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(Opinión) Mitigar o reprimir. Por Américo Martín

Por Punto de Corte
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Que crezca la audiencia - Américo Martín
Caracas, 25 de marzo de 2020
@AmericoMartin

Las dimensiones de la crisis sanitario-económica planteada por la recia acometida del virus COVID-19 parecen ser desproporcionadas y en crecimiento incesante. Hoy más que ayer el fenómeno se ha expandido a casi todo el planeta, 97% de los países del mundo son ya víctimas de la infección y nada nos permite suponer que pueda estar cercana la reversión. Es natural que las esperanzas tiendan a depositarse en hallazgos milagrosos.

¡Es bálsamo cristiano el limonero del Señor!, exclamaba el gran juglar venezolano Andrés Eloy Blanco en  uno de sus más  célebres poemas.

Los laboratorios de los países más dotados en materia de salud compiten febrilmente, pero el milagro sigue sin cristalizar, cuando menos con la fuerza necesaria para colmar la creciente angustia de la acosada especie humana.

The Economist, por su excelente documentación y densidad analítica, una de las más célebres revista de negocios y política en el mundo, nos coloca en la disyuntiva de afrontar la pandemia, mitigando o reprimiendo el trepidante avance del Mal. La mitigación supone un aplanamiento de la curva  para disminuir contaminaciones y muertes valiéndose de medidas graduales. La represión opta por la búsqueda de un frenazo brusco con decisiones cuyo costo quizás terminaría siendo impagable. De hecho, el daño del virus ha venido causando un crecimiento insólito del número de víctimas y al mismo tiempo la puesta en marcha de una crisis económica casi sin precedentes. La represión puede ser el factor más visible que está incidiendo en lo que la revista llama “el planeta Tierra se está cerrando”.

En el fondo de todo se vislumbra la enorme importancia del abordaje político de semejante tragedia. La política, he dicho y repetido en mis columnas, tiene una mala prensa precariamente justificada.  Decía José Ortega y Gasset en los años 20 del siglo pasado, que el descrédito impulsivo de política y políticos le resultaba sorprendente porque muy a pesar de las conductas fallidas de una y otros, el servicio que han prestado a la humanidad en los trances más difíciles ha sido incalculable. Pero la razón de esa hostilidad  se explica, según el filósofo español, porque nadie quiere reconocer la necesidad que tiene de entender al otro para poder encontrar soluciones efectivas. Admito que a veces es duro comprender por qué la solicitud de una facilidad de financiamiento rápido pueda ser aprovechada para utilizar contra Maduro la quiebra de su crónica crisis con el FMI. Como quiera que el Fondo reconoce a Guaidó pero no a Maduro, la denegación que ha hecho casi obliga a una negociación política si es que se reconoce que el país necesita ese aporte financiero y muchos más para mitigar o frenar la incidencia de una peste que está en trance de dejar atrás las que a lo largo de los siglos han obligado a cerrar la economía, la cultura, el arte y los deportes.

Uno de los antídotos comprobados y, sin embargo,  visible causa de la recesión y crisis de las economías, es la cuarentena. Los pueblos del mundo lo han comprendido. Difícil parecía llamar a la gente a permanecer en sus hogares y he allí que eso es lo que está ocurriendo, aun cuando indudablemente, como dice The Economist,  el planeta se esté cerrando, tendencia que en algún momento deberá ser revertida.

Pese al discurso excesivamente optimista de Jorge Rodríguez, del pasado lunes 23M, se acumulan las opiniones especializadas, objetivas, imparciales, en el sentido de que el país está en condiciones muy deplorables para reaccionar frente a un agravamiento brusco de la pandemia. Es posible que Miraflores crea lo contrario, aunque lo dudo.

Es obvio que una negociación en esos términos representaría un fuerte avance hacia el rescate de la democracia, en la medida en que la Asamblea Nacional pueda recuperar la plenitud de sus funciones y se abran los canales de la libertad de los presos políticos. Miraflores ha pedido el cese de las sanciones alegando razones humanitarias, ¿y qué más humanitario en un momento como éste que devolver la libertad a los presos políticos civiles y militares y atender el detonante que se ha ido incubando, en general,  en los establecimientos carcelarios?

Pero sea o no que los oficiantes políticos entiendan el notable papel que les corresponde en las presentes condiciones, la drasticidad de las medidas de aislamiento, según se anuncia,  probablemente indicarán la ruta a seguir con más pertinencia, y ojalá sin estallidos de violencia, que cualquier discurso.

* Escritor y abogado

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