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(Opinión) Vladimir Villegas: ¡La política y el terror! Por Edgar Perdomo Arzola

Por Punto de Corte
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Vladimir Villegas Globovisión Maduro
Caracas, 31 de mayo de 2020.
Por: Edgar Perdomo Arzola.

“En el gobierno reina el terror, y no hay cosa tan cruel como el miedo, cuando tiene el miedo las armas en la mano”. Rafael Barret.

Vladimir a la 1 salió del aire en Globovisión por presiones del gobierno de Maduro según manifestó. El periodista Vladimir Villegas, quien no ofreció muchos detalles sobre lo ocurrido, agradeció a su audiencia por acompañarlo durante siete años. “Estimados amigos. Lamento anunciar que Vladimir a la 1 no va más al aire por Globovisión. El gobierno de Nicolás Maduro presionó por mi salida. Ya hablaré ampliamente al respecto a través de mis redes sociales. Mi agradecimiento a la audiencia por acompañarme durante siete años”, indicó el periodista en su cuenta de Twitter.

Vladimir a la 1, uno de los pocos programas que por años hizo críticas al régimen de Maduro, sale del aire justo una semana después de que la multinacional AT&T anunció el cierre de las operaciones de Directv en Venezuela por no poder transmitir la señal de dos canales, Globovisión y Pdvsa TV, debido a las sanciones de Estados Unidos. Fin de la cita.

Al igual que Hitler, Stalin fue asesino. Eliminó el mismo número de personas que el jerarca nazi, y con métodos parecidos. Ni el bolchevique más ferviente estaba seguro a su lado.

Con la salida del aire de Vladimir a la 1 recordé  la muerte de Hitler, ocurrida hace más de 70 años. Hoy toca recordar con la salida de este programa, el otro personaje que compartió con Hitler el dominio del tablero europeo,  y que, tras derrotarle en “la Gran Guerra Patria”, disfrutaba en esos mismos días de su momento de máxima gloria. Me refiero a Iósif (José) Stalin.

Los fusilamientos, y los campos de concentración; con la diferencia de que en los de Stalin los prisioneros no eran inmolados en cámaras de gas al poco de llegar sino que, tras una supervivencia media de cinco años, morían a causa de los trabajos forzados, el frío o el hambre. El número de reclusos de los “campos de trabajo correctivos” (Gulag) superó los diez millones, y los muertos los dos millones. Aquellos campos fueron creados para los antiguos aristócratas, los kulaks, los campesinos  opuestos a la colectivización, el clero ortodoxo  y, sobre todo, los disidentes políticos. Sobre estos últimos, solo en las “grandes purgas” de 1936-1938,  hubo 1,3 millones de detenidos, de los que unos 700.000 terminaron ejecutados. En total, los fusilados bajo Stalin ascienden a un millón, como mínimo, que se eleva a cuatro si se añaden los muertos en campos de trabajo, y en deportaciones masivas de población. Según datos aportados por algunos historiadores.

La vida de Stalin no superó a la de Hitler en ningún sentido. Huérfano de padre, tuvo siempre mala relación con su madre y no asistió a su entierro; hay serias sospechas de suicidio tanto de su segunda mujer como de su único hijo, y cuando le sobrevino el ataque fatal, sus íntimos dejaron pasar las horas sin llamar a un médico; el mismo había denunciado “conspiraciones de médicos”, pero, además, su muerte aliviaba a todos. Su obsesión paranoica es comparable a la del líder nazi, aunque menos racional y previsible. Un alemán conservador, ario por los cuatro costados y respetuoso con el partido tenía altas probabilidades de no ser molestado por los esbirros del Führer. Con Stalin, ni el comunista mas adulador estaba seguro. Al revés, podía ser detenido, torturado, obligado a confesar delitos imaginarios y finalmente ejecutados. Sencillamente, porque  sentía envidia hacia él mismo. Stalin condenó a Trotski por “izquierdista”, a Zinoviev, Kamenev o Bujarin, que le apoyaron en la operación contra Trotski  por “derechistas”, a los jefes de la policía secreta Yagova y Yezhov… Toda la plana mayor bolchevique de 1917-1923, la protagonista del Octubre Rojo, fue eliminada en 1939.

