviste aquí”. Caigo en la trampa y me regreso para el canal; afuera estaban todas las camionetas de sus escoltas y había un montón de hombres. Después de parar el carrito más adelante, nos bajamos. Cuando los tipos armados se acercan les digo “¿Mire y Mario Silva?”. Yo creía era una cosa …(risas y risas)

Usted creía que iba a ser una cosa entre hombres.

(risas) Si. Uno de los tipos me dice “Mario Silva te manda esto” y se nos viene encima. Nos dieron una golpiza brutal. La gente de los edificios empezó a tocar cacerolas y a lanzarles cosas. Los tipos nos robaron todo lo que traíamos encima y las tiraban para dentro de VTV. Gracias a la presión de la gente nos dejaron de golpear y pudimos marcharnos de allí. Nos fuimos para PoliChacao y allá llego mi mama y me llevó hasta SaludChacao. Así golpeado decidí regresar a la carpa, pero en la madrugada me sacan casi convulsionando y estuve hospitalizado varios días. Esas denuncias se hicieron todas, porque la gente de los alrededores había grabado. Ni Gabriela Ramírez ni Luisa Ortega Díaz respondieron.

¿Por qué alguna de esas cosas que hizo antes no las haría ahora?

Porque es muy arriesgado y, ahorita en esta condición de papá, uno cambia radicalmente la perspectiva del mundo. Arriesgué mi vida un montón de veces. Lo hice cuando fui a la frontera por la entrega de ayuda humanitaria y me he cuestionado, porque daño a personas que me quieren y me aman, cuando defender los derechos humanos es una decisión mía. Cuando los psicólogos, encargados del informe sobre mi proceso de prisión y tortura, me preguntaron qué fue lo que más me cambió de todo esto, respondí: La comprensión.

Explíqueme eso.

Ya llevaba 7 años luchando por la liberación de presos políticos, así como denunciando la tortura. después me tocó estar desde lo más íntimo y estar tan cerca del funcionario que puede ejercer algún tipo de tortura, no son robots ni animales sino personas. Con tanto tiempo para sentir, observar y analizar es innegable plantearse debates sobre el comportamiento humano.

¿Algunas de esas conclusiones?

Que no todo es blanco o negro. No es tan simple. Está el que tortura por obediente, que no sabe de política ni le interesa. Está el que tortura por razón política e ideológica; funcionario con grado importante de resentimiento, que tortura y lastima porque él es un chavista que defiende la revolución y el torturado es un escuálido apátrida. Está el que tortura, aun cuando odia a Chávez y a Maduro, pero lo disfruta. Y finalmente, está el que tortura por razones económicas, así sea votando por Capriles o por María Corina, por Diosdado o por Maduro.

¿Qué fue más difícil, el hacinamiento o la soledad?

(suspira) La soledad. En el hacinamiento, lo difícil era aceptar que se torturara a alguien y no decir nada, comer mientras alguien está llorando y suplicando. No es lo mismo ser preso político que ser preso activista en derechos humanos. La visibilidad que pudiera tener como preso me daba cierta protección, pero traía consigo una responsabilidad de denunciar y pelear por aquellos invisibles que están mucho más vulnerables, porque la mayoría de los presos son invisibles. Ahí estás bajo custodia y en convivencia con un organismo que es esencialmente una estructura de extorsión donde la corrupción lo es todo, donde puedes tener desde una laptop, mujeres, licor y lo que sea, como estar en un tigrito donde no puedes ni ponerte de pie.

¿Cómo se sobrevive?

Estando preso es cuando más fiel debes ser a tu causa. puede ser que pagando en esa dinámica te vaya un poco mejor, pero pierde sentido estar ahí. Ya es demasiado feo estar preso, como para que no tenga sentido. Mi mamá me dice que a mí me robaron esos años de vida en prisión, pero es que no me los robaron, los viví, aunque fueron muy duros, me quebré muchas veces, lloré muchísimas noches, sufrí muchísimo. Y ahora estoy aquí, pero entiendo que torturado es torturado así este en el Helicoide o en Guantánamo.

¿Cuál fue el caso que más le impactó en la cárcel?

(silencio largo) Durante cuatro años, no podía salir de mi celda; incluso mi visita la recibía en mi celda. En una época la tenía suspendida y estaba pegado a la reja cuando veo a un señor afanado, quien me pide una bolsa. La comida de la semana que le daban en la cárcel, él la guardaba para dársela a los hijos en la visita. Ese día lloré mucho. El gran drama del preso es que el tiempo pasa y saben que sus hijos están afuera y que no vas a poder regresar el tiempo ni compensar esa falta, pero si a eso le sumas saber que tu hijo no tiene qué comer, es peor aún. Sebastiana, a mi celda metieron a dos presos a quienes les agarré mucho cariño. Uno de ellos se había caído y estuvo llorando durante casi dos días seguidos; en su finquita de Guatire, le encontraron enterrados unos fusiles de los del asalto a Paramacay. Estaba muy triste, su hijo no había podido ir a visitarlo porque no tenía zapatos. Esa es una realidad que te cachetea, que te duele. 

