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(Opinión) Uribe y Fidel. Por Américo Martín

Por Punto de Corte
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Que crezca la audiencia - Américo Martín
Caracas, 12 de agosto de 2020
Por Américo Martín
@AmericoMartin

Unas sorprendentes declaraciones del ex-presidente Álvaro Uribe ponen de manifiesto sus relaciones con Fidel Castro, en muestra de un realismo ejemplar que seguramente llamará la atención. Son dos personajes colocados en las antípodas de la política, casi obligados a combatirse -lo que hubiera sido un espectáculo de circo romano dada la firmeza y tenacidad que adornaban a ambos- y sin embargo, por las revelaciones de Uribe y -me permito agregar-  la delicada política mantenida por los hermanos Castro en relación con Colombia, llegaron a crear un mecanismo funcional de interayuda difícil de sustituir por algún otro.

Valiéndose de García Márquez, uno de los más grandes novelistas de todas las épocas (y digo uno de los más y no el más en honor a Cervantes, el primero y el mejor de todos los hispanoparlantes), Fidel no podía, claro está, utilizar a Vargas Llosa, narrador de su misma estirpe y estatura, por la sólida convicción anticastrista que ostenta el gran novelista oriundo de Arequipa. En cambio, el Gabo le venía como anillo al dedo y por eso siempre cultivó una fluida amistad, quizás no exenta de interés, razón por la cual le encomendó preguntarle al presidente Uribe si estaría interesado en negociar la paz y el desarme con las FARC, hasta aquel momento refractaria a cualquier acercamiento con un gobierno colombiano. Esa renuencia engarzada en las expectativas de victoria, a la manera de Fidel y los sandinistas, que los guerrilleros dirigidos por Manuel Marulanda, creían cercana, indujo a las FARC a no aceptar esas negociaciones, salvo para aprovisionarse, armarse, adiestrarse y ganar tiempo con el fin de lanzarse al asalto final. Vale decir, para engañar al adversario.

El gran viraje de las FARC comenzará después de la demoledora Operación Jaque, que les propinará el  presidente Uribe, seguida de una cadena de victorias que alejaron para siempre la esperanza farista de repetir la historia de Fidel. El sucesor de Marulanda, Guillermo León Sáenz -alias Alfonso Cano-, al ordenar el repliegue a  la primitiva forma guerrillera de pequeñas unidades en movilidad constante que ya no guardaban amplios territorios propios de una guerra regular, daba el paso previo a las inevitables negociaciones. Imposible alcanzar el poder sin un ejército regular, imposible hacerlo solo con guerrillas. Pero no por eso Uribe y su ministro de defensa, Juan Manuel Santos, atenuaron la ofensiva. Cayeron Cano, el Mono Jojoy y Reyes. Las Farc nunca volvieron a ser como antes.

El canal creado entre Uribe y Fidel sirvió a propósitos útiles y condujo a los tenaces rivales a la mesa de negociación, no cualquier mesa, dado que en ella se sentaron los representantes principales de ambos polos.

Sin duda, tal como señala Uribe, Fidel valoró altamente su relación con el ex-presidente colombiano y éste encontró en la influencia seductora de Fidel sobre los comandantes guerrilleros, un eslabón para el triunfo de su política en un área muy complicada. Así son las reglas de la política como ciencia y como arte, al igual que Churchill, Roosevelt, Kissinger, Nixon, Walesa y la concertación chilena, los demócratas que van al logro y no solo al gesto, saben que si hay que sentarse con el diablo, para derrotar al más peligroso de los enemigos comunes, un verdadero estadista lo hace. Por cierto, fue ese humorista cáustico, el gran líder británico, quien citó al diablo primero que yo, para explicar los acercamientos a ese otro diablo que fue Stalin, dijo “si el diablo criticara a Hitler, estoy seguro que yo encontraría algunas palabras amables que decirle en la cámara de los comunes”

Una última observación que me permito dirigirle a Álvaro Uribe, con quien por cierto compartí ponencias a finales del año 2000 en la  Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, en Madrid. Allí nos conocimos, pero antes de mencionar algo importante que en esa ocasión hablamos, debo decirle que el interés de Fidel, más que en un presidente colombiano, especialmente exitoso como Uribe, se enfocaba en Colombia como un todo, por y no pese a ser un estrecho aliado de EEUU. En el caso del ex-presidente César Gaviria, manipuló a dos comandantes de las FARC para llevarlos a tolerarlo más.

  • Comandante guerrillero 1: Gaviria es un hombre muy desprestigiado políticamente.
  • Fidel: fue prestigiándose.
  • Comandante guerrillero 2: él no, su gobierno.
  • Fidel: y logró la Constitución. ¿Fue audaz en eso?
  • Comandante guerrillero 1: muy audaz
  • Fidel: fue audaz.

(Tomado de mi libro La violencia en Colombia. Prólogo de César Gaviria. Libros El Nacional. Caracas. 2010)

Castro quería, de Colombia, un interlocutor inteligente con EEUU y los líderes colombianos preferían a un Fidel extraviado en esas astucias y no envuelto en una guerra como las que sabía provocar.

  • Bueno Américo, ¿y lo conversado con Uribe?

Me dijo, en 2000, en Madrid, cuando aún figuraba en cuarto lugar en las encuestas, que sería presidente de Colombia.

  • ¿Cómo puedes estar tan seguro? -pregunté a mi vez.

Con pasmosa serenidad me explicó cómo superaría a sus cuatro rivales.

Y lo hizo.

Un hombre de esa índole merece la libertad.

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