Caracas, 29 de julio de 2019.

Por: Enrique Ochoa Antich *

@eochoa_antich

Una vasta porción del país dice en todas las encuestas que rechaza por igual al gobierno y a la oposición. Es un tercer sector social aún sin representación política, hastiado del pleito sin resultados, urgido de soluciones para sus penurias, que quiere pasar la página de 20 años de chavismo y antichavismo y mirar al futuro con nuevo espíritu. Son venezolanos que quieren que Maduro se vaya ayer pero a los que el _cómo_ y el _para qué_ les importa. Que rechazan con todas sus fuerzas al peor gobierno de toda nuestra historia pero no por eso caen de hinojos a las puertas del Departamento de Estado rogando sanciones e invasiones.

Quieren voto, diálogo, paz, soberanía, y no tientan el oscuro fantasma de una guerra civil. Que no quieren apelar ni a gringos ni a rusos, ni a colombianos ni a cubiches, pues saben que los problemas de Venezuela deben ser resueltos por lo venezolanos.

Ese tercer sector es una creación histórica de 20 años de errores cometidos tanto desde el gobierno como desde la oposición. Es una fuerza objetiva que está allí y que de tener la vocería coherente que reclama, podría convertirse en una alternativa (más que oposición) con suficiente capacidad como para enderezar el entuerto histórico en que maduristas y oposicionistas están convirtiendo al país. Para superar a los dos polos, por partido/Estado que sea uno y por EEUU que soporte al otro. Para aislar a los dos extremos, el que quiere perpetuarse en el gobierno y el que desde la directiva de la AN nos invita a un «vale todo» inaceptable. 

Se requiere la audacia y el coraje de un doble deslinde. Es lo que no entienden los contemporizadores del extremismo opositor, esos que para justificarse inventan una supuesta distinción entre radicales y extremistas, que perdonan abusos intolerables como eso que el principal vocero de la AN ha dicho acerca de que los venezolanos no le tememos a una guerra civil (¿sabrá lo que dice?) o de que la opción de una intervención militar extranjera con el costo de vidas y de destrucción que sea está sobre la mesa. Sin deslinde con todo el extremismo, el duro de María Corina y el enmascarado del presidente de la AN y PJ-VP, no es posible lograr la unidad nacional que se necesita para reconstruir al país.

Varios actores están convocados a la construcción de esa fuerza subjetiva que necesita aquel tercer sector para dotarse de voz, direccionalidad, eficacia. Son dos afluentes claros: el de la disidencia de la oposición clásica (exMUD, vamos a decir) y el de la disidencia chavista del madurismo. Hablamos de organizaciones como COPEI, el MAS, Soluciones, Avanzada Progresista, Redes, Cambiemos, la Plataforma de Defensa de la Constitución, Movimiento Ecológico, De frente con Venezuela, MPA, BR, Los Comunes, y otras. Se requeriría la audacia de dar un paso en la dirección de integrarse, en un movimiento de movimientos, en una alianza de factores políticos y sociales autónomos comprometidos alrededor de un programa mínimo común limitado en el tiempo, algo como lo que es el Frente Amplio uruguayo cuyos Estatutos merecen a los efectos ser leídos con atención. Es decir, construir la 3a opción que el país está demandando.

De lo contrario, todos quienes estamos allí, en ese centro político, veremos pasar de largo el autobús de la historia. Y a Venezuela jugarse su destino en una confrontación fratricida sin destino.

En mi biblioteca, atesoré por años sin leerlos, los dos tomos de _La guerra civil española_ de Hugh Thomas. Finalmente me adentré en sus páginas, tal vez en la ocasión más propicia. Es una obra formidable. Descubre uno parentescos con este clima político nuestro secuestrado por los extremos: anarquistas y falangistas que apelando a chantajes morales de todo tipo terminaron por radicalizar a quienes debieron mantener la cordura y la unión nacional, la derecha liberal democrática y la izquierda democrática socialista, dejando en débil soledad al centro republicano. No fue posible ni la cordura ni la unión ni el centro y España se desbarrancó en una atroz orgía de sangre y muerte. 

Cuenta Thomas en el primer párrafo del capítulo 9: _De vez en cuando, surgían hombres aislados que intentaban en vano detener el terrible y, al parecer, irreversible proceso. Pero les faltaba la energía, la suerte, la confianza en sí mismos, y quizá la magnanimidad necesaria para conseguir buen éxito_. Ojalá no sea éste nuestro caso.

(*)  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo (MAS). Miembro de la Concertación por el Cambio.

* Punto de Corte no se hace responsable de las las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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