¿Cómo fue el contraste de La Tumba para El Helicoide?

Fue muy duro. Al principio tenía que usar tapones en los oídos, porque el ruido me afectó en extremo, además por las defensas muy bajas, me enfermé. El día que más sufrí Sebastiana, estaba acostado y me voy hasta la reja porque escucho algo. Era un hombre llorando desgarradoramente, luego golpes, llanto, sufrimiento y risas. Grito: funcionario, funcionario. Uno de ellos llega agitado, sudando, con sangre en las manos, me sonríe: “¿qué tienes Lorent? ¿En que te puedo ayudar?”. Y lo dice con educación, con amabilidad. No pensé que ese funcionario era capaz de torturar. Esa fue la primera vez en la vida en que me quedé sin palabras. Me eché hacia atrás, me acosté y empecé a llorar tanto que terminaron metiéndose en la celda y sedándome; me sentí miserable, cobarde, me sentí muy al venezolano que sabe lo que está pasando. Entendí que esto es más complejo. Es muy duro ver a un funcionario que tortura y llora al mismo tiempo. Funcionarios que aún con los zapatos rotos siguen siendo fiel a un sistema cruel que los tiene pasando hambre. Me conmovía mucho la gente mayor, aquellos que si salían no tenían con quién estar porque lo habían perdido todo. Me impresiona mucho ver tipos duros y entrenados arrodillándose para que otro más pequeño lo golpee. Cómo un sistema puede reducir a alguien con el tiempo y convertirlo en una sombra.

¿Entonces, la libertad?

Descubrí el tema de la libertad después de que he perdido tantas cosas, tantas veces. Cada cosita que tú podías tener en prisión te hacía más preso todavía. “No digas nada porque nos van a quitar el televisor” “No digas nada porque nos quitan la visita”. La persona sólo está libre cuando está dispuesto a perderlo todo, y sin temor, una y otra vez. El tema de estar preso es enfrentar la realidad del tiempo, porque te detienen, pero no detienen el paso del tiempo. De los que sí estamos seguros es que en algún momento vamos a morir y eso angustia porque no podemos comprar tiempo. Estar sin libertad física ya es un drama y siendo inocente es mucho peor.

Por lo ocurrido con Tareck El Aissami me da la impresión que ellos no sabían quién era usted, de dónde venía.

Cada ladrón juzga por su condición; ellos no creen en la lucha genuina porque están encerrados y tienen una limitación retórica de la realidad, lo que es un grave peligro, ante el cual todos somos vulnerables: la polarización. Más que un tema de derecha o izquierda es realmente un tema de respeto o no. 

¿Cómo manejó el odio?

Nunca he sido de odiar visceralmente incluso si peleo con alguien a las horas se me pasa. Decidí ser un hombre libre y no hay nada más esclavizante que el odio y el rencor, lo que no quiere decir impunidad, no quiere decir que no duelan y afecten las cosas. Hay tres personas que para mí son esenciales en la configuración e ingeniería del aparato represor y terrorista que impuso el régimen venezolano: la fiscal Luisa Ortega Díaz, el señor Miguel Rodríguez Torres y la señora Gabriela Ramírez.

¿Por qué ellos? 

Quitemos los nombres y dejémoslo así: la que fue fiscal por mucho tiempo, el que dirigía el servicio de inteligencia y quién estaba al frente de la Defensoría del Pueblo. Los tres claves en responsabilidad de Derechos Humanos. Esas tres personas hoy están enfrentadas a Nicolás Maduro y hay debates sobre esa situación. No sé hasta qué punto es sincera la posición de Ortega Díaz por ejemplo o hasta qué punto es simplemente una posición política de oportunidad para mantenerse en el poder y garantizar su impunidad. Hasta ahora esas tres personas defienden su gestión. No es que yo quiera qué Rodríguez Torres se pudra en La Tumba, porque eso no es correcto, pero por conveniencia política no se puede blanquear los graves delitos y crímenes de lesa humanidad. Que le expliquen al mundo cómo es que ha funcionado ese monstruo qué es el aparato represor venezolano.

Hay quienes lo apoyan con firmeza y otros lo atacan con dureza. ¿Qué siente ante cosas como esas?

Estando preso escribí, denuncié e hice un montón de cosas que me generaban castigos y situaciones muy hostiles más allá de lo propio de la prisión. Salí de la cárcel el 12 de octubre 2018. La primera huelga de hambre pidiendo la atención de la ONU y de la Comisión Interamericana de los DDHH, fue en el 2008. La comisionada de los derechos humanos me llego atender 10 años después en noviembre del 2018, cuando estando yo aquí en Madrid me avisan de la audiencia con la señora Michelle Bachelet. Lo que para un político sería llegar a gobernador o alcalde, para mí lo es consignar todas nuestras denuncias ante la ONU. Me costó 10 años. Ella no iba a negar que en Venezuela se tortura porque conoce la tortura y sabe lo que es un régimen abusivo e irrespetuoso de la dignidad humana. Cuando dos personas, que han sufrido la persecución y la tortura, se miran a los ojos, ahí no hay color, porque se reconocen. Ella se comprometió conmigo a que no iba a prestarse para lavarle la cara al régimen y dio su palabra. fue mucho más pragmática de lo que pensé y le di mi voto de confianza. Cuando voy saliendo, ella me llama de nuevo. Me abrazó y empieza a llorar. Yo también lloré. Tranquilo hijo, esto es duro, yo te entiendo, me dijo.

