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(Opinión) Mane Tecel Fares. Por Américo Martín

Por Punto de Corte
Que crezca la audiencia - Américo Martín
Caracas, 30 de junio de 2021

El empeño de proporcionarle a la democracia contenidos más participativos proviene   del espíritu libertario que acarreó, el 23 de enero de 1958, la caída de la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez.  Diez años consecutivos de ferocidad represiva, las cárceles cargadas de presos políticos, incomunicados y sin acceso a la radio, la prensa. La mayoría sin visitas familiares, después de pasar por el filtro de la tortura, habían sembrado  el miedo y en nuestro desventurado país, la angustia y un heroico activismo  que oscurecía la razón.

Natural era, pues, la explosión suscitada por el derrocamiento   del perezjimenismo, aquella mole de granito de botas claveteadas y ostentoso paso de ganso.  La dictadura negaba  la vía electoral. En 1953 cometió un avieso fraude contra  la Constituyente,  burlando así su propio engendro y  cinco años después al desaplicar nuevamente su zarandeada Constitución e imponer la farsa plebiscitaria que agotó la paciencia interna y alertó a la opinión mundial.

La crisis estalló, el poder de desmigajó, la fuerza armada se dividió, los universitarios y liceístas salieron a la calle, el Episcopado se pronunció con la integridad  admirable que lo caracteriza y el pueblo, en todas sus corrientes, reconquistó con las manos lo que le arrebataron con las armas.

Precisamente para reforzar el peso de la voluntad soberana es que se han comprendido mejor   los conceptos de participación, referendos, y revocación de mandatos, incluso de los más altos, especialmente el presidencial.

Ese notable conjunto de materias se ha puesto de nuevo sobre el tapete debido a la complejísima crisis que daña, en forma cada vez más aguda, a Venezuela. Ha sido tan profunda que por propia dinámica se ha convertido en parte, a ratos decisiva, de las agendas de las principales naciones del Planeta y punto principal en las de la OEA y organismos multilaterales, así como en la de los defensores de DDHH.

Minimizar la  notable solidaridad internacional que, como en ningún momento del pasado está obrando activamente para devolver a los venezolanos el derecho a la libertad, la democracia, la liberación de los presos políticos y militares, el retorno de los exiliados o de los millones de compatriotas que se han visto forzados a sobrevivir en el extranjero, de la obligación de dejarlo todo para subsistir en medio de una lacerante pobreza, cada vez más estricta.

Una sola y reciente cifra podrá mostrar el  tamaño y el futuro miserable a que están expuestos los venezolanos.  Un informe actualizado emitido por la muy reconocida PROVEA afirma que el 96% de los venezolanos ha sido reducido a la pobreza. Si no hay pronto un cambio democrático de gobierno  no es difícil suponer que la violencia abrirá sus fauces en esta parte del mundo.

Si bien es perceptible la división en la mayoritaria oposición, se aprecia el mismo  fenómeno en el gobierno madurista. Acabo de leer la más reciente declaración suscrita por una significativa y numerosa lista de personalidades importantes y tradicionales del oficialismo muy similar a la postulada por la oposición.  En ambas partes el anhelo de cambio parece enrumbarse hacia dos puntos nodales: La democracia y las elecciones libres. Ese es precisamente el contenido del documento suscrito por EEUU, Canadá y la Unión Europea. Tomando esto en cuenta parecen darse los elementos principales de un acuerdo entre la oposición y el gobierno.

Sin embargo, el estado de ánimo de la cumbre de Miraflores sigue dominado por la duda y  la cautela. Quizá sus indecisiones expliquen  el crecimiento de la demanda del revocatorio, pese a que debería animarlos el resultado del intentado contra Chávez. El resultado se conoce, Chávez no fue revocado.

Ahora  la situación es radicalmente distinta, de modo que las elecciones libres exigidas como condición por EEUU, Canadá y la UE,  y demandadas por la sensible mayoría nacional, muy probablemente, determinarían el cambio de poder sin el cual no hay manera de decretar el fin de la imparable catástrofe que tenemos frente a la nariz.

La posibilidad de un resultado distinto sin duda es mayor, no obstante, una victoria o una derrota de Maduro no tendría por qué ser una catástrofe, sobre todo si ese interesante hecho político transcurre sin violencia y goza del más intenso respaldo de los países del mundo. Para enfrentar cualquier pormenor irritante están las negociaciones, porque no solo resuelve una crisis que se pretende eterna sino que tradicionalmente abre el camino hacia la convivencia civilizada, todo lo cual, pudiera devolvernos y hasta superar lo que fueron los años dorados de la democracia.

El revocatorio tendría sentido si las condiciones para recuperar el voto libre  no son bloqueadas, pero en caso contrario lo recuperaría por imperio de la lógica. Merecería ser sometido a referendo revocatorio quien pretenda perpetuarse  a como dé lugar, en cambio sería inaceptable que pocos o muchos conjeturemos que lo va a sabotear porque sabe que su destino –como el del rey Baltasar- esté pintado en la pared con las tres bíblicas palabras, Mane Tecel Fares. Algo así como decir lo duro que sería aceptar un proceso electoral libre que lo condenaría al Mane Tecel Fares bíblico. Por el contrario, en ese caso ganará,  aún si por insuficiencia de votos deba regresar  a la normalidad civil. Podrá hacerlo sin aspavientos ni pasos de ganso.

@AmericoMartin

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