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(Opinión) Soldadito de Bolivia. Por Enrique Ochoa Antich

Por Enrique Ochoa Antich
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Enrique Ochoa Antich - del por ahora
Caracas, 11 de noviembre de 2019.
Por: Enrique Ochoa Antich *
@eochoa_antich

«¡Ha sido derrocado el tirano!», exclaman con supina simpleza algunos de nuestros necios extremistas.

«El imperio organizó el golpe de Estado para echarle mano a las riquezas naturales de Bolivia», dicen otros desde el lado opuesto de eso que por comodidad me gusta llamar _el pensamiento elemental_.

La verdad es mucho más compleja.

El de Evo fue, sin duda alguna, el mejor gobierno en toda la historia de Bolivia. A diferencia de nuestra experiencia chavista-madurista, supo combinar con sabiduría Estado y mercado. Así logró crear una riqueza incesante para financiar sus conquistas sociales y culturales que fueron muchas (como la alfabetización, la entrega de centenares de miles de viviendas, o la universalización de la Seguridad Social). Los números no mienten: más de una década con crecimiento económico por encima de la media de América Latina, bajísima inflación, millones de pobres incorporados a la clase media mediante empleos productivos y estables… La lista de indicadores es larga.

En general, y excepción hecha de la nuestra, la izquierda continental en el poder ha resultado ser más exitosa que todos los populismos y las derechas del siglo pasado, combinando desarrollo y progreso con justicia social. Pero en América Latina hay dos izquierdas:

• Una, exitosa en lo económico y social, que a la vez acepta la regla democrática de la alternancia republicana y que, como se ha visto con el peronismo argentino o los socialistas chilenos, y como se verá con el PT brasileño, el Farabundo Martí salvadoreño o el Frente Amplio uruguayo si pierde la 2a vuelta, regresan al gobierno más temprano que tarde: su entorno es la estabilidad institucional.

• Otra que, exitosa en lo económico como la boliviana o fracasada como la nuestra o la cubana, se dejan tentar por la codicia perpetuacionista y, forzando los límites constitucionales, terminan por conducir a sus países a crisis políticas severas -Venezuela, Nicaragua, ahora Bolivia- que implican deterioro de la situación económica y social de sus pueblos.

Si Evo no hubiese irrespetado el mandato referendario del pueblo que confirmó la no-reelección de un presidente por más de un período; si no hubiese quebrantado la Constitución mediante una sentencia discutible del Tribunal Supremo de Justicia (que argumentó que la reelección es un derecho humano supraconstitucional); si al ver los resultados electorales hubiese recordado la frase aquélla de Gonzalo Barrios cuando se le tentó a desconocer la victoria de Rafael Caldera: _Un gobierno no puede ganar por 30.000 votos_; si aún con esos 10 puntos de diferencia hubiese aceptado ir a una 2a vuelta o convocado a un referendo para que el pueblo soberano decidiese, en vez de querer constreñir a sus adversarios a un reconocimiento difícil luego de ¡14 años de gobierno! del MAS; si no se hubiese dejado arrastrar por esa vocación totalitaria propia del pensamiento comunista, nada de lo que Bolivia hoy padece estaría sucediendo. Es posible que intereses nacionales y trasnacionales hayan metido sus manos en el golpe, pero la verdad es que el gobierno les puso en bandeja de plata el inapreciable y aun aparente don de la «legitimidad».

Ojalá Maduro y sus camaradas aprendan esta lección y en vez de bloquear una y otra vez un cambio de gobierno luego de ¡21 años de hegemonía chavista-madurista!, concerten con la oposición democrática una ruta para retirarse en orden, conservando espacios de poder y todos sus derechos políticos, claro.

¿Qué porvenir tocará a nuestra querida Bolivia? Incierto. Fue un crimen que la oposición allá no haya aceptado la convocatoria a elecciones propuesta por Evo, con base al informe de la OEA. Se dice que era imposible pues el régimen era inconstitucional por no aceptar el mandato referendario, y no es verdad: en todo caso, lo era la candidatura de Evo, no su gobierno. Además, un error no se corrige con otro error: y si a ver vamos, más inconstitucional es el poder actual que el anterior. Ojalá no olvide esa oposición que (a diferencia de la nuestra, por cierto) la ruta que escogieron fue la de la paz y las elecciones y no la de la fuerza.

Si quienes van a detentar el poder no incluyen a esa mitad del país que votó por Evo, y si escogen el tortuoso sendero de la persecución a sus adversarios y de la venganza en vez de la reconciliación, no les arriendo la ganancia. Veremos a Bolivia regresar a tiempos superados de inestabilidad y atraso. ¿Creerán que la grandes masas populares beneficiadas por Evo van a quedarse tranquilas? En cualquier caso, no creo equivocarme si me atrevo a afirmar que, dada la hondura de sus raíces históricas, ese movimiento que condujeron Morales y García Linera, volverá al poder más temprano que tarde, ojalá que por la vía democrática, pacifica y electoral.

De los militares bolivianos dependerá frenar las pasiones y las venganzas y hacer respetar los derechos de todos. Nicolás Guillén escribió alguna vez:

_Coge el camino derecho,_
_soldadito boliviano;_
_no es siempre camino fácil,_
_no es fácil siempre ni llano,_
_no es fácil siempre ni llano._

Que Bolivia, nuestra querida Bolivia, reencuentre el camino de la democracia, la reconciliación y la paz.

(*)  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo (MAS). Miembro de la Concertación por el Cambio.

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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1 comentario

vimato 11/11/2019 - 14:17

Este sujeto no hace ni un comentario sobre el fraude cometido por Evo y corroborado por la OEA y la empresa encargada de la transmisión de los datos electrónicos. Para este sujeto lo que hagan los izquierdistas en America es aceptable por la «buena intencion» aunque sean fraudes, corruptelas y abusos de autoridad…

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