Caracas, 25 de agosto de 2019.

Por: Froilán Barrios*

@froilanbarriosf

Irónicamente quienes dirigen el país luego de 20 años de gestión se ungieron como redentores de los trabajadores, siendo en realidad sus sepultureros, de hecho, la CRBV consagró en 1999 un amplio articulado en reconocimiento a los derechos laborales, que a la postre quedaron solo en eso, en enunciados violentados en forma contumaz tanto por el prócer de Sabaneta, como por su pupilo el presidente obrero quien lo superó en grado superlativo.

Las felonías contra los trabajadores y el movimiento sindical y gremial no tardaron mucho en manifestarse, inicialmente en los paros cívico laborales de 2002 y 2003 al despedir a más de 23.000 trabajadores petroleros, a gerentes, empleados y obreros sin pago alguno de prestaciones sociales, imponiendo un apartheid contra estos trabajadores prohibiéndoles el derecho al trabajo a nivel nacional e internacional, y luego en 2004 se refrendó esta política fascista con el Referéndum Revocatorio Presidencial, al despedir a más de 10.000 trabajadores en el sector público por firmar la solicitud de revocarle el mandato, instaurando con la Lista Tascón una cacería de brujas inspirada en la Inquisición medieval.

Nicolás no perdió tiempo y profundizó desde 2013 la faena de destrucción del mundo del trabajo,  intensificada el 19 de agosto de 2018, con su pomposo “Programa de recuperación de la estabilidad monetaria, fiscal, de la estabilidad del sistema de precios, recuperación de la senda de la producción y del crecimiento sostenido, sustentable de las fuerzas productivas, con el que se recuperaría el poder adquisitivo”, implantando la reconversión monetaria del pulverizado bolívar fuerte al bolívar soberano, estableciendo un salario de 1800 bs, anclado al valor del petro.

Vendió una vez más espejismos a los trabajadores, al anunciar que el salario mínimo equivaldría a medio petro es decir 30 dólares, que evolucionaría acorde con las condiciones del mercado y a la rentabilidad petrolera. En las primeras de cambio en septiembre 2018 generó ilusiones, que fueron trastocadas con la realidad del mercado, al reconvertirse las prestaciones sociales recibidas por los trabajadores del sector público y privado en polvo cósmico, al trocarse 25 y 30 años de trabajo en cantidades irrisorias sin ningún poder adquisitivo con el nuevo bolívar soberano.

Peores suertes corrieron los contratos colectivos de empresas privadas, de empresas del estado y de la administración pública nacional y descentralizada, ya que el cambio al nuevo cono monetario aplanó todas las escalas salariales, colocando al salario mínimo de 1800 bs, en el salario de referencia del mercado, al establecer los topes entre el nivel mínimo y máximo de la escala, de 1 a 3 salarios mínimos.

Del resto se encargó la inflación de 7 dígitos, a lo largo de un año el Programa económico de Maduro resultó un fiasco y un rotundo fracaso, ya que ni estabilizó el sistema de precios, ni aumentó la producción, ni estableció un equilibrio fiscal, por el contrario, pulverizó el salario, degeneró in extremis las condiciones de vida de la población ante la caída brutal de los servicios públicos, incentivó la estampida de millones de venezolanos y la pobreza de alrededor de 85% de los habitantes de este país. Es tal la saña del mandatario proletario que agregó a la miseria popular el aumento del impuesto IVA a los alimentos del 12% al 16%.

En resumen, los datos son lapidarios, hoy el salario mínimo de mantenerse la misma relación con el medio petro equivalente a 30 dólares, debería ser 480.000 bs, el resultado de multiplicarlo por la cotización actual del dólar paralelo, que comparado con la risible cantidad de 40.000 bs. salario mínimo actual y el monto de la canasta alimentaria según la cámara de comercio de Maracaibo de 3.300.000 bs, desenmascara a tan solo un año la estafa del gobernante más repudiado de nuestra historia, por haber arruinado a un país y su gente.

El caradurismo del “presidente obrero” pretenderá justificar la peor gestión de cualquier mandatario de nuestra historia republicana, con los rayados argumentos del bloqueo y las sanciones imperiales, cuando lo cierto del caso es que su paquete de muerte y destrucción convirtió a Venezuela en una tierra de zombis, de famélicos y depauperados, cuya única esperanza es irse del país antes de que éste se hunda en su totalidad.

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