Fuerte experiencia.

Si, ese día yo me sentía muy contento y la reunión se hace pública por ella, lo cual era un mensaje importante para el régimen. Me imagino a Maduro, a Diosdado y a todos estos generales, violadores de Derechos Humanos, viendo esa foto. Esa noche Sebastiana, cené con venezolanos en Ginebra. Cuando reviso el teléfono los mensajes eran: traidor, maldito, chavista, ojalá te hubieses lanzado del piso 10, te liberaron para lavarle la cara al régimen, te reuniste con esa chavista y comunista desgraciada. Las peores ofensas de mi vida las leí ese día. Lloré. Me sentí tan mal y me cuestioné; casi logran lo que no lograron los dos años en La Tumba y los dos años en El Helicoide, preguntarme ¿vale la pena todo esto?

Esa es la pregunta obligatoria. ¿Cree que vale la pena?

Mira Sebastiana, me dije: a dos meses de haber salido de prisión yo debería estar en la playa haciendo lo que más amo que es surfear, pero estoy aquí y me atacan horriblemente. Me sentí tan triste, pero tan triste, lloré mucho y la pasé muy mal. Llegué aquí a la casa. Empecé a meditar, porque además me aterra el odio en nuestro país. No miro la salida de Venezuela por los buques que mueva el Comando Sur sino en cuanto al grado de odio y de inefectividad de los políticos. Tergiversar la foto del balcón del pueblo que le envío a La Patilla. Pero ya lo había vivido en La Tumba cuando Patricia Poleo decía que no existía y que todo era un cuento del G2 cubano. Aquí en España converso con un sacerdote que es como mi guía espiritual y esa noche entendí lo difícil que es vencer algo tan humano como el ego. Me pregunté por qué sufría, por qué hago lo que hago, ¿por el reconocimiento? y entonces sentí pena de mí mismo. No se puede ser un defensor de Derechos Humanos esperando recibir algo porque vas a vivir triste frustrado y derrotado. Y ese “a cambio” no puede ser ni siquiera que te reconozcan algo.

¿Si tuviera la oportunidad ahora de decirles algo a Luisa Ortega Díaz, a Miguel Rodríguez Torres y a Gabriela Ramírez, qué sería?

Ellos saben muy bien lo que hicieron. Fueron crueles, le generaron mucho daño y mucho sufrimiento a mucha gente, a miles de familias. Recuerdo de Gabriela Ramírez cómo mandó a fumigar la Defensoría del Pueblo, porque yo estaba encadenado contra la contaminación del agua en el embalse Pao Cachinche y lo que estaban haciendo con Franklin Brito; ella se burlaba. O como Rodríguez Torres protegió a grandes criminales. Conmigo estuvo preso en La Tumba Jhony Bolívar, que tenía credencial, firmada por Rodríguez Torres de comisario activo del SEBIN, secuestrador, asesino, a quien sacó Iris Varela. La fiscal Luisa Ortega Díaz, gran cómplice de crímenes de lesa humanidad. Esas tres personas deben decirle al país la verdad, demostrar que lo que buscan no es el poder o ser los sustitutos de Maduro y de Diosdado, ¿Qué les cuesta hacerlo? Reconozcan y cuéntenle al país todas esas acciones en las que participaron que generaron tanto dolor y tanto sufrimiento. Sólo así van a demostrar que es sincero su deseo de ayudar al país y no un oportunismo vulgar. Hasta ahora no lo han hecho. Que cuenten cómo murió El Aviador. ¿Por qué la fiscal y la defensora no quisieron investigar todas las denuncias que les entregamos de la corrupción en Hidrocentro e Hidrocapital que tenían contaminado los embalses de La Mariposa y el Pao Cachinche?, ¿O los containers con comida podrida? ¿O todas las denuncias que poníamos de la corrupción en la ciudad hospitalaria en Valencia? ¿Por qué nunca se investigó los asesinatos por colectivos en Táchira y en Valencia? Que lo digan. El mundo necesita entender mejor la naturaleza de ese monstruo y ayudaría mucho que ellos lo explicaran de verdad, verdad.

Y la última pregunta. ¿Qué le diría a Nicolás Maduro?

(silencio largo) Que ya está bueno. Que no tenga miedo. Que ya. Ya está bueno. ¿Qué más le puedo decir? Ya está bien. Ya no hace falta más.

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