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(Opinión) Hasta el himno nacional de la República de Venezuela se ha devaluado. Por Ignacio Laya

Por Stefany Sánchez
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(Opinión) Hasta el himno nacional de la República de Venezuela se ha devaluado. Por Ignacio Laya
Caracas, 27 de septiembre de 2020.-

Diversos estudiosos de procesos sociales, económicos y politicos están brindando sus análisis para explicar lo que ocurre en Venezuela, abriendo ventanas al debate orientador sobre los mejores caminos a transitar para superar el doloroso drama que padece la nación.

Llama la atención que todos esos intelectuales, de derecha, centro y de izquierda, coincidan en la necesidad de ensayar experiencias exitosas sobre la transición a la democracia con sólo poner en práctica el articulado de la Constitución Bolivariana que desde su preámbulo hasta el último de sus artículos posee elevados contenidos democráticos y hasta la han considerado como “La mejor Constitución del Mundo”.

Desde que fue aprobada el 15 de diciembre de 1999 mediante la vía del Referéndum esa Carta Magna ha sido un adorno porque sus normas y principios no se cumplen sino las formas autoritarias recubiertas de manidos procesos de elección a cargos de representación popular.

Es una gran mentira que la soberanía popular sólo está reservada a acudir a las urnas a votar por presidentes, diputados, gobernadores, legisladores, alcaldes y concejales.

Es allí donde debemos buscar esas fallas de origen que tiene la democracia por lo que me da una inmensa satisfacción que desde el seno de la militancia política del Movimiento Democracia e Inclusión (MDI) ya posean un proyecto con nobles propósitos sociales que ha de proporcionarle al ciudadano herramientas para el ejercicio permanente de la Democracia y la Inteligencia Electoral, es decir, garantizar el libre ejercicio de deberes y derechos y no las palabras vacías y enfermas que definen a esta calamidad nacional.

La otra falla demoledora es la errónea manera de rendirle culto a los símbolos de la nacionalidad. El Escudo, La Bandera y sobre todo el Himno Nacional ha sido devaluado con intérpretaciones altisonantes e imágenes distorsionadoras que incitan al odio, reducen “La Canción de la Patria” a un simple jingle político publicitario que opacan su llamado a la lealtad, unión, fraternidad y gloria que es el legado de los himnos que mueve la fibra de la identidad de todos los pueblos del mundo.

La de nosotros nos invita a “SEGUID EL EJEMPLO QUE CARACAS DIÓ”. Por el hedor de la descomposición que se respira en toda la geografía nacion esa parte de la canción patria debe ser la más aburrida o la que debe retumbar como un fastidio al oído de quienes la cantan o la escuchan en los actos protocolares en Miraflores, el Capitolio Nacional, El Tribunal Supremo de Justicia y el Ministerio de la Defensa. Esas son las instituciones que más deben brillar por el inmenso poder que poseen y se supone que son las llamadas a honrar, más que ninguna, ese ejemplo anclado en el espíritu libertario del 19 de Abril de 1810. Al contrario, Caracas hoy no es un ejemplo para ninguno de los 23 estados de la República porque el poder político y económico que concentra la jerarquía le llega por migajas a las regiones sin recursos para desarrollarse armónica y sustentablemente.

Caracas tampoco es un ejemplo para sí misma pues los próceres que administran la riqueza centralizada no le concede a sus propias parroquias caraqueñas la autonomía para la gobernanza y la prosperidad a través de gobiernos municipales a pesar de tener todos los atributos legales exigidos y donde esa camada de dirigentes emergentes puedan desarrollar modelos de planificación estratégica, eficientes y sostenibles.

El caraqueño tiene cierta resistencia a ser rehen de quienes le obligan a votar pero no a elegir el destino y el futuro próspero que se merecen. Les pasa igual a sus vecinos más cercanos, los guaireños que también estamos impedidos a eligir entre los poderosos y los débiles, los honestos y los corruptos entre los valientes y los justos, es decir, entre las luces y las sombras.

Esa Caracas indiferente que dejó que se le arrebatará la Alcaldía Mayor no puede ser un ejemplo para nadie así como tampoco nosotros los guaireños que permitimos que una junta de poderosos forasteros quitarán de la manera más vulgar e hipócrita el nombre de nuestro estado, el del ilustre sabio y civilista guaireño, Dr. José María Vargas, un atentado dirigido a borrar el espíritu de aquellos protomártires indios, negros y blancos que desde La Guaira lanzaron los primeros gritos libertarios de América.

Ya llegará el tiempo para que las nuevas canciones y esperanzas surjan cuando esas sombras se levanten y superemos los quebrantos de identidad que enferman el alma del venezolano. Los autores saldrán de cada uno de los ejemplos morales que brotarán de los rincones de las entidades federales de la Venezuela libre, prospera y democrática.

Una de las grandes desafíos que tenemos los venezolanos es rescatar el Himno Nacional de manos de quienes lo escuchan con desdén y le demos la verdadera entonación para que deje una profunda huella en el alma y en la piel de esa mayoría interesada en impedir que el mundo nos siga mirando con asombro, dolor y piedad.

No perdamos ni un minuto más creyendo que los autores de este plan macabro de destrucción son los que van a revitalizar lo poco que le va quedando al Homo sapiens venezolano que hoy muestra evidentes señales de pobreza para ser considerada, por el mundo, una especie en peligro de extinción.

Ignacio Laya
Coordinador del estado Vargas del Movimiento Democracia e Inclusión (MDI)

* Punto de Corte no se hace responsable de las las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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