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(Opinión) Negociar: Destino obvio. Por Américo Martín

Por Punto de Corte
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Que crezca la audiencia - Américo Martín
Caracas, 9 de abril de 2020
@AmericoMartin

La propuesta de Mike Pompeo ha tenido crecientes respaldos en la medida en que los países más renuentes toman nota de que no hay opción más pertinente para evitar el colapso de Venezuela.

En sentido contrario, algunos países se habían alineado, si no con el gobierno de Maduro, con base en el clásico principio de no intervención. Tan noble causa ha sido desdorada por quienes desnaturalizan sus fines, tal como han dicho los Relatores de DDHH de la ONU: “los estados no deben abusar de medidas de emergencia para violar derechos humanos”.

Lo bueno de la fórmula-Pompeo es que puede ser perfeccionada. El aporte de tantos factores democráticos del mundo ha rectificado algunas aparentes rigideces del proyecto, la principal de ellas, la propuesta de que Guaidó y Maduro no participen en el gobierno de transición puede perder crédito sino se rectificaba el detalle de permitir que sólo Guaidó se postulara a la presidencia. Sea por decisión propia de Trump o por sugerencia de los muchos respaldos que ha recibido, el escollo ha sido superado quizás antes que pudiera esgrimirse como prueba de insinceridad.

A estas alturas parece realmente inconcebible que no se imponga la negociación, habida cuenta de que está en el interés de virtualmente todas las naciones del mundo. El acercamiento de China y Rusia a EEUU, y consecuencial alejamiento de fórmulas distintas a la negociación, tiene una base granítica: los presidentes Xi Jinping, Vladimir Putin y Donald Trump están por concretar un nuevo sistema económico mundial y una nueva moneda asociada a la tecnología blockchain, respaldada 100%  por oro. Esos tres países asumen una responsabilidad suprema para sacar al mundo del pantano. ¿Quién va a creer que desertarán de semejante obligación para unirse a proclamas extremas en nombre de viejas consignas sin el peso que alguna vez tuvieron?

Con creciente firmeza han respaldado la iniciativa de EEUU, 27 países de la Unión Europea -28 con Reino Unido-, 19 de la OEA, 16 del Grupo de Lima, con una interesante exclusión a la que dedicaré la parte final de esta columna.

Antes de hacerlo conviene resaltar la incidencia de factores de deterioro del régimen venezolano que, en confluencia con la desoladora alarma despertada por el coronavirus, deberían convencer a Maduro de la necesidad de participar en la apuesta planteada por Pompeo, al igual que la oposición conducida por Guaidó: cambio sin violencia, sin venganza y que brinde oportunidades para unos y otros.

Comenzando por la hondísima crisis económica, con énfasis en el incierto futuro del petróleo y sus derivados, acelerado por el retiro de la empresa Rosneft de Venezuela, que a un experto tan reputado como José Toro Hardy le indujo a comentar que  “el impacto de la retirada del gigante Rosneft puede ser devastador para el país”. Al propio tiempo, probablemente impulsado por sus constructivas relaciones con EEUU respecto al destino de la economía mundial, Putin -afirma el presidente Trump- le comunicó: “Rusia nos ha informado que ha removido a la mayoría de su personal de Venezuela”. El cese de cualquier auxilio económico significativo de la importancia de la que venía brindándole Rosneft a Venezuela, en paralelo con el retiro de la ayuda militar, ofrecen un panorama del aislamiento del sistema madurista que hace impensable ninguna operación distinta a la de negociar con EEUU y Guaidó conforme a la propuesta de Pompeo.

Imposible ignorar la movilización en marcha contra los narcotraficantes que operan en el Caribe y el Pacífico, cuyo objetivo es copar el mercado norteamericano que no por casualidad es  la sociedad más desarrollada y próspera del planeta. Figuras como el Chapo Guzmán y las relacionadas con los carteles de la droga, entre los cuales citan los de Sinaloa y Los Soles, es materia que merece ser investigada.

El peso de la opinión mundial es determinante para que la posible acción armada contra los carteles no enturbie el despliegue de la negociación. Ha dicho Caracciolo Betancourt que la estrategia norteamericana es versátil, como suele ocurrir con potencias obligadas a actuar simultáneamente ante retos de diferente origen. En su artículo hace un minucioso seguimiento de las declaraciones de altos funcionarios de ese país, que dan cuenta de la respuesta estadounidense.

No puede caber la menor duda sobre el efecto positivo que causaría el comienzo de las negociaciones, avaladas en todos los continentes, para conducir ambas estrategias sin que se desnaturalicen recíprocamente. Y en ese sentido permítanme concluir con la extraña excepción configurada por la España de Pedro Sánchez (que perdió dominio sobre su representación en la Unión Europea), el México de AMLO y Rusia de la que ya he anticipado que de disidente no tiene nada. Han dicho los tres, con rostro severo, algo que puede tomarse como un ardid diplomático: respaldan una negociación en Venezuela. ¡Hombre! ¿y qué esperan para llamar  a su proponente? 

* Escritor y abogado

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