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(Testimonio) Exiliado de Venezuela por escribir un tuit. Por Saverio Vivas

Por Saverio Vivas
Saverio-Viva

Pronto cumpliré un año exiliado de Venezuela por escribir un tuit contra la dictadura de Nicolás Maduro.
Este es el mensaje: https://twitter.com/saveriovivas/status/1051541344068489217

¿Tenía yo razón al escribirlo?


Nunca he relatado lo que me inspiro a expresar públicamente lo que es un sentimiento nacional en Venezuela: «El rechazo general a los símbolos del partido político que destruyó al país»; pero a continuación, les contare.

Una mujer admirable

La mañana del 14 de octubre de 2018, en un gran basurero frente a una de las entradas a la estación del metro de Plaza Sucre en Cátia, me encontré a una abuela vecina del sector, recogiendo huesos de pollo de la basura. Conozco a la señora, y a la nieta que ella está criando sola: Una adolecente de la edad de mi hija, que inocente de la tragedia, desconoce el sacrificio que hace esa valiente señora, para conseguirle alimentos. Esa orgullosa abuela, algunas mañanas muy temprano, se aventuraba a buscar entre los basureros alrededor de la Plaza de Cátia; para recoger pedazos de pollo, verduras, o cualquier cosa que luego de un proceso de hervido para matar bacterias se pudiera convertir en alimentos; para que su nieta estudiante pudiera seguir en su mundo de sueños por lograr una vida mejor.

Foto referencial. (No corresponde al relato, pero muestra algo que es muy común en los basureros urbanos de Venezuela)

Considero a esa abuela: una mujer admirable. La creo tan valiente como esas mujeres que sacrifican sus cuerpos ejerciendo la prostitución para evitar que sus hijos sufran el horror del hambre, o la muerte lenta por desnutrición.

En fin. Aquel día pase junto a la abuela. Y por respeto (como siempre) fingí no verla (Cosa que sé que ella agradece en su orgullo). Entonces ya en la entrada de la estación del metro, comencé a bajar rápidamente por las escaleras mecánicas dañadas; pero a medio camino, me topé con un grupo de unas ocho personas vestidas con camisas y gorras rojas del partido de gobierno; que aparentemente descansaban por el esfuerzo de bajar, y esperaban a otros camisas rojas que venían tras de mí.

Esclavos rebeldes y obedientes

Quiero que imaginen la escena: Una orgullosa abuela venezolana buscando comida entre la basura para alimentar a su nieta, mientras a su lado pasan personas esclavizadas por el partido que causa la miseria de Venezuela, haciéndoles publicidad a ese partido, y a los líderes que nos mantienen en la miseria y esclavitud moderna.

Seguí mi camino, pero quedé marcado para siempre. Con esa imagen en la mente, pasé por una puerta vigilada por milicianos del régimen, porque ningún torniquete de paso al metro funcionaba. En el andén de espera de trenes, cientos de personas esperaban que algún tren con retraso, al abrir sus puertas les permitiera ingresar a empujones. Luego de varios trenes sin poder abordar, noté que “los camisas rojas” me habían alcanzado en el andén, y ya estaban en medio de todos los que esperábamos abordar. Sin ningún tipo de vergüenza, estaban allí en medio de nuestra desgracia, con sus camisas y gorras. Era como ver a un grupo de judíos metidos en una cámara de gas, vestidos con camisas del partido nazi. “Son esclavos” me dije analizando la escena.

Foto referencial. (Militantes del partido de gobierno haciendo promoción pública a la gestión del régimen)

Y en mis reflexiones internas, también entendí que no solo ellos eran esclavos: También yo con mi autocensura lo era. Todos sabíamos en aquel andén que las miserias que sufre Venezuela son responsabilidad absoluta del partido rojo, pero no nos atrevíamos a decirles algo como: “Vecinos, al menos no se pongan esos trapos delante de nuestra miseria». «Al menos respétennos la cara». «Al menos pónganse otras camisas encima para que no les hagan publicidad a nuestros verdugos”. Así entendí que yo también era esclavo del régimen. Un esclavo de lo que callaba a diario por miedo a represalias. Y con ese sentimiento, mi mente rebelde se abrió: ¡No más! ¡Romperé el silencio! me dije decidido.

