Caracas 22 de enero de 2019. En la Calle Real de Cotiza la comunidad salió a la calle para respaldar a los militares sublevados. Las mujeres llevaron la voz cantante

En Cotiza amaneció más temprano que de costumbre este lunes 21 de enero. El tiroteo en el Comando de Zona 43 de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) sacó a los vecinos temprano de la cama. Y funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), que –según testimonios recogidos en la zona – se metieron en las viviendas y amenazaron con llevárselos presos si manifestaban, completaron los primeros pasos de un lunes que no sería como todos los lunes en Caracas.

Un grupo de funcionarios de la GNB se sublevó contra el Gobierno en el Comando 43, en la zona centro-norte de Caracas. “Aquí estamos por ustedes”, aseguró en redes sociales el presunto jefe de la acción, el sargento Alexander Bandres.

El FAES entró –entre otras – en la casa de María. Para llegar a su residencia hay que estar dispuesto a perderse en un laberinto de escaleras, ver los montones de basura que parece no haber servicio de aseo que los recoja, tropezarse con jóvenes que no trabajan ni estudian. María, de 37 años de edad, espantada por la presencia del FAES, no se ahorró las recriminaciones al Gobierno: “Queremos que se vaya este perro”, dijo, en referencia al mandatario Nicolás Maduro. Este comentario lo hizo poco antes de las 11:00 am, cuando en varios puntos de Cotiza se desarrollaban manifestaciones en respaldo a los soldados que se rebelaron.

A escasos metros del Comando de la GNB, en la Calle Real de Cotiza, los vecinos también se alzaron para respaldar a los insurrectos. “Nosotros decidimos salir a apoyar, porque si no salimos a apoyar, no vamos a lograr nada. Ya estamos cansados”, resumió Naya, una de las mujeres que este lunes salieron a tocar cacerolas y a pedirles a los otros uniformados que también desobedecieran órdenes superiores.

Fueron justamente las mujeres las que llevaron en buena medida la voz cantante en esta manifestación a favor de la sublevación militar. No solo sonaron las ollas, sino que también, ya cerca del mediodía, intentaron acercarse al Comando para pedirles a los otros funcionarios –los que les lanzaron gases durante toda la mañana – que insurgieran contra el Gobierno. “Quiero que mis hijos tengan un mejor país. Por eso estamos aquí”, reafirmó una de las señoras, que intentó aproximarse a la sede militar, sin éxito. La respuesta que recibió fue una nueva tanda de perdigones y gases lacrimógenos.

“Yo salí porque sentí la necesidad de salir. Los pies me picaban. Nos lanzaron gases lacrimógenos aunque era una protesta pacífica”, narró Luisa, otra de las manifestantes que se mantuvo en la Calle Real a la espera de que algo más sucediera. “Ellos (los militares) necesitan más pueblo”, agregó.

En la Calle Real los vecinos atravesaron dos contenedores de basura, lanzaron desperdicios y se apertrecharon con piedras para enviar un doble mensaje a “los de verde”: “Queremos que todos se le alcen a Maduro”. Sin embargo, no reclamaron “muerte” para los integrantes del Gabinete: “Le pedimos a Maduro que renuncie, que se vaya en paz. Que se hagan elecciones y podamos votar con otro CNE”, expresó Orlando, uno de los manifestantes.

La acción militar presuntamente dirigida por Bandres se encontró con una comunidad harta de las fallas en los servicios públicos y con la paciencia agotada: “El agua está mal, el gas está mal, el transporte está mal, todo está mal”, enumeró una vecina. No parece casualidad que las mujeres hayan llevado la voz cantante: ellas tienen que cocinar sin gas, lavar sin agua, desplazarse sin transporte público, ver a los hijos migrar, cocinar lentejas todos los días con la esperanza de que sepan a todo lo otro que no pueden comer porque es muy costoso.

Si algo queda claro es que un profundo descontento salió a las calles de Cotiza, alentado por el mensaje de los militares. “Pa’fuera Maduro, coño’e tu madre”, gritaron algunos de los muchachos que, con capuchas y sin ellas, se enfrentaron a funcionarios de la GNB durante toda la mañana de este lunes 21 de enero. Uno de ellos, con la cara tapada, aseguró que no quiere irse del país, y que salir a la calle a apoyar a los militares insurrectos era mejor que quedarse de brazos cruzados.

Otra muchacha explicó que tenía que protestar en la calle porque su abuela murió el año pasado por falta de medicinas y ella no podía permitir que falleciera alguien más.

“En tiempos de Jesucristo había milagros. Hoy tiene que haber un despertar”, comentó José, vecino del sector que decidió sumarse a la manifestación.

Pero los insurrectos se entregaron, los otros militares no se alzaron y los residentes de Cotiza que avalaron la sublevación se encontraron con que llegó el mediodía y nada cambió. El deseo de Belinda, no obstante, siguió siendo el mismo: “Que a Maduro lo metan preso y que pase por lo que tenemos que pasar nosotros”. Y una petición muy concreta: “Que también tenga que comer hamburguesas de lentejas”.

Equipo de prensa de Puntodecorte

Foto referencial

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