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(Opinión) ¿Por qué no te callas, almagro? Por Enrique Ochoa Antich

Por Enrique Ochoa Antich
Enrique Ochoa Antich - del por ahora

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Caracas, 24 de septiembre de 2018.

Por: Enrique Ochoa Antich *

@eochoa_antich

Almagro dice en Cúcuta que la opción de la intervención militar contra el régimen madurista en Venezuela no debe ser descartada. Luego, en Washington, dice que no dijo lo que dijo pero que más o menos sí lo dijo. Es decir, no propicia una invasión militar pero de pronto sí porque quién sabe. ¿Se dará cuenta de lo mal que queda? Y luego remata insultando a Zapatero, en una conducta muy impropia del alto cargo que ostenta. Nunca, nunca debe perderse el sentido del ridículo.

Los venezolanos, no importa la parcialidad política a la que pertenezcamos, debemos rechazar terminantemente esas insinuaciones. ¿Por qué deben otros acudir a resolvernos nuestros problemas? Los problemas de Venezuela los resolvemos los venezolanos. Los venezolanos podemos.

En lo personal, me opongo no sólo a las sanciones contra el país, que bastante daño provocan a su gente y principalmente a los más pobres (claro, inaceptable excusa para la monumental incompetencia de un régimen que nos ha conducido a la catástrofe que padecemos hoy), sino incluso a los connacionales tal y como hasta ahora hemos visto. Si un venezolano comete un delito en otro país es cosa diferente, y aun en este caso debe exigirse el respeto al debido proceso. Resulta muy cómodo acusar, sin derecho a la defensa alguno, a alguien de narcotraficante, y hacerlo desde todo el poder político y comunicacional de un imperio poderoso como el estadounidense, y dar por terminado el asunto. Pero que se sancione en Estados Unidos, Canadá o Europa, y sin juicio alguno, a un venezolano por delitos -y además políticos- cometidos en Venezuela, resulta, a mi modo de ver, una injerencia inaceptable. Para eso están los órganos multilaterales, de justicia y en derechos humanos, de los que los países forman parte por propia y soberana voluntad. Por eso, sí, firmé la solicitud dirigida a Obama pidiendo suspender los decretos sancionatorios contra Venezuela, una vez que la MUD de entonces no lo hizo, como muchos se lo pedimos.

Ya todo lo antedicho es grave. Pero la invitación a una intervención militar es asunto de marca mayor (no importa el eufemismo con el que quiera ser edulcorada: humanitaria o como sea). Primero, porque se trata de una acción que se cobraría la vida de miles (¿5.000?, ¿10.000?) muertes y que podría dejar incubada en nuestra tierra una violencia congénita a la que nada dice que seamos inmunes. ¿Qué harán los vencidos con los miles de millones de dólares que, según se dice, poseen en cuentas bancarias en el exterior? El terrorismo es la inmediata tentación de todos los fundamentalismos ideológicos. Fácil incitar a sangrientas conflagraciones de este tipo cuando son otros y los hijos de otros los que estarán en la primera línea de combate. Pero en segundo término porque para lo único que sirve es a que el gobierno justifique su apelación a métodos claramente dictatoriales de represión contra sus opositores, es decir, a legitimar a sus sectores más extremistas y a aislar y debilitar a los que de aquel lado -que los hay- quieran abrir procesos serios de diálogo y negociación hacia una transición aceptable para todos del autoritarismo a una democracia plena.

Así que a Almagro habría que decirle la frase aquélla que el rey de España le dijo alguna vez al incontinente Chávez: ¿Por qué no te callas? Y aún más: ¿Por qué no dejas de hacerle el mandado a Maduro? Alguna vez la historia sacará las cuentas y podrá determinarse que este secretario general de la OEA sólo retardó la salida del madurismo del poder. Y seguramente ya no será recordado.

*  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo (MAS). Miembro de la Concertación por el Cambio

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1 comentario

Anónimo 24/09/2018 - 11:21 pm

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