La implicación moral y estratégica

No recuerdo el momento en que escribí el tuit. Pero si recuerdo bien, todas las reflexiones e implicaciones morales y estratégicas que significaba publicarlo.

En 1940, la resistencia francesa, observó que cada vez que ellos atacaban a un oficial alemán en territorio francés, en represalia los invasores castigaban a los vecinos franceses con cárcel y ejecuciones indiscriminadas. Así, los ciudadanos franceses comunes, comenzaron a ver a la resistencia como la causante de esos castigos. Y entonces la resistencia tuvo que cambiar la estrategia. En vez de presionar a los oficiales alemanes, se enfocó en presionar a los que colaboraban con la ocupación. Con esa estrategia, ya no fue posible que un colaboracionista francés se paseara cómodamente con los símbolos del partido nazi.

Y publiqué el tuit

Un pacífico mensaje de twitter es más poderoso que un tanque de guerra. Inmediatamente los activistas del régimen en Caracas, entraron en pánico porque entendieron mi objetivo. Imaginar que la gente les hiciera escrache en el propio barrio, para que dejaran de hacer publicidad al partido que causa nuestra miseria, es una situación embarazosa para los miembros de la dictadura. Y la elite del régimen sabía que yo no me iba a quedar sólo en un tuit. Ellos sabían que iba a hacer reuniones, y que seguro me inventaría algo para crear conciencia y abrir las mentes de los vecinos de Cátia, del 23 de enero, de El junquito, y de La pastora; y luego iría por los demás barrios de Caracas. Había que detener: a Saverio Vivas, antes que la gente terminara por hacerles scraches a los colaboracionistas del PSUV, en los propios barrios.

“¿Pero quién se mete con ese bicho?». «Si en casi 15 años, los colectivos armados no han podido acabarlo ¿Cómo podrían ahora?». «¿Cómo silenciar a un activista social con aprecio en los barrios?… «¡Hay que llamar a papá Diosdado Cabello!” deben haber dicho.

Delatado por el RAAS

El caso es que Diosdado otras veces había pedido mi arresto. Pero aparentemente no habían podido dar con mi paradero. Yo siempre cuidé de no dar mi dirección exacta en las bases de datos del Estado. Pero ahora existía el RAAS (la Red de Articulación y Acción Sociopolítica). El partido de gobierno había ordenado a los militantes rojos en mi barrio, que entregara las datas de los consejos comunales; y ahora existen militantes del PSUV encargados de decir quién es enemigo de la revolución.

Si hubiesen sido colectivos armados los que intentaron mi arresto, poco me hubiera importado, porque en Cátia sabemos manejarlos; Y ellos saben que no deben traspasar ciertos límites contra los vecinos.

Para mi desgracia, la operación contra mí, era del SEBIN. Y no precisamente para interrogarme. Además, gracias a la información suministrada por el RAAS, no me buscaban sólo a mí: Preguntaban por mi esposa, y por mi hija. Incluso fueron a su liceo, y sus compañeros vieron como aquellos individuos buscaban a su compañera.

Esa búsqueda de mi esposa e hija, yo no podía tomármela a la ligera. Son conocidos los casos en que el régimen captura a los hijos o cónyuge del solicitado. Incluso una vez tuvieron preso a un menor de cinco años, para que su padre se entregara. Y meses después la opinión pública supo cómo fueron violadas la mamá y hermana de uno de los guardias que se alzó contra el régimen en Cotiza.

El RAAS ha servido para encarcelar o desaparecer a muchos jóvenes de la resistencia (o que los militantes del partido de gobierno creen pertenecen a la resistencia). Así muchos han caído en nuestros barrios. Un día se los lleva, el FAES, y a la mañana aparecen sus cuerpos tirados en una calle, a la espera de que el CICPC haga un informe de que fueron asesinados por ajuste de cuentas entre bandas criminales.

El resto de la historia, es profundamente dolorosa para mí.

