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(Opinión) Oxígeno al sector privado, paso a la gerencia pública. Por Alonso Moleiro

Por Punto de Corte
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Alonso Moleiro

Artículo escrito en exclusiva para PuntodeCorte.com

Caracas, 23 de Junio de 2020.
Por Alonso Moleiro*
@amoleiro

Deberá Venezuela, de nuevo, cuando se le permita, diseñar un modelo de estado que presente una carga equilibrada y complementaria entre la dimensión pública y privada de la gestión económica. Una corrección que, en vista de la desproporción de la catástrofe social actual, deberá a estar destinada, en particular, a que el sector privado recupere, de una buena vez, su legitimidad constitucional y su fuero histórico como actor social de la Venezuela contemporánea.

Parece cierto, al menos hasta ahora, que el chavismo no quiere promover la aniquilación del sector privado en sus fallidos modelos de desarrollo. En realidad, el empresariado deberá ser esclavizado. Vulnerado, extorsionado, trajinado y amenazado; culpado de manera crónica del fracaso de un modelo ajeno y penalizado con castigos administrativos después de que se les advierte sobre las consecuencias de las equivocaciones estatales.

La burocracia administrativa del chavismo judicializa a cualquier actor del empresariado, pero no está dispuesta a rendir cuentas a nadie sobre sus propios desafueros. Después de haber negado hasta el límite de la demencia el fracaso del modelo económico bolivariano, con sus diseños productivos insolventes y sus formatos de propiedad fallidos, se van introduciendo correctivos parciales, pequeñas enmiendas que le dan razón a la existencia de la economía. Ha sucedido luego de producir una hecatombe económica que será debidamente recogida y documentada en los libros de historia.

La férula de cualquier estrategia de estado que apalanque la reconstrucción nacional deberá regresarle oxígeno al empresariado, garantías para invertir, condiciones para la estabilidad, mientras, al mismo, se trabaja en la forja de una gerencia pública solvente y confiable. Deberá el futuro estado democrático fortalecer la formación para el trabajo y promover el fortalecimiento de un capital nacional que tendrá que comprometerse con el aprendizaje de nuevos procesos industriales.

Valga decir que, además de colocar de forma incorrecta las piezas de la economía en su diagrama económico, el músculo técnico y los cuadros operativos del chavismo en la gestión del estado han sido particularmente mediocres e inoperantes. En el cierre de opciones al empresariado, la burocratización de la economía y la inexistencia de métodos sustitutivos fiables en las entrañas del monstruo chavista es que queda escrita la historia del hundimiento actual del país.

Tuvo Venezuela alguna vez, por lo demás, importantísimos capítulos en la historia de la gerencia pública durante la segunda mitad del siglo XX, en los años de esplendor de su democracia. Nombres, firmas, liderazgos, proyectos estatales que estuvieron para grandes cosas, dignos de ser relatados y honrados,  en los cuales se fundamentó, sin mucha publicidad, parte de lo que interpretábamos eran motivos para alimentar el orgullo nacional.

Rafael Alfonzo Ravard, Carlos Raúl Villanueva, José González Lander, Leopoldo Sucre Figarella, Luis Giusti, José Ignacio Moreno León, Sofía Imber, José Antonio Abreu, Virginia Betancourt, Juan Fernández, Arnoldo Gabaldón. Algunos de los puntos más altos de la venezolanidad contemporánea se concretaron a partir del esfuerzo de estas personas, al frente de empresas públicas que fueron administradas de forma exitosa, y, al menos en líneas generales, con pulcritud.

La interpretación adecuada de las cargas a compartir entre el sector público y privado, junto a la consolidación de algunos logros institucionales, ha sido el soporte para la reconstrucción y expansión económica de países como Colombia, Ecuador y Perú.

Países que hasta hace unos años estaban mucho más atrás que nosotros, y que hoy, sin negar sus zonas oscuras y cuentas pendientes, han consolidado modelos democrático donde impera la paz pública, el crecimiento económico, la inversión y la colaboración en torno al ideal republicano y democrático. En las calles de sus ciudades pueden ser vistos contingentes de venezolanos damnificados del holocausto social de Maduro.

La sociedad nacional debería estar lista para asimilar el aprendizaje de la traumática experiencia chavomadurista, sin estridencias ni simplificaciones. Quedar vacunada de la venta de humo, del delirio caudillesco totalizador, del extremismo sin contenido, de la estatización o liberalización dogmatizada de sus modelos de gestión.

Un hipotético estado de transición al orden constitucional deberá apropiarse de los confines del centro democrático para honrar el “tanto mercado como sea posible, tanto estado como sea necesario” que llegó a invocar Adenauer. Fortalecer los cuadros administrativos que depuren nuestros procesos y nos permitan alcanzar nuevas cotas de desarroll,o junto al dinamismo y la inventiva empresarial que ha sido castrada por la barbarie oficial.

(*) Comunicador social egresado de la Universidad Central de Venezuela, escritor y locutor venezolano.

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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