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(Opinión) Verdades. Por Américo Martín

Por Punto de Corte
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Que crezca la audiencia - Américo Martín
Caracas, 12 de febrero de 2020.
Por Américo Martín
@AmericoMartin

Felipe González declaró que  el sistema  reinante en Venezuela estaba “desecho” después de hundir al país en la más sombría de las tragedias. A su vez el Dip. José Guerra afirmó  que del Banco Central de Venezuela solo queda el edificio, unos escritorios y sillas; desde el año 2013 no da a conocer los lineamientos de política monetaria, perdió el rumbo en materia de lucha contra la inflación y su mejor arma es esconder y manipular las cifras.

Dejaré de lado ese justificado hábito y resaltaré  hechos y cifras que por sí solas explican las dimensiones del rechazo al socialismo S. XXI.

  • La Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI) apunta a un nivel de pobreza de 48% por diversos factores y 94% por ingresos.
  • Ningún hospital de Venezuela está preparado para atender epidemia alguna. La malaria, pasó de 36.000 casos en 2009 a más de 400.000 en 2017; el sarampión ha trascendido fronteras y se sospecha de más de 10.000 casos en Brasil de procedencia venezolana; la tasa de incidencia de la tuberculosis en 2017 (32,4 cada 100.000) fue la mayor que hayamos tenido en 40 años.

Por suerte el país no registra todavía la presencia del coronavirus para lo cual, repito,  nuestra red hospitalaria está en las peores condiciones.

  • Las estadísticas oficiales más recientes del Ministerio de Salud de Venezuela indican que en 2016 la mortalidad materna aumentó un 65 % y la mortalidad infantil creció un 30 % en apenas un año.
  • La ENCOVI 2018 concluyó que el 80 % de los hogares venezolanos está en situación de inseguridad alimentaria, lo que implica que no cuentan con una fuente segura de alimentos, y que las personas perdieron un promedio de 11 kilos durante 2017. Cáritas Venezuela informó que la desnutrición aguda entre niños y niñas de menos de cinco años aumentó del 10 % en febrero de 2017 al 17 % en marzo de 2018.
  • El porcentaje de la población escolarizada se derrumbó. El Estado declaró que tenía 51,6 % venezolanos escolarizados y en 2016 bajó a 33,9%. Según cifras oficiales en sólo siete meses de 2017, se redujo la matrícula en 251.180 estudiantes. ¡35.000 cada mes!

Esta pequeña muestra del sombrío drama de Venezuela explica las dimensiones de la diáspora, que dadas sus bíblicas proporciones convendría denominarlo éxodo. Es la consecuencia de una honda catástrofe que se expande por toda la región, tan generosa con Venezuela.

Las mencionadas cifras revelan cuán endeble es la excusa utilizada por el régimen para evadir su autoría. Las sanciones, por ejemplo, que se iniciaron en 2017 no pueden ser las culpables de una tragedia que estalló en  2014.  Semejante manipulación es reveladora  de la carencia oficialista de argumentos válidos.

¿Cómo afecta este panorama borrascoso el ánimo de los venezolanos?

La palabra que lo define es desesperanza. Refiriéndose a los latinoamericanos, César Vallejo escribió: “nuestro caso radica en una escalofriante desolación”.

Tal afección espiritual incide en la profusión de propuestas basadas en la pasión y no en la razón. Deduzco que la fórmula perfecta para dirigir en tiempos de turbulencia es disponer de un corazón ardiente y de un cerebro frío y sereno.

Tres son los posibles desenlaces: uno, llevarlo todo a la fuerza de las armas en manos de todos los países que se han solidarizado con Venezuela; dos, esperar que el proceso de desmoralización y crisis en la Fuerza Armada conduzca a una presión uniformada crítica (no es casual que el número de presos políticos civiles y militares se haya emparejado) y tres, las elecciones generales con un árbitro confiable y una eficaz y amplia observación internacional. Elecciones libres, libérrimas para recuperar la democracia y la libertad.

Por muy versátil que sea la política del cambio democrático en la peligrosa situación del país su curso y objetivo principales deben ser las elecciones y la promoción del voto, independientemente de lo que más allá de nuestros deseos ocurra. Es sin duda la esperanza que explícita o implícitamente sustenta la solidaridad mundial. Se trata de presionar una y mil veces al sistema oficialista para que entienda que aferrarse al poder sería inaceptable como lamentables sus consecuencias.

La guerra no puede ser deseable, mucho menos para un país que ha sufrido tanto como el nuestro. La unidad, siempre la unidad, al final podrá lograr el cambio democrático sin derramar ni una gota más de sangre.

* Escritor y abogado

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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