La huida

Por alguna razón insana, el operativo contra mi familia, parecía una operación para capturar a un terrible delincuente. Y eso es lo que soy para la dictadura. Supuestamente, se me busca por ser apoyo logístico del grupo de Oscar Pérez en los barrios de Cátia, 23 de enero, el Junquito y La pastora. Además, se planificaba señalarme de ser parte de la operación del dronazo contra Maduro. Y seguramente ya preso, atado y vendado durante semanas, muerto en vida, torturado, violado, y enfermo en un calabozo del SEBIN, otros cargos disparatados se me hubiesen imputado. Porque para matar o meter preso a un opositor en Venezuela, solo basta inventar cualquier acusación absurda. Así, el acusado puede pasar años esperando un juicio. Y las torturas son imposibles de probar.

De mi casa salí, apenas unos minutos antes que llegara el SEBIN. Yo estaba en chancletas. Mi esposa con un mono deportivo viejo. Y mi hija con ropa del liceo. Huimos por unas escaleras barrio adentro, mientras llegaban. De allí, “visitamos” a varios conocidos. Nos mantuvimos ocultos unos días a la espera de que las cosas se calmaran. Pero en ese tiempo, el régimen realizó allanamientos a casas de muchos conocidos nuestros, que ni siquiera sabían lo que ocurría. Además, Fuentes policiales amigas, me advirtieron que tenían orden de realizar nuevos allanamientos a sitios relacionados con mi activismo. Así que, para evitar desgracias mayores: Mi equipo de lucha, decidió que era mejor dejar claro «que Saverio Vivas ya no estaba en el país» para que pararan mi búsqueda. Y así se hizo.

¿Y por qué no entregarme?

Saverio Vivas es hijo de doña Gladys Lovera, una enfermera que vive de costurera. Yo no soy adinerado, ni una estrella de la oposición. De mí no se hubiera acordado nadie luego de unos días. Fíjense que ni siquiera el partido político al que le di prestigio y valiosos años de mi lucha, tuvo la decencia de publicar un mensaje de solidaridad por mi desgracia.

El sufrimiento hubiera matado a mi madre, Destruido el alma de mi esposa. Y llenado de odio contra el mundo, el corazón de mi hija. Imaginar a mis hermanas y resto de mi familia vendiendo cosas para reunir dinero con que llevarme algo de comida a la cárcel; o para pagar la asistencia de algún abogado durante años; era demasiado para mí.

Yo no soy Leopoldo López. No me hubieran llevado a Ramo Verde. Tampoco a una cárcel común, donde más bien me hubiera aliado con la gente de barrio. A mí me hubiera tocado la tumba, o un cuarto de 3 metros por 3 metros, sin ventana, y con tortura diaria por rebelde. Es decir, Una muerte en vida. Así que…

Una tarde triste, aparecí en la frontera colombo-venezolana, para rogar a los agentes de la migración Colombia que nos diera «Refugio» a mí y mi familia; de acuerdo a las normas internacionales de protección a los refugiados. Luego de una larga y tensa evaluación en la que las autoridades colombianas verificaron que efectivamente era perseguido por los lobos de la dictadura, los funcionarios de migración Colombia se apiadaron de nuestra precaria situación, y nos permitieron pasar a esta bendita tierra. Cruzamos a Colombia a la vista de las fieras del régimen que nos miraban a la espera que nos negaran el paso. Ya en Colombia, caminamos unos pasos, y nos abrazamos para llorar por la vida y sueños que dejamos atrás.


Gladmar Saverio Vivas @SaverioVivas es dirigente nacional del Movimiento Democracia e Inclusión (MDI) organización que reúne a importantes líderes sociales disidentes de la oposición tradicional y el oficialismo; Es miembro activo de la Resistencia venezolana en sectores populares del oeste de Caracas; Es coordinador general de la Fundación Juventud Sin Drogas (JUSINDROG) con más de 20 años de trabajo social en los barrios de Caracas; Fundador de la organización Movimiento Ciudadanos Venezuela (CIU) adscrita a MDI; Es coordinador de FundaREDES en el Norte de Santander de Colombia; Colaborador en Colombia de numerosas otras organizaciones de trabajo social por los migrantes, refugiados, y desplazados venezolanos en el extranjero; Activista por la defensa de los derechos de los refugiados; Profesional con tres títulos universitarios; Y un venezolano enamorado de Colombia.

* Punto de Corte no se hace responsable de las las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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1 comentario

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