En  ese mismo año, se embarcó en su gran operación política, máxima prueba de su falta de principios morales: se alió con Hitler, su enemigo jurado, para repartirse Polonia.

No vale la pena dar más datos sobre la catadura moral del personaje. Al igual que  su rival nazi, su personalidad es, en definitiva, lo de menos. Lo importante, lo que no deberíamos dejar de preguntarnos nunca, es cómo pudo aquel sistema poner a un monstruo de este calibre a su cabeza.

La primera respuesta que se le ocurre a uno con la brutal represión que se vive en Venezuela en pleno siglo XXI, ahora bajo las faldas del coronavirus, es similar a la del caso alemán: atribuirlo a la tradición rusa; en este caso, al zarismo, tiranía brutal como pocas (aunque su número de víctimas, comparado con el de los bolcheviques, sea cosa de niños). Estar dominados por un déspota caprichoso de quien se esperaba la solución de todos los males sociales era lo habitual para un ruso.

Pero hoy la realidad es distinta en la Venezuela del primer semestre del 2020, con otra respuesta, muy distinta, que creo más interesante: me refiero a la debilidad política de la teoría ‘marxista cubana’, a la falta de precauciones ante los posibles abusos de los nuevos dirigentes de la dictadura del proletariado, un tránsito obligado en el proceso de construcción del paraíso socialista. Fidel Castro, tan penetrante en su crítica social, mostró una sorprendente maldad política al subirse, sin más, al tren jacobino: solo importaba la toma del poder por el poder.

Cuando esto ocurre, ¿muchos se preguntan por qué poner límites al gobierno del pueblo trabajador? No se prevé  algo tan elemental como que los representantes del burocratismo, al disponer del poder absoluto, pueden usarlo en su propio beneficio. No  lo previó Lenin, el verdadero artífice de este sistema. Ni Trotski, uno de sus colaboradores más crueles, que sólo comenzó a criticarlo cuando fue desplazado del poder. Stalin no hizo sino perfeccionar el modelo montado por Lenin y Trotski.

Mucho más pesimistas, y más lúcidos, los padres del constitucionalismo europeo y americano dieron por supuesto que el estalinismo tiende a aprovecharse del poder, cuando lo tiene en sus manos. Y a partir de ahí montar los mecanismos del reparto de los poderes, controles y contrapesos, que ponen las máximas trabas posibles a los abusos.  Caso reciente de la sentencia del TSJ sobre la AN. El sistema venezolano está lejos de ser perfecto, pero esta funcionado como las dictaduras en nombre del pueblo o del mal llamado proletariado. 

Alguna moraleja podríamos sacar hoy. Los políticos como Vladimir Villegas que proceden de la tradición comunista, y no se han desprendido suficientemente de su pasado estalinista, la están pagando. Porque son muy pocos los venezolanos actuales que quieren vivir como los ciudadanos cubanos con 62 años de miseria a cuestas.

Así como la oposición falsaria, y prostibularia venezolana está condenando al pueblo venezolana a la miseria, desde hace años, por su alianza con la desgracia nacional. Guaidó se cree víctima de un “chavismo agresivo”, sin comprender que la ciudadanía venezolana desconfía, con razón, de que, si ellos recuperaran el poder, nos volvieran a erigir piras para inmolar a quienes no comulguen al cien por cien con su ideario falsario. Y tampoco debe atribuirse aquello a la retorcida personalidad de un Torquemada, sino a un sistema totalitario de pensamiento, y de poder. Instituciones con este pasado sucio no recuperarán nuestra confianza hasta que no abjuren solemnemente de este esquema mental y garanticen, de manera creíble, que jamás volveremos a vivir esta tragedia. Por eso Vladimir Villegas cuando más conozco a la gente, más quiero a mi perro.

Correo electrónico: Percasita11@yahoo.es

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