Inicio Opinión [Pensar Educativo] «La educación frente a la crisis de la modernidad». Por Marisela Prieto Berbin

[Pensar Educativo] «La educación frente a la crisis de la modernidad». Por Marisela Prieto Berbin

Por Punto de Corte

Caracas 18 de abril de 2018/-.

Por: Marisela Prieto Berbin.

Considerar la formación y el pensar globalmente en la búsqueda de configurar la ciudadanía se puede hacer referencia a procesos de subjetivación, partiendo del principio en el cual el objeto de estudio trasciende el dominio de los saberes parcelados, no existiendo límites entre las diferentes disciplinas enmarcada en la formación ética y el respeto a los valores humanos como un derecho inalienable del hombre como ser socio-histórico-cultural.

Actualmente nuestra sociedad está sometida a vertiginosos cambios que plantean continuamente nuevas problemáticas, la formación, hoy y siempre, queda afectada por la realidad de la sociedad que la envuelve. El desafío de la formación del ser humano está planteando que los cambios son profundos e imparables y el educador requiere permanentemente de una visión analítica y reflexiva. Los desafíos actuales se traducen en las transformaciones más relevantes que en el terreno educativo deben realizarse, lo que significa que el conocimiento deja de ser lento, escaso y estable.

La crisis de la episteme moderna se debe precisamente a la imposición de una razón técnica. Se debe a la incapacidad de sus grandes meta-relatos de dar respuestas a las promesas del bienestar a través del progreso. La decepción, el desencanto, las promesas incumplidas, en todo caso son expresión de una crisis civilizacional.

La formación para pensar la ciudadanía debe reequiparse con los aportes sociológicos de la hibridez, ver el nuevo horizonte epistemológico que brinda lo discontinuo, lo irrupcional, lo contingente, lo polivalente, lo multicéntrico, lo hipercrítico, con un amplio espectro de recursividad y de pulsión intelectual y pasional.

La formación como constituyente de la ciencia pedagógica tiene que transitar por sus propias prácticas de vida, que configuran los caminos cotidianos de la realización del ser humano, y que desde su condición asume una renovada sensibilidad frente a los problemas que le inquietan y lo implican. El sujeto cultural construye las condiciones de posibilidad para tejer las mejores disposiciones del espíritu complejo, humanístico en una ardua tarea de diálogo, convivencia y afectividad.

La preocupación política se desplazará hacia el interés por la supervivencia, esto es, hacia la preocupación ecológica como centro del nuevo paradigma. La configuración de la ciudadanía y el carácter intuitivo de muchas de sus implicaciones marcan puntos de heterodoxia para la comunidad científica. La formación para pensar la ciudadanía parece liberada de la realidad compleja del planeta y se proyecta a modo de utopía socioemotiva o utopía de la espontaneidad autorganizativa de la sociedad compleja y de sincretismo policultural ecológico racio-vitalista. En este sentido, la noción del colectivo tiene una profunda significación. El compartir en grupo tiene relevancia para asumir los retos de la cotidianidad y la educación frente a la crisis de la modernidad.

 

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