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(Opinión) Las tragedias del movimiento estudiantil venezolano. Por Erick Camargo

Por Erick Camargo
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Erick Camargo

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Caracas, 3 de septiembre de 2018.

Por: Erick  Daniel Camargo*

@EDCG_RED

Es evidente para todos que el Movimiento Estudiantil pasa por una grave crisis, igual que el país entero. Esta crisis creó yo, se debe a dos grandes causas. La primera, es la enorme desesperanza y frustración que abunda en nuestros estudiantes universitarios, los cuales sólo tienen como meta terminar sus estudios lo más pronto posible, y luego emigrar, tratando de zafarse de las problemáticas del país. La segunda causa, es la incapacidad de la dirigencia estudiantil para motivar, generar esperanza, guiar y diseñar metas alternativas, para nuestros estudiantes.

Ahora, hoy me quiero concentrar en la segunda.

Esta incapacidad de nuestra dirigencia tiene muchas razones y aristas desde donde podemos abordar su origen. Yo prefiero referirme a estas como grandes tragedias.

Primero que nada, es importante resaltar la profunda división que imperó por mucho tiempo entre los estudiantes, pudiendo ser esta la razón nuclear. Un grupo era afecto al gobierno de Hugo Chávez, y otros opositores. Ya esto generó una importante fractura en la dirigencia estudiantil, y en consecuencia, en las afiliaciones políticas o gremiales de los estudiantes.

Los movimientos estudiantiles perdieron el norte reivindicativo en líneas generales, y se concentraron en la lucha política. No había unidad al buscar objetivos comunes del estudiantado, sino que se polarizó a tal punto, que no importando lo beneficiosa o legítima de alguna lucha o reivindicación, se reaccionaba en contra si esta provenía del bando político contrario. “Eso lo proponen los chavistas”, “esos escuálidos están pidiendo tal cosa”. De esta forma la lucha estudiantil se desdibujó.

La polarización radicalizó posiciones, puntos de vista, y hasta la manera en que la dirigencia se conformaba. Ya no imperaba como en antaño la formación política para ser dirigente, sino el nivel reaccionario que se pudiese tener. Entre más antichavista, o entre más chavista, se fuese, mejor militante eras. Entre más leal eras al partido, al líder político, más oportunidades tenías de ser financiado y por ende, ser un dirigente “de renombre”.

Muy pronto el movimiento estudiantil bajó su nivel de forma atroz. Las viejas rencillas políticas de quienes habían sido líderes estudiantiles, y ahora eran líderes políticos nacionales, se reflejaron en la universidad también. El oportunismo prevaleció.

Esa erosión en la capacidad de generar ideas, propuestas y una lucha verdaderamente reivindicativa, alejó aún más a las masas estudiantiles. Se habló incluso de una generación dormida políticamente.

En 2007, en reacción al cierre del canal de televisión más visto en el país, ante el despertar del sopor que la droga televisiva causaba, se dieron las condiciones para que un grupo de dirigentes estudiantiles lograran una movilización importante. También ayudó la fractura del chavismo dentro de la universidad, que permitió un movimiento de unidad opositora generase enormes expectativas, tanto en los estudiantes como en la población contraria al gobierno.

Sin embargo aquí se sucedieron otras grandes tragedias. El movimiento estudiantil, entre la no violencia y el tirar piedras a policías, olvidó hacer lo más importante, vincularse con la sociedad. Existieron importantes intentos, no lo voy a negar, pero no fueron parte esencial de la agenda. Los objetivos eran políticos totalmente, de la defensa a la libertad de expresión (con sus matices hacia la defensa del canal), pasó al rechazo de la propuesta de reforma constitucional.

Esta movilización no se aprovechó para penetrar en las comunidades, no se pensó en la situación de la educación y de las universidades, no se plantearon propuestas reivindicativas a nivel educativo, estudiantil, pero tampoco reivindicaciones sociales. Se concentró en una lucha contra el poder.

En esa lucha política se consolidó algo que ya venía gestándose, y muy pernicioso para el movimiento estudiantil. Por un lado los dirigentes chavistas sacrificaron su independencia al nuevo partido de gobierno, el PSUV. Por otro lado los dirigentes opositores pactaron con las autoridades universitarias. Ahora por corruptos que fuesen, por terribles las directrices o dictámenes que llevaran a cabo, se prohibió la crítica a esas autoridades, ministros o líderes (dependiendo del bando en que se estuviese). Se volvió al movimiento estudiantil un conglomerado de líderes capados, mudos y serviles a las autoridades del país. Criticando únicamente a las acciones del bando contrario, así fuesen buenas, y callando ante las vilezas del propio.

Además, la dirigencia que venía asumiendo vocerías y cargos de representación, cada vez era menos preparada, menos ética, y con profundas deficiencias. En el chavismo los dirigentes vivían de depredar dineros públicos para campañas y actividades, rápidamente se formaron en símiles de los dirigentes sindicales; gordos, corruptos, en camionetas, con chaquetas y guardaespaldas. Los opositores pedían dinero a sus partidos, con el mismo fin que los chavistas, pero también a empresarios nacionales y extranjeros, muchas “operaciones” políticas se financiaron con dineros de afuera, pero también ayudaron a financiar sus cuentas personales, y cuando perdían los mecanismos de financiamiento, se pasaban de bando, como sucedió con un dirigente estudiantil y diputado reconocido.

La vagabundería y deshonestidad se empoderó de la dirigencia estudiantil.

Ya no importa estudiar, leer, formarse, tener ideas y poder concretarlas, escribir. No hay periódicos estudiantiles, no hay panfletos ni proclamas. Se cambio todo eso por las fiestas, por el alcohol, las drogas, intercambios de parejas, un mundo sórdido se fue creando en torno a los líderes estudiantiles.

Así vemos hoy una dirigencia desconectada de la sociedad, incapaz de movilizar a los estudiantes, sin ideas ni propuestas, interesados sólo en conseguir beneficios partidistas, cargos, dinero y minutos en los medios de comunicación, complaciente ante las autoridades, políticas, universitarias y/o gubernamentales. Muerto totalmente el movimiento estudiantil.

Es imperante que se levante una nueva generación de dirigentes estudiantiles, que tengan como prioridad la formación personal, con capacidad de generar ideas y propuestas, que defiendan los derechos estudiantiles, consientes de sus deberes, que entiendan su rol ante la sociedad y la comunidad universitaria. Y así, posiblemente, veamos un movimiento estudiantil renacido, con capacidad política real de motorizar transformaciones en el país y la propia universidad.

Es un reto grande, y un deber de quienes hoy cursan sus estudios y se plantean un país distinto.

* Dirigente del Movimiento Alternativa 1.

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