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Tropas de un ex-general de Gadafi a punto de tomar Libia

Por Saverio Vivas
Combates en tripoli

Especial Punto de Corte, 22 de abril de 2019. Trípoli, la capital de Libia está sitiada por tropas de un ex-general de Gadafi. Fuerzas contrarias «apoyadas» por la ONU, intentan detener la inminente caída de la capital. Será la última gran batalla entre dos grandes núcleos de poder que gobiernan Libia, tras un fracasado plan de paz de la ONU.

¿Que está pasando en esta república norteafricana? En este reporte, el equipo de punto de corte intentará explicarte lo que ocurre:

Libia es un estado fallido partido en dos, por el caos y una guerra civil desde 2011; cuando la OTAN ayudó a un diverso bloque de grupos rebeldes, a derrocar la dictadura de Muamar al Gadafi (1969-2011). La falta de un liderazgo claro entre los victoriosos, sirvió como caldo de cultivo para el surgimiento de bandas extremistas islámicas que han puesto al país literalmente de cabeza.

La ONU hizo grandes esfuerzos por ayudar a los victoriosos a organizarse y crear una democracia, pero todos ellos fallaron. La situación hizo que Jalifa Haftar (un ex-general del derrocado Gadafi) con el apoyo indirecto de EEUU y otros países; organizara una fuerza militar para tomar el poder. Haftar fue el general preferido de Gadafi, pero fue traicionado por este, cuando lo dejó abandonado en una fallida campaña militar en el fronterizo país de Chad (al sur de Libia). De allí, EEUU lo rescató y le dio asilo en Florida, donde vivió cerca de 20 años.

Al inicio de la rebelión contra Gadafi, el general Haftar volvió a Libia, para apoyar a los rebeldes. Su apoyo no fue aceptado y volvió a EEUU. Pero el caos la victoria, le animó a regresar y organizar su propia milicia.

Poco a poco, a lo largo de los últimos años, el general Haftar ha logrado conquistar mas del 80% del territorio de Libia. A principios de 2019, decidió dar el golpe final contra las fuerzas contrarias. Los contrarios de Haftar, pese a contar con el apoyo «de palabra» de la ONU; no cuentan con real respaldo, por su incapacidad recurrente de estabilizar al país y controlar el integrismo islámico. Haftar se reclama ser el salvador de Libia, y ahora esta a las puertas de Trípoli. Retrasa su asalto final, solo por evitar bajas civiles.

El Gobierno reconocido por la ONU

En un lado del tablero se sitúa el Gobierno sostenido por la ONU y reconocido por la Unión Europea (UE); el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), que lidera el primer ministro, Fayez al Serraj. Esteapenas domina la capital y ciertas áreas en las zonas montañosas del noroeste del país. Creado en 2016 en Túnez, el GNA está sostenido financieramente por la UE, carece de legitimidad democrática y su popularidad es escasa en la capital. Allí no ha logrado normalizar los servicios bancos, como la banca o la electricidad.

Sus principales apoyos externos son Qatar e Italia. Este país europeo, antiguo poder colonia, en 2017 le convirtió en sus principal socio en la lucha contra la inmigración irregular en el Mediterráneo; y con el que ha colaborado estrechamente para la producción de petróleo y combustible en los yacimientos del oeste y el puerto de Melitah; Que ademas están gestionados entre otros por la multinacional italiana ENI.

También ha mantenido estrecha colaboración en operaciones antiterroristas ylucha contra el yihadismo internacional con Estados Unidos; País que, decidió retirar sus tropas y optó por el silencio político al estallar el conflicto bélico en Trípoli.

Hasta ese momento, el GNA era el principal apoyo del nuevo plan de paz propuesto por ONU a Libia, Ghassam Saleme. El acuerdo incluía la convocatoria de una Conferencia Nacional para la Reconciliación prevista para este mes de abril y de elecciones para finales de año. El GNA cuenta, además, con el apoyo militar de la ciudad-estado de Misrata, situada a unos 200 kilómetros al este de la capital; un núcleo de poder autónomo que se declara enemigo del gobierno en el este y al que respalda Turquía. Y de parte de las milicias de Zintán, que se extienden en las montañas próximas a la frontera con Túnez.

Desde que estallara la batalla de Trípoli, recibe el apoyo de las distintas milicias islamistas que se reparten la ciudad. Se han unido para tratar de hacer frente a un enemigo común tras años de pulsos y combates entre ellas.

Las fuerzas orientales (LNA)

Del otro lado del tablero se sitúa el mariscal Jalifa Hafter, tutor del Parlamento exiliado en la ciudad oriental de Tobruk. Ese parlamento es una asamblea salida de las urnas en 2014. Abandonaron la capital después de que el entonces Gobierno islamista asentado en Trípoli se negara a reconocer el resultado electoral. Hafter, un exmiembro de la cúpula militar que aupó al poder a Gadafi durante el golpe de Estado de 1969; dirige el llamado Ejército Nacional Libio (LNA) y es en la actualidad el hombre fuerte del país. Reclutado por la CIA en 1989, Hafter era el principal opositor en el exilio. Regresó al país a través de Egipto en marzo de 2011, escasas semanas después de que estallara la revuelta.

En 2014, ya al frente del LNA, lanzó la denominada «Operación Dignidad» cuyo objetivo no declarado era la conquista de todo el país. En 2017, se hizo con el control de Bengasi y del golfo de Sirte, corazón de la industria petrolera libia. Un año después conquistó Derna, bastión del yihadismo en el norte de Africa. En febrero de 2019 impuso su dominio en las regiones del sur y los yacimientos del oeste del país, esenciales para la economía del pais.

Su avance territorial está vinculado al apoyo logístico, financieros y militar que le proporcionan Egipto, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Rusia. Estos países que han roto en diversas ocasiones el embargo militar impuesto por la ONU a Libia en 2011. Su ascenso político ha sido fomentado por el presidente francés, Enmanuel Macron. Este le invitó a París en contra de la UE dentro de su plan para recuperar la influencia de Francia en el norte de Africa.

El salto final

Hafter emprendió la conquista de Trípoli el pasado 4 de abril, durante la visita a la capital del secretario general de la ONU, Antonio Guterres. Así forzó la cancelación de la Conferencia Nacional y evitar las elecciones, que pretende controlar. De hacerse con la ciudad, se convertiría en el hombre más poderoso del país. Su única oposición quedaría en la ciudad de Misrata y de los grupos yihadistas; que aun se mantienen activos en Libia, en particular unidades del Estado Islámico repartidas por la regiones deserticas del centro del país.

Además, obligaría a una recolección de las fuerzas internacionales y en la gestión de los recursos energéticos, ahora dominados por la italiana ENI. Sería el final de la revolución libia, que al igual que en Egipto simplemente quedaría como el paréntesis sangriento entre dos figuras autoritarias.

Lo que ocurre hoy

El frente sur de Trípoli se mantuvo paralizado tras una noche de intensos bombardeos y combates artilleros en los alrededores de la capital. Ha sido una jornada de calma y reposición de fuerzas, en especial para las tropas del mariscal Jalifa Hafter, que perdieron varios territorios importantes. Retrocedieron ante el empuje de las milicias afines al gobierno impuesto por la ONU en Trípoli.

Una brecha que también corresponde a la división histórica de Libia en tres provincias tradicionales: la Tripolitania (oeste), la Cyrenaica (Este) y Fezzan (sur). Estos son los bandos en conflicto y sus objetivos.

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2 comentarios

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